EL CHUPI CHUPI (reguetón): La cultura cubana no es ningún balluqui

Es suicida para la cultura de un país legitimar ídolos falsos. Y peor, contemplar impasible cómo sucede.

Por Reinaldo Cedeño Pineda*

Me prometí no dedicar ni una línea al Chupi Chupi (el tema musical de la discordia en estos momentos en Cuba), pero lo que a primera vista pudiera presentarse como discusión estéril, cuando se le quita la cáscara, llega a otras profundidades.

Precisamente anoche cuando tomé un auto de alquiler rumbo al centro de la ciudad, estaba sonando aquello de…

“Dame un chupi chupi /que yo lo disfruti /abre la bocuti / y tragatelo tuti / Dame un chupi chupi / Dale ponte cuqui / Y apaga la luqui / Que se formó el balluqui.”

(Para quien no maneje los códigos, será bueno aclarar: bocuti es la boca, cuqui equivale a bonita, luqui es la luz y balluqui un ballú, un relajo, una orgía)

No hay que negar que el tema, como otros de su especie, ha alcanzado popularidad. El reguetón es contagioso, sin dudas, aunque en este caso ―a fuer de sincero― recién pude entender el texto cantado.

EL MECANISMO DE LOS LUCAS

Como es sabido, el videoclip basado en este reguetón tenía varias nominaciones a los Premios Lucas (el máximo reconocimiento cubano al género audiovisual). El tema también ha logrado cabida en nuestra radiodifusión. Aquí surge un océano de interrogantes y de preocupaciones que van más allá del Chupi Chupi.

He visto detenidamente este video. En verdad, me resisto a creer que un jurado que se supone calificado haya podido proponer en más de una categoría un videoclip semejante.

Por ahí anda una nota que incluso califica la canción como “un himno a la felación de las mujeres cubanas”. Huelga el comentario.

El Premio Lucas y el programa homónimo que lo prohijó son loables empeños que han logrado despegar al videoclip cubano, mas no sería ocioso revisar el mecanismo de votación escogido para la popularidad (el SMS), lo que implica ciertamente modernidad y rapidez; pero también la disponibilidad de un celular y de CUC… que ya sabemos que en Cuba no es cosa de juego.

Es cuestionable, cuando menos, asumir la representatividad de un voto popular mediante tal mecanismo. El calco de otras realidades trae esos desguisados y es que no se puede fabricar un país al antojo.

No entiendo el apremio que tienen algunos (en los medios de difusión masiva y fuera de ellos) de convertir en referencias a quienes no lo merecen. ¿O es que existen otros factores extraartísticos al dorso?

Ahora bien, si contraproducente resulta haber aupado un tema semejante, no huele nada bien que una vez nominado le haya sido retirado el favor. Al final ese doble error ―como toda promoción negativa― ha impulsado a ese reguetón más allá de lo que tal vez sus propios autores imaginaron.

Las censuras suelen ser el bumerán de lo que buscan, pero no ha de olvidarse lo que dijera José Martí, que siempre nos parece hablar para el momento: ¨Hay que dar oportunidad a lo mejor para que se revele y prevalezca, si no lo peor prevalece¨.

LAS JERARQUÍAS ARTÍSTICAS

El establecimiento de jerarquías artísticas es piedra de toque en la divulgación de nuestra cultura, aunque algunos suelan confundir la gimnasia con la magnesia.

Los filtros que de manera natural podrían y deberían establecer el rigor profesional, la cuidadosa selección de quienes acceden a dirigir un programa de radio o televisión, y una asesoría capacitada (sin los formalismos actuales ni los resquicios que tributan al dinero), cada vez presentan más orificios.

Estamos y estaremos pagando caros esos descuidos en materia cultural.

Dayara Bernal Roque me ha hecho llegar la carta que Osmani García (autor e intérprete del Chupi Chupi) le ha enviado al ministro de cultura de Cuba, Abel Prieto. La he leído tres veces y tres veces con asombro. Parece que en ciertos lares andan poniéndose de moda, peligrosamente, las autotitulaciones artísticas y los autoproclamados liderazgos.

Algunos han afirmado que el reguetón es puro terrorismo en materia musical. No suscribo tal afirmación. La cuestión no es satanizarlo, sino evaluar (como correspondería a cualquier obra de arte), CUÁLES TEMAS Y QUÉ INTÉRPRETES han logrado un nivel mínimo de calidad. De tal manera, se haría un favor al propio género y se evitaría su saturación y divulgación acrítica.

En una especie de creciente epidemia, los reguetoneros trabajan sobre una letra elemental, pedestre y pretendidamente transgresora, cuando en realidad, en muchos casos, no es más que obscena y primitiva.

Tengo la impresión de que para algunos de estos artistas, la letra es un verdadero relleno –una colección de ripios rimados– y han convertido su mensaje en caldo de cultivo para la marginalidad.

Es más, algunos bailadores me han dicho que lo que importa es moverse y repiten a diestro y siniestro, sin espíritu crítico, algunos estribillos lamentables. Los reguetoneros andan reposicionando códigos donde el machismo ramplón, el sexo y el dinero aparecen como estatus y sumum, como la verdad. En muchos temas y videos se repite la fórmula del “salvaje” y su harén.

Un vecino parece disfrutar con mi cara de espanto cuando me enseña un videoclip de un tema de “El Chacal” llamado La corrupción. !Apártate! No cabe otra palabra.

UN ARTISTA ES SIEMPRE RESPONSABILIDAD

Un artista siempre ha de asumir con responsabilidad lo que significa subir a un escenario o transmitir sus ideas a un público. Es una condición inexcusable para la que se ha de estar preparado humana e intelectualmente.

Como dije, la cosa va más allá del Chupi Chupi: faltan alternativas al alcance del bolsillo de la mayoría de la juventud. El precio de los discos cubanos sigue por las nubes, imposibles para nuestros discretos salarios. La crítica anda coja o ausente. La formación educacional se ha reblandecido. Ciertos asuntos parecen haberse agotado y algunos oídos han girado hacia otros discursos.

Habrá que buscar las condicionantes que hacen que a una parte de la juventud les atraiga y les complazcan cosas como estas, aunque no haya que olvidar que el fenómeno del reguetón no es privativo de Cuba.

Por otro lado, no puede obviarse que existe un mundo underground paralelo al de los medios tradicionales de difusión. La memoria flash de mano en mano es un mecanismo que camina más rápido de lo que cualquiera cree.

Es suicida para la cultura de un país legitimar ídolos falsos. Y peor, contemplar impasible cómo sucede.

Como nos movemos en un mundo de popularidades, valdrá la pena recordar la sabiduría popular remarcada en dos refranes: no se puede pasar gato por liebre y también aquel de… quien siembra vientos recoge tempestades.

La cultura cubana no es ningún balluqui (ballú, orgía o relajo).

* Reinaldo Cedeño es un periodista santiaguero de Radio Siboney

(Fuente: Cubaperiodistas)

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Una respuesta a “EL CHUPI CHUPI (reguetón): La cultura cubana no es ningún balluqui

  1. GRacias Maria Elena por extender nuestra opinion
    Un beso santiaguero
    Cedeño

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