Ante el cambio climático

aguas protegidasCuba fue de los primeros países que elevó el tema ambiental al rango constitucional, con vistas a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada hace 16 años en Río de Janeiro. En esa cumbre, el presidente Fidel Castro pronunció un discurso en el que expuso: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre… Las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente…”. Ese día también la Mayor de las Antillas asumió el compromiso plasmado en la Convención de Cambio Climático y, ulteriormente, en el Protocolo de Kyoto.

Sin embargo, desde esa memorable reunión casi nada se ha hecho en el mundo relacionado con esta acuciante situación que se ha tornado mucho más grave y peligrosa. Prueba de ello es que la última década, según especialistas, ha sido la más calurosa; se retraen los glaciares; sube el nivel del mar y aumenta, además, la frecuencia e intensidad de los ciclones.

La pérdida de la biodiversidad se incrementará como consecuencia del cambio climático; el impacto humano reflejado en el uso intenso de los suelos fértiles; la destrucción asociada de hábitats naturales o seminaturales; la introducción de especies invasoras, y los efectos directos de tratamientos químicos y mecánicos sobre la reproducción, dominio y supervivencia, entre otros factores.

El futuro se avizora peor: un 30 por ciento de las especies desaparecerá si la temperatura global se incrementa entre 1,5 y 2,5 grados centígrados, a la vez que pequeños estados insulares corren el riesgo de desaparecer bajo las aguas.

Para enfrentar el peligro, internacionalmente se acordaron dos estrategias fundamentales: la reducción y absorción de las emisiones de gases; y la concreción de acciones para disminuir su vulnerabilidad ante los impactos del cambio climático.

Todos los países del orbe tienen responsabilidades comunes ante tan grave problema, pero son diferentes desde todo punto de vista, en especial, si no se modifican los actuales patrones de producción y consumo insostenibles de las naciones ricas. A tal extremo, que ese grupo de países es responsable del 76 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero acumuladas desde 1850; ejemplo de ello es Estados Unidos, donde se reportaron más de un 20 por ciento de ellas entre 1990 y 2003.

El problema no se resolverá tampoco (¡ni en sueños!), tratando de convertir los alimentos en combustibles, como enarbola la siniestra filosofía del presidente Bush. Hay que lograr reducciones reales en las fuentes de emisión; emprender una verdadera revolución energética, orientada hacia el ahorro y la eficiencia, como la está haciendo Cuba en estos momentos pese al criminal bloqueo que sufre desde hace ya casi medio siglo. Mucha voluntad política se necesita para dar esta batalla, y la experiencia cubana es prueba contundente de ello.

La lucha contra el cambio climático tiene que ser compatible con el desarrollo sostenible de las naciones pobres o subdesarrolladas —las que, en definitiva, muy poco han contribuido al calentamiento global—, al ser las más vulnerables y amenazadas. Y lo más importante: para aplicar políticas certeras necesitan acceso irrestricto a tecnologías limpias y a un gran financiamiento.

A todo esto habría que agregar que la mayor responsabilidad la tiene, sin lugar a dudas, Estados Unidos, el país que más derrocha, más contamina, más dinero y tecnologías posee y que, al mismo tiempo, se niega a ratificar el Protocolo de Kyoto.

Si para la lucha contra el cambio climático se dedicara la mitad del presupuesto que anualmente las naciones subdesarrolladas deben pagar por el servicio oneroso de su deuda externa (que no deja de crecer), se dispondrían de más de 200 mil millones de dólares anuales. Otra alternativa sería que Washington dedicara la décima parte de sus gastos de guerra y armamentos para tales efectos. Si esto llegara a suceder la humanidad tendría disponibles otros 50 mil millones de dólares.

Como de todos es conocido, si a esto se suma la poca voluntad de un grupo de gobiernos —en especial el de Estados Unidos, el país más contaminante del mundo—, la crisis ambiental está desafortunadamente aún muy lejos, pero muy lejos, de solucionarse, sobre todo por falta de voluntad y cordura.

 ¿QUÉ ESTÁ HACIENDO CUBA?                   

En la Mayor de las Antillas existe la Estrategia Ambiental Nacional, la Estrategia Nacional para la Diversidad Biológica y el Plan de Acción Nacional, que incluyen acciones específicas encaminadas a la conservación y utilización sostenible de los componentes de la agrobiodiversidad, entre ellas la forestal.

Informes de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ubican a Cuba, Uruguay, Chile y Costa Rica, como los únicos estados de América Latina y el Caribe que ven crecer su patrimonio forestal.

