Che Comandante, amigo

che

El 8 de octubre pudo ser un día intrascendente hasta 1967. A partir de entonces adquirió una connotación especial, pues precisamente ese día la humanidad perdió a un hombre excepcional: Ernesto Che Guevara. 

Aunque no era cubano de nacimiento, Cuba lo adoptó como uno de sus más ilustres hijos. Y en especial Santa Clara, donde libró la batalla definitiva contra la tiranía batistiana.

Y por ese papel tan significativo que tuvo en nuestra ciudad, se erigió aquí una Plaza de la Revolución que lleva su nombre y un memorial donde reposan sus restos, junto con el de los demás combatientes de la guerrilla boliviana. 

plaza che

Cada día nos sirve de inspiración a los santaclareños para continuar la obra a la que él le dedicó su vida, sin reparar en los sacrificios.

Es imposible circunscribir su influencia al espacio de la Plaza, él está en todas partes: en la lucha cotidiana que libra nuestro pueblo por vencer las dificultades, formar el hombre nuevo del que tanto él habló y construir un mundo mejor; en el esfuerzo diario de todos los revolucionarios que sueñan con la justicia y la equidad. 

Como expresa el poema de nuestro Poeta Nacional, Nicolás Guillén, siempre serás para nosotros Che Comandante, amigo:

No porque hayas caído
tu luz es menos alta.
Un caballo de fuego

sostiene tu escultura guerrillera
entre el viento y las nubes de la Sierra.
No por callado eres silencio.
Y no porque te quemen,
porque te disimulen bajo tierra,
porque te escondan
en cementerios, bosques, páramos,
van a impedir que te encontremos,
Che Comandante,
amigo.

Con sus dientes de júbilo
Norteamérica ríe. Mas de pronto
revuélvese en su lecho
de dólares. Se le cuaja
la risa en una máscara,
y tu gran cuerpo de metal
sube, se disemina
en las guerrillas como tábanos,
y tu ancho nombre herido por soldados
ilumina la noche americana
como una estrella súbita, caída
en medio de una orgía.
Tú lo sabías, Guevara,
pero no lo dijiste por modestia,
por no hablar de ti mismo,
Che Comandante,
amigo.

Estás en todas partes. En el indio
hecho de sueño y cobre. Y en el negro
revuelto en espumosa muchedumbre,
y en el ser petrolero y salitrero,
y en el terrible desamparo
de la banana, y en la gran pampa de las pieles,
y en el azúcar y en la sal y en los cafetos,
tú, móvil estatua de tu sangre como te derribaron,
vivo, como no te querían,
Che Comandante,
amigo.

Cuba te sabe de memoria. Rostro
de barbas que clarean. Y marfil
y aceituna en la piel de santo joven.
Firme la voz que ordena sin mandar,
que manda compañera, ordena amiga,
tierna y dura de jefe camarada.
Te vemos cada día ministro,
cada día soldado, cada día
gente llana y difícil
cada día.
Y puro como un niño
o como un hombre puro,
Che Comandante,
amigo.

Pasas en tu descolorido, roto, agujereado traje de campaña.
El de la selva, como antes
fue el de la Sierra. Semidesnudo
el poderoso pecho de fusil y palabra,
de ardiente vendaval y lenta rosa.
No hay descanso.
¡Salud, Guevara!
O mejor todavía desde el hondón americano:
Espéranos. Partiremos contigo. Queremos
morir para vivir como tú has muerto,
para vivir como tú vives,
Che Comandante,
amigo.
    

Una respuesta a “Che Comandante, amigo

  1. Querida amiga. En Europa el Ché es una figura que a veces se reduce a un póster. Realmente aquí no se conoce como es ni lo que hizo. Se ha dicho tanto bueno y tanto malo,que se ha distorsionado al personaje y al hombre
    Con las figuras públicas, y las personas de la calle, es necesaria una distancia histórica, una perspectiva para poder juzgarles con objetividad.
    Me uno a tus hermosas palabras. Un saludo cordial

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