Un árbol por Leoncio Yanes

Por Mariana Pérez Pérez  leoncio yanes

Hoy quisiera sembrar un árbol. Especifico: quisiera sembrar un ciprés, en El Capiro. «No se puede», han dicho. Pero yo sigo deseándolo intensamente. Es una justa razón poética. Leoncio Yanes Pérez, El Cantor del Capiro, vivió amando a la Naturaleza, toda su poesía está impregnada de flores, frutas, árboles, cosechas… Pero también brota de ella la modestia, la sencillez. «Un señor algo viejo, con una humildad enorme», lo calificó el poeta Ricardo Riverón. Y, por tanta humildad, pensó que la historia iba a olvidarlo:

Yo no ganaré la gloria/ de Plácido y Milanés,/ ni sembrarán un ciprés/en honor de mi memoria./  No me guardará la historia/ en sus codiciadas planas;/ pero desde las serranas/ maravillas del Capiro/ gozo brindando al guajiro/ nobles décimas cubanas.

Y siguió plantando la décima, al igual que plantaba árboles en los campos. «La décima es un árbol que siempre está en producción» —dijo— y tenía fundamentos para ello. Para perpetuar su memoria, yo quisiera sembrar un ciprés, mas no en cualquier lugar; quisiera plantarlo en esa colina que él dibujó en su canto como una montaña colosal y maravillosa. ¿Cuántos versos le dedicó? Solamente en el libro Donde canta el tocoloro (sic) conté cuatro décimas y veintiséis referencias. Por supuesto, en toda su vida lo mencionaría cientos de veces, no hay que olvidar que comenzó a participar desde muy joven como repentista en guateques y canturías; pero también escribía décimas, que publicaban los periódicos e imprentas de Cabaiguán, Guayos y Jatibonico. Luego verían la luz en publicaciones de alcance nacional, como La Política Cómica y Zig-Zag, entre otras.

Sería un trabajo enorme contabilizar los versos en que Leoncio Yanes menciona, por ejemplo, la palma o los palmares, la yagruma, la ceiba, el framboyán, la güira, el dagame, el jagüey y otros árboles del monte. Algunos ejemplos bastan para medir su amor por las plantas: Una campiña de flores / de palmas y de yagrumas […] Un dagame arrullador / que derecho se levanta (Poeta guajiro); primoroso el guayacán / que florece en la maleza (Las vegas de Cabaiguán); Y no hay delicia mayor / que sobre la verde alfombra / del campo, gozar la sombra / de un cedro susurrador (Salidas).

Este poeta nació en la finca El Mamey, barrio de Sabana, Camajuaní, el 12 de septiembre de 1908, y falleció en Santa Clara el 7 de abril de  1987. Perteneció a una generación de campesinos que fueron perfeccionándose como poetas gracias a su tenaz autodidactismo, y llegaron a obtener reconocimientos importantes dentro de la literatura cubana, pero sin alejarse de la tradición, y casi nunca de la espinela. Su décima —como una gran parte de la producida por la tradición oral— es deudora del criollismo y del siboneyismo, movimientos del siglo xix que contaron entre sus iniciadores y líderes a Francisco Pobeda (1796-1881) —este, aunque viajó mucho, residió casi toda su vida en Sagua la Grande—; José Fornaris (1827-1890) y Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (Cucalambé) (1829-1862?), el más popular e importante gestor de este movimiento. Leoncio Yanes siempre reconoció su admiración por él  y le dedicó infinidad de composiciones, aunque —dijo—  no lo imitaba porque el Cucalambé «es inimitable».

También conserva Yanes Pérez reminiscencias evidentes de la «Oda a la piña», de Manuel de Zequeira y Arango (1764-1846), y más de la «Silva cubana» (conocida igualmente por «Las frutas de Cuba»), escrita por Manuel Justo de Rubalcava (1769-1805). Y precisamente bajo el título «Las frutas de Cuba»,  en una serie de diez décimas enumerativas, nombra Leoncio treinta elementos frutales, aunque en su celo por nombrarlos todos, incluye al aguacate —Rubalcava también lo hace—, que no se considera una fruta propiamente dicha.

