Pensar da hambre

Leinier Domínguez, ajedrecista cubanoSucede con frecuencia que después de permanecer mucho tiempo estudiando o concentrados en un trabajo puramente mental, nos da hambre.

Ocurre también que por el ritmo agitado de la vida, hacemos oídos sordos y ponemos en duda que una labor que no gastó energías nos canse como si hubiéramos arado un campo, barrido la casa o hecho ejercicios.

Es que, aunque en menor proporción que cuando realizamos labores más fuertes, pensar sí gasta energía, y no poca.

Para sobrevivir el cerebro necesita la décima parte de una caloría cada minuto, pero cuando nos concentramos, jugamos ajedrez por ejemplo o sacamos un crucigrama, el gasto aumenta 1,5 calorías por minuto.

Dicen los científicos que lo más aconsejable en estos casos es consumir un poco de glucosa, el elemento que proporciona de inmediato un alto rendimiento.

La masa gris, señalan expertos, consume el 40 por ciento de la glucosa en sangre, así es que cuando pensamos mucho, las neuronas de los lóbulos frontales aceleran la quema de glucosa y provoca en el cuerpo sensación de fatiga.

Esta es la respuesta al misterio que se nos presenta cuando nos asombra sentirnos “medio muertos” cuando sabemos que no hemos levantado ni un dedo.

Ingiera entonces algún alimento después de realizar una larga jornada de estudio, lectura… porque ya lo sabe: pensar cansa.

(Tomado de ww.ain.cu)

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