Un cerebro siempre joven

Por Profesor Alberto Quirantes Hernández*

Los adolescentes atraviesan por variados cambios físicos, mentales, emocionales y sociales. El principal es la pubertad, proceso por el cual se llega a la madurez sexual y que generalmente ocurre entre los 10 y los 14 años, para las niñas, y los 12 y los 16, para los varones.

Durante este tiempo, se comienza a desarrollar la personalidad y también opiniones propias.

Algunos cambios notables incluyen un aumento de la independencia en relación con los familiares más cercanos, un aumento de las preocupaciones sobre la imagen corporal, incluido el vestuario; mayor interrelación con los compañeros del entorno, y mayor capacidad de percibir entre el bien y el mal.

BUENA RESPUESTA CEREBRAL

El cerebro no detiene su desarrollo en la adolescencia, tal como antes se creía. Nada de eso, pues ya se ha demostrado su continuo crecimiento, más allá de los veinte.

La verificación, realizada en la Universidad de Alberta, Canadá, y publicado en la revista Journal of Neuroscience, se basó en un estudio que utilizó la resonancia magnética nuclear, con la cual fueron escaneados los cerebros de más de treinta personas consideradas sanas, entre los cinco y los 32 años de edad.
En los resultados se encontró, en los adultos jóvenes, cómo continuaban desarrollando conexiones en el lóbulo frontal del cerebro, vinculado con tareas complejas del conocimiento como la atención, la inhibición y el funcionamiento de elevado nivel.

Se deduce de este desarrollo su relación con determinadas ejercitaciones cerebrales en experiencias vitales en la temprana adultez, como la integración en estudios universitarios, la obtención de la independencia y la creación de nuevas relaciones sociales y familiares.

A CUALQUIER EDAD

Ya es conocido cómo las caminatas ayudan a desarrollar la atención, la memoria y toda una serie de procesos cognitivos en personas mayores de 60 años de edad. Las conexiones en la red cerebral, conducentes de estos procesos, incluso vuelven a parecerse a las establecidas en la tercera década de la vida, cuando esta ejercitación es sistemática.

Aunque caminar parece una actividad sencilla, cuando lo hacemos el cerebro está trabajando automáticamente para integrar detalles e informaciones de múltiples fuentes, pues se necesita incorporar datos visuales, de audición y procedentes de músculos y articulaciones, relacionados con el sitio por donde se camina, cuánta fuerza es necesario desplegar, sentido de orientación y muchos otros aspectos, que mantienen el entrenamiento cerebral constante durante el acto de traslación bípeda.

UN BUEN CONSEJO

De todo lo anterior se infiere cómo el ejercicio cerebral continuo favorece el desarrollo cognitivo desde el nacimiento hasta las edades más avanzadas de la vida. A cualquier edad siempre será beneficioso mantener al cerebro en sano y vigoroso ejercicio. Es otra manera de prolongar nuestros años de vida útil.

* Profesor Consultante y Jefe del Servicio de Endocrinología, Hospital Docente Dr. Salvador Allende, La Habana, Cuba. E. mail: alberto.quirantes@infomed.sld.cu

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