La primera redondilla de la segunda décima expresa: Ninguna fruta extranjera/ es mejor que la cubana,/ incluyendo la manzana,/ la zarzamora y la pera.  A partir de aquí, y empleando como recursos la anáfora y la interrogación, comienza la cadena enumerativa: ¿Quién comerse no quisiera/ un dorado marañón?/ ¿Quién no se come un melón / de Castilla o de Sandía?/ ¿Quién no salta de alegría/ con la pulpa del anón? La última décima concluye: Es de suprema ambrosía,/ es de suma sabrosura;/ reto desde mi llanura/ las riquezas verdaderas/ de las frutas extranjeras/ con una piña madura.

Después de leer estas décimas, he sentido más la compulsión de sembrar un árbol por Leoncio Yanes; y tal vez no un árbol, sino cientos de árboles frutales para devolver al paladar los sabores, ya casi olvidados, que cantaron nuestros poetas durante los siglos xix y xx. «Los poetas repentistas cubanos suelen ser amantes de la décima ‘pictórica’, que trata de plasmar en conceptos o imágenes la belleza natural», expresa Alexis Díaz-Pimienta en su libro Teoría de la improvisación (2001).

Leoncio Yanes, que en su juventud fue repentista, conserva en la escritura ese apego a la vida natural, la descripción de su belleza y de sus bondades, e, incluso, hace llamados a la conciencia de quienes se desentienden de ella o niegan los valores del campo; algunos títulos de sus libros y poemas así lo atestiguan: Donde canta el tocoloro (1963), «Canto al río», «Canto guajiro», «Hablando con el árbol», «Labores campesinas», «Poder de la naturaleza», «Yo soy guajiro», «Bellezas del monte: a una habanera que el campo lo encuentra triste», y tantos otros.

Es un tópico frecuente decir: «ya la humanidad comienza a comprender la necesidad de salvar el planeta» o «la Naturaleza está cobrando al Hombre, con desastres naturales, todo el daño recibido». Los huracanes y tormentas tropicales son por estos días una noticia que aflige… Por tal razón, es ahora cuando esta poesía sincera, donde se plasma, con su decir tradicional, toda la hermosura —real o soñada— de los campos, adquiere nuevos valores.

Estamos en el siglo xxi, los conceptos poéticos han evolucionado; la décima, incluso la repentizada, ha llegado a niveles imprevistos de conceptualización y desconstrucción estructural. No pretendo una vuelta al pasado, pero sí honrar la memoria de nuestro poeta en su primer centenario. Hoy quiero que todos lo recuerden tal como fue: humilde, bondadoso, poseedor de esa sabiduría que inspira la Naturaleza, amigo siempre… Hoy he sembrado por Leoncio Yanes un árbol imaginario, su árbol de la décima; pero no me siento conforme. Quiero sembrar un ciprés, en El Capiro. 

BIBLIOGRAFÍA

1.       CREGO GÓMEZ, ISRAEL S.  Entrevistando a un poeta.  Cubanicay (Santa Clara) 1(1):21-23, 1978.

2.       DÍAZ PIMIENTA, ALEXIS.  Teoría de la improvisación. – La Habana : Ediciones UNIÓN, 2001.

3.       RIVERÓN ROJAS, RICARDO.  Un señor algo viejo, con una humildad enorme. – 13 dic. 2007. – En: Cuba Literaria. – http://www.cubaliteraria.com

4.       YANES PÉREZ, LEONCIO.  Donde canta el tocoloro ; Pról. Samuel Feijóo. – La Habana : Universidad Central de Las Villas : Investigaciones Folklóricas, 1963. –  122 p.

(Tomado del periódico Vanguardia) 

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