Félix Varela: síntesis de fe cristiana y cultura cubana

Por Roberto Pérez BetancourtPadre Félix Varela

Voluntad de hacer, pensamiento y ejemplo de austeridad conservan en el cubano Félix Varela todo su poder movilizativo al cumplirse este 25 de febrero el aniversario 156 del instante en que cesó de latir su corazón.

Había nacido el 20 de noviembre de 1787 en la ciudad de La Habana. A los 14 años de edad le confesó al abuelo su vocación sacerdotal con el propósito de salvar almas.

En el Seminario de San Carlos y San Ambrosio y la Universidad de La Habana forjó su propio pensamiento, irreverente para los intereses creados.

A los 23 años, Félix Varela, enjuto y asmático, era maestro y sacerdote católico oficiante en la catedral habanera. Su sacerdocio no le impidió romper con la escolástica reformista y abogar por la emancipación de Cuba del yugo colonial, al tiempo que combatía el esclavismo y levantaba su verbo lúcido y culto en contra de quienes pujaban para que Cuba, al desprenderse de la tutela española, deviniera colonia norteamericana mediante el anexionismo.

No titubeó el presbítero Félix Varela en plantear el camino de la revolución como única vía para el desarrollo del país, cuya nacionalidad contribuyó a forjar.

Sus tesis fueron enarboladas como fundamentos en 1868 por los iniciadores de la Guerra de Independencia de Cuba frente a España.

Varela fue diputado a las Cortes Españolas de 1822 a 1823, en las cuales expuso noblemente sus razonamientos, por los que fue condenado a pena de muerte dictada por el absolutista monarca Fernando VII, y ello lo obligaría a emigrar a Estados Unidos.

Allí, en el país que José Martí calificaría decenios después como «el seno del monstruo», permanecería Varela durante 30 años, en los que supo conjugar el oficio sacerdotal con las actividades revolucionarias.

En Norteamérica fundó el periódico El Habanero, en el año 1824, el cual se dedicó a luchar por la independencia de Cuba y circuló clandestinamente en la Isla.

En dicha publicación, y en otras, delimitó los campos de la religión, la política y la moral, expuso claramente que la independencia de su Patria debía prescindir de anexiones comprometedoras, y subrayó que sin libertad económica no era posible ejercer la libertad política.

José de la Luz y Caballero —discípulo y continuador destacado del pensamiento del Presbítero— sintetizó la obra de su maestro cuando afirmó que Félix Varela fue el primero que enseñó a pensar a los cubanos.

En un pequeño cuarto de madera, pobremente amueblado, Varela, sumamente delgado y venerable, el 25 de febrero de 1853 trascendió su tiempo y entró en la inmortalidad del recuerdo y el ejemplo de la virtud.

Durante su visita a Cuba en el año de 1998, el Papa Juan Pablo II, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, ante los restos del padre Varela, dijo que «él es, en su persona, la mejor síntesis que podemos encontrar entre fe cristiana y cultura cubana». (AIN) 

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