El legado de un rey

Por Osvaldo Rojas Garay

Capablanca¿Dónde está Capablanca?, preguntó en uno de sus poemas Nicolás Guillén. Ciento veinte años después de haber visto la luz en el Castillo del Príncipe, en La Habana, el 19 de noviembre de 1888, es posible encontrar la respuesta en los propios versos de nuestro Poeta Nacional: José Raúl Capablanca Graupera “anda, camina, ejerce su gobierno en las calles del mundo”.

Está en la presente Olimpiada de Dresde, Alemania, donde seguro habrá un momento para recordarlo el próximo miércoles, como lo hubo en la de Salónica, Grecia, en 1988 al cumplirse el centenario de su natalicio. Entonces, en esa ciudad helénica, la FIDE instituyó el 19 de noviembre como Día Mundial de Ajedrez.

Mientras eso sucedía allí, en la Casa del Arquitecto Central de Moscú, se ofrecía un homenaje al tercero de los 19 reyes universales que ha tenido el juego ciencia (1921-1927); allí se leyó un mensaje del mítico Garry Kasparov en el que este expresaba que el genio de Capablanca constituye un gran tesoro para la historia del ajedrez mundial.

Esto, de cierta manera lo había advertido en marzo de 1942 el estadounidense Frank J. Marshall, al expresar: “Los siglos venideros no podrán olvidar su nombre, sus libros, sus anécdotas ni su juego, y ese será el eterno reconocimiento de su gloria”.

Y es que el legendario maestro cubano dejó una herencia, de la cual se han servido muchas de las grandes estrellas de las 64 casillas.

Hace cuatro años, en ocasión de su visita a Santa Clara, para intervenir en la simultánea gigante de 13 mil tableros, que puso fin a la II Olimpiada del Deporte Cubano, en la Plaza de la Revolución Comandante Ernesto Guevara, el ex campeón del planeta, Anatoli Karpov reconoció la influencia del texto Partidas selectas de Capablanca, que adquirió en una librería de la localidad de Cheliabinsk (antigua Unión Soviética), en 1960.

Su “enconado” rival en cinco matches por la corona, Garry Kasparov, puntualizó en la década del 80 sobre la necesidad de estudiar la obra del “Capa”:

“Después de estudiar atentamente, digamos, un centenar de partidas de Capablanca, usted no jugará al estilo de Capablanca, pero aprenderá a aplicar en determinadas posiciones el método utilizado por el gran ajedrecista. Lo que ya es mucho, en aras de eso vale la pena dedicar varias decenas de horas”, subrayó el genio de Bakú.

El fallecido Tigran Petrosian, noveno soberano del orbe y uno de los cuatro gobernantes del juego ciencia que ha puesto los pies en suelo villaclareño, comentó una vez: “Yo me eduqué en las primeras partidas de Capablanca y Nimzowich. Ellos son parte de mi ser ajedrecístico”.

Mijail Botvinnik, el trebejista que inició en 1948 la hegemonía planetaria de la llamada escuela soviética, tuvo en Fundamentos del ajedrez, de nuestro eminente campeón, una obra de cabecera:

“Ese fue el primer libro del que recibí noción sintetizada del ajedrez”, escribió el único jugador que en dos oportunidades recuperó la diadema después de perderla.

Tan elevada fue la estatura de Capablanca en el tablero escaqueado, que cuando partió hacia la inmortalidad el 8 de marzo de 1942, su sucesor Alexander Alekhine, más allá de las viejas discrepancias entre ambos, no tuvo reparos en calificarlo “el genio más grandioso, semejante al cual jamás veremos”.

(Tomado del periódico Vanguardia)

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s