TV CUBANA (IV) HUMOR: Los fantasmas no pueden vivir del cuento

Por Reinaldo Cedeño Pineda

televisiónDecía Jorge Mañach en su célebre ensayo “Indagación al choteo” que la “vis cómica” es una de esas singularidades que definen al cubano. Y aunque han pasado los años, esa capacidad de reírnos ―incluso de las dificultades propias―, sigue incólume.

Claro, del chiste callejero a la puesta en pantalla, por obvias razones, se recorre un largo trecho. En las últimas semanas, la televisión cubana ha incorporado dos programas: “Donde hay hombre no hay fantasmas” (noche de lunes) y “Vivir del cuento” (tarde dominical).

Estos apuntes continúan la mirada sobre la televisión cubana.

Una colega, Osmaira González, escribió que el humor en “Donde hay hombres no hay fantasmas” se ha vuelto simplón. Es la palabra exacta, porque el humor podrá traernos carcajadas, pero es algo muy serio.

Los personajes están mal diseñados, o parecen construidos con ligereza tal que actores de experiencia no sólo lucen caricaturescos (lo que en materia de humor pudiera ser viable), sino a media máquina, sin cuerda y sin aire. Ni siquiera lo salvan la incombustible Zenia Marabal o Irela Bravo.

El dueto de los fantasmas no funciona: Losada anda cual marinero fuera de borda. Diana Rosa remeda a aquel serial hispano “Aladina”, mas con una diferencia marcada: no convence. La química actoral entre ambos, no existe. Los constantes chistes sobre la base de alusiones sexuales se han consumido a sí mismos, por reiterados y poco imaginativos. En algunas situaciones, sus diálogos (y hasta su presencia) francamente sobran.

Mario Aguirre ha resucitado el personaje de la anciana Regla, a petición de la propia directora; mas le he visto alcanzar mejores dividendos en otras ocasiones. Sin que falte algún que otro lance chispeante, la sobreactuación le va ganando la partida.

“Donde hay hombre no hay fantasmas” cuenta con la mano directriz de Lolina Cuadras, quien años ha, estuvo al frente de todo un clásico del humorismo televisivo en Cuba: “Detrás de la fachada”. Su experiencia es sobrada… y esperaba más.

Sin embargo, creo que más que la dirección de actores, el fallo del espacio se halla en el guión. En lo visto hasta ahora, el hilo dramatúrgico se agrieta (escribe Carlos Torrens), los chistes parecen suspendidos aquí y allá, sin un hilo resistente; las situaciones son por lo general rebuscadas y falsas, los personajes no se sostienen, y la risa ―invitada de oro― va faltando. La mano asesora (Carlos Fundora) se ha mostrado endeble, es difícil hacer otra inferencia cuando se ha visto… lo que se ha visto.

Por su parte, los domingos toca a nuestra puerta “Vivir del cuento”. Desconozco a ciencia cierta las razones por las cuales cesó la transmisión de “Los amigos de Pepito”, pero la nueva propuesta no le adelanta.

Otra vez se trata de un programa de participación, aunque no hay presentador como en aquel, sino diversas situaciones humorísticas entre los personajes. Como espacio se ha tomado una supuesta casa, mas el ir de aquí para allá y de allá para acá, va otorgándole cierta rareza en la visualidad, que en vez de contribuir a su concreción humorística, la caotiza.

Tal vez hubiera sido mejor romper con “Los amigos de Pepito” (sin la competencia que tanto le recuerda y con parte de su mismo elenco) y plantar una propuesta diferente…

Luis Silva (Pánfilo) es una de las revelaciones más frescas del humor cubano, y su protagonismo en “Vivir del cuento” se agradece… No puede decirse lo mismo de la Jáuregui (Cuqui La Mora de Jura decir la verdad), que esta vez no ha logrado marcar su personaje con verosimilitud y con la comicidad que indudablemente posee. Sobre ellos va recayendo el peso de los guiones, urgidos de mayor organicidad y soltura. La armonía dramatúrgica es imprescindible, por lo que será preciso discernir con cuidado a los actores que se invitan al espacio, y que a modo de autoridad evalúan a los concursantes.

Clave se presenta la selección de los aficionados… pero la suerte no le ha sonreído demasiado a “Vivir del cuento”: ¿Poco de dónde escoger? ¿Problemas de selección? ¿Agotamiento? ¿Necesidad de buscar más allá de La Rampa? Son preguntas que seguramente el tiempo se encargará de responder.

Ojalá las semanas entrantes esos programas nos sorprendan, porque en materia de televisión… nadie puede vivir del cuento, ni los fantasmas.

(Tomado de http://laislaylaespina.blogspot.com)


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