ISLAS en tierra firme

Por Luis Machado Ordetx 

Feijoo transfirió a la cubanidad un Templo, mejor una Catedral o un Dragón, al estilo de las concepciones de Jorge Luis Borges y José Lezama Lima, empeñados ambos en la dimensión inagotable de una Biblioteca provista de fuentes de consulta y de amplia cualidad del conocimiento: la revista Islas, que, desde tierra firme, surca mares e impregna la universalidad con lo nuestro.

 

portada de revista Islas

 

Esa publicación, catalogada por Cintio Vitier como la «(…) mejor revista cultural de su tiempo», arriba por estos días al medio siglo de existencia, tras crearse en la Universidad Central de Las Villas antes de concluir el primer semestre de 1958, fecha en que apareció el número inicial correspondiente a septiembre-diciembre de ese año.

 

Desde entonces, los estudios humanísticos constituyen una constante hasta el presente, según recogen los 155 números preparados durante las últimas cinco décadas; ocasión en que el arte, la literatura, la filosofía, la lingüística, la historia y la sociología —considerados tópicos recurrentes—, afianzan el conocimiento especializado de los lectores-estudiosos de un panorama cultural sin precedentes, tal como se gesta en el país.

 En Islas, jamás concebida por el prolífero Feijoo como una revista exclusivamente universitaria, se probaron las armas literarias para el rescate de la cosmogonía popular (mitos, leyendas, folklore guajiro, dicharachos, canturías, picardías y dibujos), extraídos del anonimato y la oralidad rural o urbana; a la par, comulgaron concepciones teóricas referidas a las Ciencias Filológicas, Sociales e Históricas, capaces de dejar una estela de continuidad en la actual revista y su prolongación Signos, creada luego de 1968, período en que el poeta, narrador y ensayista de San Juan de los Yeras abandonó el recinto docente para desenvolverse en otros menesteres literarios.

 

Ahora está por salir el número 155 dedicado a la media centuria de Islas y al hacer editorial de Feijoo —no olvidemos aquella decena de libros que publicó desde el Departamento de Relaciones Culturales de la Universidad; entre los que descuellan las primeras impresiones de Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, de Fernando Ortiz, así como Lo cubano en la poesía, de Cintio Vitier, y Tratados en La Habana, de Lezama Lima, por citar algunos ejemplos—, para reverdecer una impronta histórica sin precedentes.

 

Hace 42 años, en el número 4, volumen VIII, Feijoo, responsable de la edición de Islas, recogió el discurso de Sidroc Ramos Palacios, poeta y rector de la Universidad en instantes en que se formó el Círculo Literario Estudiantil «Rubén Martínez Villena» del centro docente, y sus palabras parecen un acertijo de continuidad y presencia de la obra magna de la Revolución: «(…) la literatura no puede transformar la economía, pero la literatura y el arte en general, sí pueden ayudar a transformar al hombre, a mejorar al hombre. Pueden contribuir a darle perspectivas más amplias, a hacerlo más hombre, más sensible y avizor, un ser humano mejor…», y aquí estriba un axioma esencial de la revista en el patrimonio de su tránsito por nuestra Cultura.

 

Hoy, como también ayer, cuando los estudiantes universitarios iban al fondo de la Biblioteca —almacén de la revista—, dispuestos a solicitar un ejemplar a Roberto Mazón, a Blasito Pérez Pérez, y a otros que como ellos custodiaban las ediciones, Islas jamás dejó de ser una rareza; de ahí que todavía comulgue en la urgencia y hambre del conocimiento humanístico universal que insuflan sus insustituibles páginas literarias.

 

(Tomado del periódico Vanguardia)

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