Benny Moré, peatón de bronce en paseo de Cuba

Por Francisco G. Navarro

Escultura de Benny Moré en el Prado cienfueguero

Cienfuegos, Cuba (PL).— Pariente musical y metálico del beatle John Lennon, el más popular de los cantantes cubanos, Benny Moré (1919-1963), camina con pasos de bronce y ese donaire propio de los genios por el Paseo del Prado de Cienfuegos.

La familiaridad de ambos talentos musicales, a pesar de cultivar géneros tan dispares en latitudes muy diferentes, la propició el escultor cubano José Villa Soberón, quien sentó al chico de Liverpool en un parque de La Habana en el año 2000 y echó a andar a su compatriota por el paseo arbolado más largo de la Isla a fines de noviembre de 2004.

Fundida en bronce al tamaño natural del artista, un metro con 82 centímetros desde los zapatos a dos tonos hasta el sombrero alón, la figura de Moré —atrapada para la posteridad por el escultor— parece desandar a grandes trancos la arteria principal de la ciudad cubana que más le gustaba, tal como lo dejó cantado en su testamento musical.

Lo primero que llama la atención de quien se detiene por primera vez ante la escultura, es el brillo del mítico bastón que el cantante esgrimía a manera de batuta para acompasar los acordes de la Banda Gigante, su orquesta acompañante.

Tantas manos, de todos los colores y tamaños, han tocado la vara en estos casi siete años que pulieron su punta hasta sacarle a la aleación un fulgor especial, la mejor huella del cariño y respeto de quienes aún mueven caderas y pies con los sones del bien llamado Bárbaro del Ritmo y también el de los no dotados para la magia del baile, pero conocedores de la leyenda del artista.

El bastón broncíneo de Benny Moré funciona a manera de amuleto para sus admiradores, solo que a diferencia de los lentes de Lennon nunca podrá ser objeto de fetichistas coleccionadores porque lo lleva bien sujeto bajo la axila derecha, a prueba de tentaciones de cleptómanos ocasionales.

Al sombrero de ala ancha y los zapatos bicolores, característicos de la moda masculina de mediados del siglo pasado en el país, se suman para completar la indumentaria metálica del Sonero Mayor los holgados pantalones —llamados entonces de batahola—, sostenidos por tirantes, el saco y la corbata.

Como si también acabara de subir a la tarima, listo para alzar el bastón y que “su tribu” orquestal diera comienzo a la fiesta.
Al igual que sucede con las más famosas creaciones habaneras de Villa Soberón: el Lennon de un parque en el Vedado, el Hemingway acodado a la barra del bar Floridita, la cuna del daiquirí, o el Caballero de París, el personaje popular más famoso de la capital en el siglo XX, el Benny Moré de Cienfuegos ejerce una especie de embrujo sobre quienes transitan por su entorno.

Posar junto al gigante musical resulta casi una liturgia para el recién llegado de cualquier confín del planeta o de la nación, pero también para los habitantes de la conocida como Perla del Sur, sobre todo padres que traen a sus hijos a “conocer” al cantor.

En la popularidad de la obra de arte debe influir, además del arraigo popular de la figura esculpida, su escala humana y la ausencia de un pedestal que la encumbre sobre el espectador.

La gente se siente tan cercana al homenajeado que lo mismo le tira un brazo sobre los hombros, le palpa los faldones del traje o le coloca una flor en la propia mano del bastón pulido, porque la izquierda la lleva metida dentro del bolsillo del ancho pantalón, donde quizá busque la billetera para pagarse el próximo trago de ron.

Villa Soberón dejó explícita la intención de que Moré caminara en busca del cercano bulevar San Fernando, vía peatonal que hace de corredor turístico en el centro histórico de Cienfuegos, Patrimonio de la Humanidad desde julio de 2005.

Como parte del homenaje cotidiano de la “ciudad que más me gusta a mí”, en esa propia calle un sistema de megafonía indica las horas en punto con antológicas piezas musicales de Bartolomé Maximiliano Moré, su verdadero nombre, de cuyo natalicio se cumplirán 92 años este 24 de agosto.

Fernandina Radio, voz de la Oficina del Conservador de la Ciudad, inicia cada día, a las 10 en punto de la mañana, su programación cultural a los acordes de la canción que el artista nacido en al cercana Santa Isabel de las Lajas dedicara a Cienfuegos, 250 kilómetros al sureste de la capital de la República.

