Monte Athos: una rareza en tierras griegas

Por Oscar Rodríguez Díaz  

Grecia es un país lleno de interesantes y renombrados sitios de la historia antigua, en cuyos entornos los hombres de entonces, poseídos de un infinito afán creador, se esmeraron para regalar al futuro encumbradas obras de arte y sentencias filosóficas que han resistido el paso de los siglos.

Monte Athos

La milenaria nación es, en síntesis, una importante plaza de la cultura universal que hoy vierte sus secretos, enigmas y bellezas sobre oleadas millonarias de turistas que recorren, con la emoción de ver la historia a sus pies, el mítico Peloponeso, la región del Ática y Atenas o las decenas de evocadoras islas que como Creta, Milos o Andros emergen altaneras en el Mar Egeo.

Cuna de los primeros filósofos, poetas y arquitectos de la humanidad, los griegos legaron a la posteridad un baúl de gigantescos y útiles aportes que siguen y seguirán causando admiración.

Pero tiene también rarezas, como la que hoy presentamos, ubicada en el saliente oriental de los tres que conforman la península de Calcídica, llamado Aktí, donde se levanta una montaña marmórea de 2 033 metros de altitud llamada por los griegos Aylon Oros y conocida en español como Monte Athos (Monte Santo en italiano).

La montaña y un sector del brazo peninsular de Aktí constituyen una unidad administrativa a la que Grecia reconoció autonomía política en 1926 y asentó como distrito autónomo o comunidad monástica en la constitución de 1975.

El sitio, con un área de 336 km cuadrados (algo menos que la del municipio habanero de Santa Cruz del Norte), se llama República de Monte Athos y posee autonomía para resolver sus asuntos internos o domésticos, y la pequeña localidad de Karyai funge como capital.

La rara entidad posee 20 monasterios (los primeros de ellos levantados en el siglo IX) y 12 ermitas de la religión griego-ortodoxa, todos reunidos dentro de una gran muralla edificada en el pasado para la protección contra los ataques piratas. Es administrada por un consejo de cuatro miembros y una asamblea de 20 diputados, uno por cada monasterio, en tanto el gobierno griego se hace representar en el territorio por un prefecto.

En Monte Athos la maternidad no existe, pues solo residen en él unos pocos miles de hombres en calidad de frailes. La población, estrictamente masculina, se renueva de manera mecánica, es decir, proviene de la inmigración.

Desde el siglo XI de la era actual y según las ordenanzas de los frailes, se prohíbe terminantemente la presencia de mujeres. A ello añado y declaro (que lo encontré con asombro en la edición de 2004 de la Enciclopedia Encarta) que la prohibición se extiende a animales hembras, por lo que supongo que ni siquiera como tiernas mascotas existan perras ni gatas, y que muy probablemente las únicas excepciones tengan que ver con las aves o los insectos del sexo femenino que ineludiblemente penetran en un espacio vedado para él.

Si un barco donde viajen mujeres se acerca a Monte Athos, debe fondear a no menos de 500 metros de la costa y señalizar, por los medios tradicionales, que lleva en su vientre presencia femenina.

En tal caso, intento imaginar las contrariedades de la innata curiosidad de las presuntas pasajeras ante las murallas desafiantes de una comarca extraña en la que, increíblemente, su estancia es considerada como tabú desde hace más de nueve siglos.

(Tomado de EL HABANERO DIGITAL: http://www.elhabanero.cubaweb.cu) 

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