Juan José Arreola: un pilar de la literatura mexicana

CIUDAD DE MÉXICO (03/DIC/2011).— Escritor, académico y editor, Juan José Arreola, fallecido el 3 de diciembre de 2001, se caracterizó por ser un hombre de cultura amplia cuya obra se inscribe en el realismo mágico, caracterizada por su inteligencia profunda y lúdica.

A 10 años de su muerte, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) lo recordó en una de sus facetas menos conocidas, que fue la de catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde impartía un taller de poesía.

La naturaleza de semejante curso, por no estar ceñido a un programa definido ni a ningún tipo fijo de criterio, impide describir con precisión qué aprendían los alumnos y cómo se construía el análisis de las obras que ahí se ponían en tela de juicio.

Arreola, a pesar de carecer de la documentación escolar propia de un catedrático universitario, fue un profesor respetadísimo, debido a su prodigiosa capacidad de verbalización, a su no menos asombrosa posibilidad de relacionar a cientos de escritores entre sí mediante lazos creados a lo largo de decenios de lecturas en varios idiomas.

Pero, sobre todo, a la audacia imaginativa que le permitía desmenuzar, a primera vista, cualesquiera poemas que los alumnos pusieran ante sus ojos al iniciar la clase. Arreola examinaba con el mismo respeto ‘Muerte sin fin’, de José Gorostiza, que un desmañado soneto presentado por un estudiante de primer año de letras.

Era un alto honor que las palabras nacidas de un impulso inexperto pasaran por el filtro de la imaginación del maestro que era, como crítico muy parecido a lo que era como ajedrecista: más aventurado que teórico, más intuitivo que riguroso.

Por otro lado, no se trataba solamente de una clase, sino de una puesta en escena; la boina y la capa que constituía el nada torpe aliño indumentario del profesor creaban por sí mismos un interés complementario a las palabras.

Juan José Arreola Zúñiga nació el 21 de septiembre de 1918 en Zapotlán el Grande, hoy Ciudad Guzmán, Jalisco, y falleció el 3 de diciembre de 2001. Fue escritor, académico y editor.

A lo largo de su vida realizó una gran cantidad de oficios, entre ellos el de vendedor de zapatos y encuadernador. En 1937 llegó a vivir al Distrito Federal, donde estudió en la Escuela Teatral de Bellas Artes.

En 1944 Antonio Alatorre, Juan Rulfo y Arreola fundaron la revista ‘Pan’. Años más tarde colaboró en las publicaciones ‘Mester’, ‘Los cuadernos del Unicornio’ y ‘Lecturas en voz alta’.

Trabajó en el Fondo de Cultura Económica como corrector y autor de solapas. Su primer libro de cuentos, ‘Varia invención’, fue publicado por esta casa editorial en 1949. Al año siguiente comenzó a colaborar en la colección ‘Los presentes’ y recibió la beca de la Fundación Rockefeller.

Para 1952 publicó uno de sus libros más conocidos, ‘Confabulario’, y dos años más tarde su único texto de teatro, ‘La hora de todos’ (1954).

En 1964 comenzó a dar clases en la UNAM y en 1972 publicó ‘Bestario’, serie que inició en 1958. Los reconocimientos que recibió a lo largo de su vida fueron el Premio del Festival Dramático del INBA, en 1955; el ‘Xavier Villaurrutia’ en 1963, año en que editó la novela ‘La feria’. En 1969 recibió una presea de parte del Grupo Cultural José Clemente Orozco, de Ciudad Guzmán.

En 1977 recibió el Premio Nacional de Periodismo por los programas que realizaba para Canal 13. Dos años después obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura; en 1989, el Premio Jalisco en Letras y en 1992 el de Literatura Latinoamericana y del Caribe ‘Juan Rulfo’, de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

En 1995 fue galardonado con el Premio Internacional ‘Alfonso Reyes’; en 1998 el ‘Ramón López Velarde’ y en 1999, con motivo de su 80 aniversario, el Ayuntamiento de Guadalajara lo nombró hijo preclaro y predilecto.

Arreola jugaba con los conceptos, con las situaciones, utiliza símbolos, metamorfosea personajes, parodia. Se nota una clara influencia del escritor checo Franz Kafka. Amaba los textos breves y significativos.

En el universo de su obra se rompen las leyes lógicas y naturales hasta un extremo casi alucinatorio. En ello se nota, como en el caso del argentino Jorge Luis Borges, un escepticismo fundamental.

(Fuente: http://www.informador.com.mx)

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