Por Francisco G. Navarro

Cienfuegos, Cuba (PL).— Pariente musical y metálico del Beatle John Lennon, el más popular de los cantantes cubanos, Benny Moré (1919-1963), camina con pasos de bronce y ese donaire propio de los genios por el Paseo del Prado de Cienfuegos.

La familiaridad de ambos talentos musicales, a pesar de cultivar géneros tan dispares en latitudes muy diferentes, la propició el escultor cubano José Villa Soberón, quien sentó al chico de Liverpool en un parque de La Habana en el año 2000 y echó a andar a su compatriota por el paseo arbolado más largo de la Isla a fines de noviembre de 2004.

Fundida en bronce al tamaño natural del artista, un metro con 82 centímetros desde los zapatos a dos tonos hasta el sombrero alón, la figura de Moré —atrapada para la posteridad por el escultor— parece desandar a grandes trancos la arteria principal de la ciudad cubana que más le gustaba, tal como lo dejó cantado en su testamento musical.

Lo primero que llama la atención de quien se detiene por primera vez ante la escultura, es el brillo del mítico bastón que el cantante esgrimía a manera de batuta para acompasar los acordes de la Banda Gigante, su orquesta acompañante.

Tantas manos, de todos los colores y tamaños, han tocado la vara en estos casi siete años que pulieron su punta hasta sacarle a la aleación un fulgor especial, la mejor huella del cariño y respeto de quienes aún mueven caderas y pies con los sones del bien llamado Bárbaro del Ritmo y también el de los no dotados para la magia del baile, pero conocedores de la leyenda del artista.

El bastón broncíneo de Benny Moré funciona a manera de amuleto para sus admiradores, solo que a diferencia de los lentes de Lennon nunca podrá ser objeto de fetichistas coleccionadores porque lo lleva bien sujeto bajo la axila derecha, a prueba de tentaciones de cleptómanos ocasionales.

Al sombrero de ala ancha y los zapatos bicolores, característicos de la moda masculina de mediados del siglo pasado en el país, se suman para completar la indumentaria metálica del Sonero Mayor los holgados pantalones -llamados entonces de batahola-, sostenidos por tirantes, el saco y la corbata.

Como si también acabara de subir a la tarima, listo para alzar el bastón y que “su tribu” orquestal diera comienzo a la fiesta.

Al igual que sucede con las más famosas creaciones habaneras de Villa Soberón: el Lennon de un parque en el Vedado, el Hemingway acodado a la barra del bar Floridita, la cuna del daiquirí, o el Caballero de París, el personaje popular más famoso de la capital en el siglo XX, el Benny Moré de Cienfuegos ejerce una especie de embrujo sobre quienes transitan por su entorno.

Posar junto al gigante musical resulta casi una liturgia para el recién llegado de cualquier confín del planeta o de la nación, pero también para los habitantes de la conocida como Perla del Sur, sobre todo padres que traen a sus hijos a “conocer” al cantor.

En la popularidad de la obra de arte debe influir, además del arraigo popular de la figura esculpida, su escala humana y la ausencia de un pedestal que la encumbre sobre el espectador.

La gente se siente tan cercana al homenajeado que lo mismo le tira un brazo sobre los hombros, le palpa los faldones del traje o le coloca una flor en la propia mano del bastón pulido, porque la izquierda la lleva metida dentro del bolsillo del ancho pantalón, donde quizá busque la billetera para pagarse el próximo trago de ron.

Villa Soberón dejó explícita la intención de que Moré caminara en busca del cercano bulevar San Fernando, vía peatonal que hace de corredor turístico en el centro histórico de Cienfuegos, Patrimonio de la Humanidad desde julio de 2005.

Como parte del homenaje cotidiano de la “ciudad que más me gusta a mí”, en esa propia calle un sistema de megafonía indica las horas en punto con antológicas piezas musicales de Bartolomé Maximiliano Moré, su verdadero nombre, de cuyo natalicio se cumplirán 92 años este 24 de agosto.

Fernandina Radio, voz de la Oficina del Conservador de la Ciudad, inicia cada día, a las 10 en punto de la mañana, su programación cultural a los acordes de la canción que el artista nacido en al cercana Santa Isabel de las Lajas dedicara a Cienfuegos, 250 kilómetros al sureste de la capital de la República.

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