El desafiante poema de Neruda sobre Tina Modotti

Una de las más sobresalientes personalidades femeninas del arte fotográfico y del internacionalismo del siglo pasado.

Por Adys M. Cupull Reyes y Froilán González

“Escribí un poema desafiante contra los que ofendían a nuestra muerta”.

Tina Modotti

Afirmó Pablo Neruda cuando escribió “Tina Modotti ha muerto”. Los versos del gran poeta chileno, latinoamericano y universal no debemos olvidarlos porque las mentiras y difamaciones acerca de las causas del fallecimiento de la famosa artista comunista, siguen apareciendo por conveniencias ideológicas, políticas o desconocimientos históricos de la verdad.  

El 5 de enero de 1942 falleció, en Ciudad de México, Assunta Adelaide Modotti Mondini, conocida internacionalmente como Tina Modotti, una de las más sobresalientes personalidades femeninas del arte fotográfico y del internacionalismo del siglo pasado. La autopsia reveló que había muerto de un infarto. Y Benvenuto Modotti, su hermano, declaró en una carta que ella se sabía gravemente enferma del corazón y de esa enfermedad había muerto, y quien dijera otra cosa era un difamador.  

1939 fue un año lacerante para los que defendían la República Española. Ella estaba en sus filas. Ese año cumplió misiones importantes, duras ante una derrota inminente, trasladó desde Barcelona hasta París a varios heridos. Cuando las tropas fascistas atacaron a Madrid, ella se encontraba en el Congreso Nacional del Socorro Rojo, que se celebró allí; en ese mismo año, después de vivir los terroríficos momentos de la guerra, salió en la columna organizada con los que iban al exilio, junto a medio millón de refugiados, mujeres, niños, ancianos, combatientes heridos y atravesaron Los Pirineos hasta Francia, y durante mes y medio los ayudó en París.  

En el mes de marzo de 1939 partió hacia Nueva York, donde le negaron el permiso de entrada, pese a tener la visa de tránsito a México. Llegó al puerto de Veracruz, y allí la esperaba su compañero Vittorio Vidali. Entró de forma ilegal y clandestina con el pasaporte a nombre de Carmen Ruiz Sánchez, y se establecieron en la casa de Martín Díaz de Cossío en la Colonia San Ángel.  

En 1940 vivió en la casa de la periodista mexicana Adelina Zendejas, quien testimonió que ella llegó enferma de España y que le expresó:  

“Este barrio lo conozco muy bien, ha cambiado pero tiene los mismos comercios. Me duele volver aquí, sin embargo me agrada porque a veces pienso que me voy a encontrar con Mella. He tratado a muchos dirigentes comunistas, y jamás encontré a ninguno con la profundidad de Julio Antonio”.  

En 1941 Tina fue informada personalmente por el General Lázaro Cárdenas que podía residir legalmente en México. Poco después, junto a Carlos Vidali, se mudó para un pequeño apartamento en la azotea de un edificio en la Colonia de los Doctores, ubicado en la calle Doctor Balmis número 137.  

Tina Modotti siguió trabajando en actividades del Socorro Rojo Internacional, para ayudar a los refugiados de la guerra. Despidió el año en la casa del poeta chileno Pablo Neruda. En los primeros días de enero participó en actividades para recoger dinero y comprar juguetes a los niños españoles refugiados en México. El 5 de enero de 1942 cenó en la casa del arquitecto suizo Hannes Meyer, pero comenzó a sentirse mal y decidió regresar a su casa. Tomó un taxi y en este le sobrevino el paro cardiaco.  

La prensa sensacionalista y hasta la considerada seria la hizo víctima de difamaciones. Un reportero dijo que al abrir el bolso este se encontraba sin polvera, ni siquiera un peine, solo un pañuelo arrugado, un billete de a peso, unas llaves, una credencial con su nombre y dirección, y una fotografía de ovalito de un joven con el pelo crespo.  

Refirió que en el hospital se encontraba totalmente desnuda. Su cuerpo hermosísimo, más joven que su rostro y los labios a punto de sonreír. Después se conocería que la foto que llevaba en el bolso correspondía a Julio Antonio Mella. La velaron en una funeraria al frente del hospital Benito Juárez, muy humilde, donde velaban a los pobres.  

En aquellos días, una nueva campaña se desató contra ella. Culparon a Vittorio Vidali de la muerte “… ordenada por los comunistas”. 

La prensa fue el instrumento para divulgar esas calumnias. Afirmaban que Vidali tenía gran responsabilidad en el hecho. Que era “un agente comunista fanático” y se corría el rumor de que bien pudo envenenarla, porque “…ella sabía demasiado ya que siempre llevó una vida misteriosa”.
El periódico La Prensa tergiversaba la militancia comunista y afirmaba que obtuvo un pasaporte italiano gracias a la intervención personal de Benito Mussolini. La catalogaban como una mujer depravada, peligrosa, mezclada en numerosos asesinatos, también como espía de los fascistas italianos. Algunos de los titulares decían:  

“LA MUJER MISTERIOSA DE MOSCÚ”
“MURIÓ PORQUE SABÍA DEMASIADO”.
“LA MATARON POR TROTSKISTA”.
“ELLA AYUDÓ EN EL ASESINATO DE JULIO ANTONIO MELLA”.
“ERA UNA TENEBROSA ESPÍA COMUNISTA”. 

