Preguntas absurdas y expresiones foráneas

Hay tres preguntas que asombran por lo absurdas: Una va dirigida a la persona que se ama: «¿Tú me quieres?»; la otra, al vendedor que nos propone algo: «¿Está bueno?» Por supuesto, la merecedora del primer lugar, es la que escuchamos, en el consultorio médico, a quien espera junto a nosotros y, con su mejor intención, va a recomendarnos un remedio infalible para nuestro padecimiento. Casi siempre comienza diciendo: «¿Usted desea curarse?»

 

Me apena que vayas a tacharme de malagradecida; pero invariablemente me invaden unas ganas locas de contestarle: ¿Puede creer que no tengo el menor empeño en mejorar siquiera? Vine porque me gusta perder la mañana sentada en este banco. Entiéndeme, aprecio muchísimo un consejo guiado por la buena fe; lo que me molesta son las tontas palabras introductorias. Y hablando de eso, ¿te has fijado lo difícil que les resulta ya a muchos, comenzar a hablar sin decir: «A ver». Se oyen a diario diálogos como este: «—¿En cuántos programas de radio has trabajado? —A ver, en tal, tal, y tal». «—¿Qué países has visitado? —A ver, España, México, Canadá». Cada respuesta, cada enumeración, va precedida de ese «a ver», que a alguien, en mala hora, se le ocurrió.

 Hace años, sucedía lo mismo con: «Bien, compañeros». Era el botón de arranque de cuanto discurso se pronunciaba en este país. Sí, muy pocos prescindían de él. Hay quien emplea: «No», por gusto, antes de contestar cualquier pregunta. Y eso, desde tiempos inmemoriales: «—¿Adónde vas? —No, a casa de Mamá». «—¿Qué compraste? —No, unos limones».

Bueno, regresemos al consultorio: Hay quienes dicen: «escultar» por auscultar, «ondas» por sondas, «próstota», «amígdolas», «himpertenso», «celebro» y «diabetis». En lugar de: próstata, amígdalas, hipertenso, cerebro y diabetes. ¿Tú no?, ¿verdad?

Oí: Tenía «una carie». Lo correcto es: Una caries y varias caries; nunca termina en e, siempre lleva s final.

«El médico no contaba con él» es una frase poco culta. Digamos: No esperaba que se salvara.

EXPRESIONES FORÁNEAS

Mi hija Patricia me contó que los mexicanos usan con frecuencia el verbo malmodear. Aunque probablemente a ningún académico se le ha ocurrido proponerlo, me encanta. Significa: ‘tratar de mal modo’. Déjame confesarte que estoy loca por emplearlo, no te asombres si dentro de unos días, ves en estas cosas que escribo: No malmodeemos así el idioma, hablemos mejor.

 

Hay otro verbo, incordiar, que tampoco empleamos en Cuba, y sí en España. Ese —podemos encontrarlo en cualquier diccionario— quiere decir ‘molestar, importunar’, y se conjuga como anunciar. Procede de cor, cordis, corazón, con el prefijo in, que indica negación: Inconforme, que no está conforme; inválido, que no se vale por sí mismo. Debemos ir a la etimología, al origen: Cordial, ¿viste?, procede de cor, cordis, en latín corazón, esfuerzo, ánimo. Esa señora está siempre incordiando (sus relaciones no son cordiales).

En cierta ocasión leí que, luego de muchas entrevistas, se llegó a la conclusión de que cristal y azul eran los vocablos más bellos. ¡Claro está, celebrar la forma de los vocablos, sin tener en cuenta el contenido, suena a superficialidad! Ambos elementos constituyen lo que se llama una unidad dialéctica. No puede existir el uno, sin el otro. Hay una relación muy estrecha entre ambos.

 

Martí decía —cito de memoria—: La palabra águila no consiente detener el vuelo; y Juan Ramón Jiménez escribió: ¡El pozo! … Platero, ¡qué palabra tan honda, tan verdinegra, tan fresca, tan sonora! Parece que es la palabra la que taladra, girando, la tierra oscura, hasta llegar al agua. Así deben mirarse, deben oírse, relacionándolas con su significado.

Por Celima Bernal (Fuente: Juventud Rebelde) 

2 Respuestas a “Preguntas absurdas y expresiones foráneas

  1. Hola.
    Muchas felicidades por tu blog. Leí el tema de hoy y quería agregar otra de esas preguntas absurdas. Pasa casi siempre en la oficina, cuando otro compañero o alguien de afuera necesita pedirte algo, entra y pregunta: ¿Estás muy ocupada? Siempre me sonrío ante esa pregunta porque no quiero ser grosera y entonces me tengo que tragar la respuesta… Es curioso que se utilice esa pregunta porque si estás en el trabajo, pues lo más lógico es que estés ocupada. Casi siempre respondo: «Sí, pero ¿qué se te ofrece?», y entonces la otra persona te dice lo que necesita, sin siquiera darse cuenta de qué fue lo que te preguntó o cómo fue que empezó ella la conversación.
    Saludos desde Costa Rica,
    Hellen

  2. Es común el uso de latiguillos iniciales como prólogo de modo que nos permita elaborar el discurso que proponemos. En España quienes introducen más expresiones de ese jaéz son los políticos para defenderse de sus oyentes. Una de las expresiones que se han convertido en muy socorridas es «evidentemente». Al ser un adverbio largo permite inventar cualquier cosa para continuar el discurso. Saludos José Diego

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