Para la recuperación de los bosques —que al triunfo de la Revolución, en enero de 1959, abarcaban tan solo un área del 13,4 por ciento de la superficie del país— se realiza un amplio programa de reforestación.

En la actualidad, el 24,95 por ciento del suelo cubano está cubierto de bosques, lo que equivale a dos millones 700 mil hectáreas.

La reforestación se realiza a partir de especies y objetivos, pues existen sembradíos o cultivos especializados dedicados a proteger las llamadas fajas hidrorreguladoras. Otras áreas se dedican al desarrollo de especies autóctonas y comerciales, a la vez que se les brinda especial interés a aquellas aptas para la retención del carbono, gas propulsor del calentamiento global.

Aspecto prominente es que en Cuba existe un eficiente Sistema de Pronósticos y Avisos de cualquier fenómeno meteorológico peligroso, así como un Sistema de Defensa Civil capaz de preservar la vida de ciudadanos y visitantes. En caso de huracanes, el Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología  emite los llamados Avisos de Ciclón Tropical, desde que el este nace y se desarrolla hasta que se disipa. Estos avisos se hacen más frecuentes a medida que el huracán está más cercano a la isla, lo que contribuye a alertar con suficiente antelación a toda la ciudadanía ante cualquier peligro de fenómeno natural para la toma de medidas de protección.

Científicos de la isla priorizan también el enfrentamiento al cambio climático al ofrecer a la comunidad internacional especialistas, intercambio de experiencias e investigaciones encaminadas a minimizar el impacto, y a revertir esa crisis que pone en peligro a la especie humana. Al mismo tiempo se evalúan anualmente factores de vulnerabilidad como consecuencia de los efectos del cambio climático. Estos son, entre otros, el incremento del número de tormentas tropicales y de huracanes en la región del Caribe, además de la elevación del nivel del mar y de la temperatura.

Cuba cuenta con un Centro Nacional de Biodiversidad  que registra todas las bases de datos nacionales relativas a la diversidad biológica (vegetal, de fauna, de hongos y de algunos microorganismos), además de contar con diversas colecciones biológicas preservadas, entre ellas, el Herbario Nacional, de referencia en la región del Caribe, y las llamadas Colecciones Zoológicas.

En la isla funciona además la Comisión Nacional de Recursos Genéticos, que traza políticas en los temas de recursos fito y zoogenéticos.

En el Informe de la Comisión Nacional de Cuencas Hidrográficas de 2007, se priorizó como problema fundamental la pérdida de la diversidad biológica provocada por la contaminación, la introducción de especies exóticas en los diferentes ecosistemas, la tala, la caza, la pesca furtiva, los incendios forestales y los eventos meteorológicos extremos como los huracanes.

Muchos son los esfuerzos que realizan expertos y científicos cubanos, dirigidos a revertir estas afectaciones en las cuencas hidrográficas.

La Isla dispone de un Sistema de Áreas Protegidas, constituido por 275 unidades, de las cuales 79 se consideran de valor nacional, y 196 de alcance local. Ostenta además siete Regiones Especiales de Desarrollo Sostenible, que son los cuatro macizos montañosos del país (Guaniguanico, Guamuhaya, Sierra Maestra y Nipe-Sagua-Baracoa); la ciénaga de Zapata, y los dos sistemas de cayerías más grandes (Los Canarreos y Sabana-Camagüey).

Entre las áreas protegidas de importancia nacional merecen destacarse los 14 parques nacionales, las reservas ecológicas y las seis Reservas Cubanas de la Biosfera: Guanahacabibes, Sierra del Rosario, Baconao, Cuchillas del Toa, ciénaga de Zapata y Buena Vista.

A todas las acciones anteriores habría que agregar las vinculadas a proyectos culturales que promueven la conservación y el uso sostenible de la Diversidad Biológica y Educación Ambiental, en coordinación con las Direcciones municipales de Educación, Cultura Comunitaria, Centros de Patrimonio y Talleres artísticos.

En la esfera internacional, Cuba trabaja por el logro de sinergias con diferentes Convenciones internacionales vinculadas a temas como Seguridad alimentaria, Biodiversidad, Cambios climáticos y Lucha contra la desertificación y la sequía. A la vez que de forma sostenida y sistemática, eleva su voz en todos los foros internacionales para exigir a las naciones ricas del orbe, adoptar con urgencia una posición y conducta más responsables en lo que respecta al cuidado y preservación del medio ambiente a nivel global.

Mucha voluntad política se necesita para enfrentar esta batalla, y la experiencia cubana es prueba indiscutible.

(Por Astrid Barnet. Tomado de CubAhora) 

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