La autopsia reveló que había muerto de un infarto; pero la ofensa se le hizo hasta a la Ciencia Médica, y se señaló que la autopsia no estuvo bien hecha, que el veneno fue casi instantáneo y no dejaba huellas en el cuerpo y que su “amante terrorista”, al servicio de Stalin, lo sabía mejor que nadie. Así comenzó la tergiversación de un hecho serio y delicado.  

Pablo Neruda escribió:  

“… La reacción mexicana intentó revivir la infamia cubriendo de escándalo su propia muerte, como antes la habían querido envolver a ella en la muerte de Mella. Mientras tanto, Carlos y yo velábamos el pequeño cadáver. Ver sufrir a un hombre tan recio y tan valiente no es un espectáculo agradable. Aquel león sangraba al recibir en la herida el veneno corrosivo de la infamia que quería manchar a Tina Modotti una vez más, ya muerta. El comandante Carlos rugía con los ojos enrojecidos; Tina era de cera en su pequeño ataúd de exiliada; yo callaba impotente ante toda la congoja humana reunida en aquella habitación”.  

“Los periódicos la llamaban la mujer misteriosa de Moscú. Algunos agregaban: Murió porque sabía demasiado. Impresionado por el furioso dolor de Carlos tomé la decisión. Escribí un poema desafiante contra los que ofendían a nuestra muerta. Lo mandé a todos los periódicos sin esperanza alguna de que lo publicaran. ¡Oh, milagro! Al día siguiente, en vez de las nuevas y fabulosas revelaciones que prometían la víspera, apareció en todas las primeras páginas mi indignado y desgarrador poema”. 

Muchos intelectuales de México y de otros países hicieron declaraciones contra esa campaña. Los amigos de Tina no pudieron reunir suficiente dinero para enterrarla y tuvo que ser sepultada en la parte más pobre del cementerio de Dolores, sección cinco, fila veintiocho. En la despedida de duelo fue cubierta con la bandera de la Internacional Comunista, y el director del periódico El Popular, Enrique Ramírez y Ramírez, dijo que Tina fue, desde el año 1927 hasta el último momento en que su corazón latió, miembro del Partido Comunista Mexicano, y afirmó que ella era mexicana ad honorem, con el pleno derecho de ser parte de la historia de la revolución mexicana. En la lápida fue escrito parte del poema de Pablo Neruda titulado “Tina Modotti ha muerto”.  

Figuras de la intelectualidad mexicana y amplios sectores populares del país, fundamentalmente obreros, campesinos, estudiantes y agrupaciones de refugiados, respondieron contra la indigna campaña de los difamadores, y varios centros obreros comenzaron a llamarse Tina Modotti en recordación a la luchadora italiana.

Tina Modotti ha muerto  

Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes:
tal vez tu corazón oye crecer la rosa
de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa.
Descansa dulcemente, hermana.  

La nueva rosa es tuya, la nueva tierra es tuya:
te has puesto un nuevo traje de semilla profunda
y tu suave silencio se llena de raíces.
No dormirás en vano, hermana.  

Puro es tu dulce nombre, pura es tu frágil vida,
de abeja, sombra, fuego, nieve, silencio, espuma,
de acero, línea, polen, se construyó tu férrea,
tu delgada estructura.

El chacal de la alhaja de tu cuerpo dormido
aún asoma la pluma y el alma ensangrentadas
como si tú pudieras, hermana, levantarte,
sonriendo sobre el lodo.  

A mi patria te llevo para que no te toquen,
a mi patria de nieve para que tu pureza
no llegue al asesino, ni al chacal, ni al vendido:
allí estarás tranquila.

¿Oyes un paso, un paso lleno de pasos, algo
grande desde la estepa, desde el Don, desde el frío?
¿Oyes un paso de soldado firme en la nieve?
Hermana, son tus pasos.

Ya pasarán un día por tu pequeña tumba,
antes de que las rosas de ayer se desbaraten;
ya pasarán a ver los de un día, mañana,
donde está ardiendo tu silencio.  

Un mundo marcha al mundo donde tú ibas, hermana.
Avanzan cada día los cantos de tu boca
en la boca del pueblo glorioso que tú amabas.
Tu corazón valiente.  

En las viejas cocinas de tu patria, en las rutas
polvorientas, algo se dice y pasa,
algo vuelve a la llama de tu adorado pueblo,
algo despierta y canta.  

Son los tuyos, hermana: los que hoy dicen tu nombre,
los que de todas parte del agua, de la tierra,
con tu nombre otros nombres callamos y decimos.
Porque el fuego no muere.  

Pablo Neruda

Bibliografía

Adys Cupull y Froilán González. En Medio del Fuego, Editora Abril.
Adys Cupull y Froilán González. Hasta que llegue el Tiempo, Editora Política.
Christiane Barckhausen-Canale. Verdad y Leyenda de Tina Modotti, Premio Casa de las Américas.
Adys Cupull. Semilla Profunda, Editora Pablo de la Torriente Brau.
Página enviada por Froilán González y Adys M. Cupull Reyes (5 de enero de 2007)  

(Fuente: Cuba. Una identità in movimento) 

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