Voces imprescindibles en la cultura nacional

Coloquio sobre el aporte de los intelectuales y artistas afrodescendientes a la vida espiritual cubana

Por Pedro de la Hoz  

Si Cuba, como nación, nunca sería completa sin el aporte de África, la cultura de la Isla no tendría sustento ni proyección sin el caudal de realizaciones que, a lo largo de la historia, han aportado los descendientes de aquellas mujeres y hombres traídos a la fuerza a esta tierra y que formaron parte de la forja de una nueva identidad.

Una mirada atenta y necesaria a esas contribuciones animó la realización esta semana de un coloquio convocado por la Fundación Nicolás Guillén, en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), dentro de la agenda del Año Internacional de los Afrodescendientes.

En ningún caso, como explicó Nicolás Hernández Guillén, presidente de la Fundación, en los momentos de razonar la convocatoria, se pretendió una mera enumeración y mucho menos una confrontación de los aportes de artistas, pensadores y escritores negros y mestizos con los de aquellos de otro origen, sino de hacer visibles marcas identitarias imprescindibles para asumir, defender y desarrollar la cubanía y sus vínculos universales.
Prueba de ello fue el propio título del coloquio: Nuestra voz inevitable. Se trata de una frase extraída de la obra de Guillén Poema en cuatro angustias y una esperanza, dedicado a la resistencia de los republicanos españoles contra la asonada fascista. Justo en el segmento final, La voz esperanzada, el poeta, que se proclama “hijo de América, hijo de ti y de África, esclavo ayer de mayorales blancos dueños de blancos coléricos” y se sabe con “la voz coronada de ásperas selvas milenarias y el corazón trepidante de tambores”, se identifica con la noble causa del pueblo español: “allí donde ahora estáis, donde estaremos / fabricando bajo un cielo ardoroso agujereado por la metralla / otra vida sencilla y ancha / limpia, sencilla y ancha / alta, limpia, sencilla y ancha / sonora de nuestra voz inevitable”.

Mediante cinco paneles, un grupo de prestigiosos intelectuales valoraron, no solo la obra de pensadores, ensayistas, teatristas, coreógrafos, narradores, poetas, cineastas y artistas plásticos negros y mestizos, sino también y, con mayor énfasis, el reflejo en la creación de orígenes y cosmovisiones que dan cuenta no solo de sus perspectivas individuales sino también de las que comparten con sus compatriotas.

En una de las jornadas del coloquio, que abrió sus puertas con una evocación a Bola de Nieve en su centenario, quedó inaugurada en la sala Villena, de la UNEAC, una exposición de obras gráficas realizadas por jóvenes diseñadores e inspiradas en la célebre elegía de Guillén, «El apellido», el cual fue declamado, como solo él sabe hacerlo, por Luis Carbonell.

(Fuente: Granma)

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