¿Por qué los mosquitos prefieren a algunas personas?

Por Ángel Díaz

Algunas personas resultan más atractivas que otras para los insectos, una circunstancia que puede acarrearles desde ligeras molestias tras visitar la playa o el campo hasta infecciones o enfermedades graves como la malaria, una de cuyas principales vías de transmisión es la picadura del Anopheles gambiae.

Un equipo internacional de investigadores ha revelado que tanto la variedad como la cantidad de bacterias contenidas en la piel de una persona desempeñan un importante papel en la atracción de esta especie de mosquitos. Las hembras de estos insectos detectan durante la noche las señales olorosas de la piel, producidas por los microbios, y según esta información eligen su ‘presa’ y el lugar donde picar.

En general, las personas con más bacterias por centímetro cuadrado resultan más atrayentes a los mosquitos. Pero quienes más llaman la atención de los insectos son aquellos individuos que presentan más cantidad y menos biodiversidad en su microbiota de la piel. Los investigadores —encabezados por Niels O. Verhulst, de la Universidad de Wageningen (Países Bajos)— opinan que puede deberse a que una piel con más variedad de bacterias puede albergar algunas especies que interfieran con las señales que llegan a los mosquitos, y minimicen su efecto de atracción.

En cambio, hay géneros concretos de microbios, como los estafilococos, cuya abundancia provoca una mayor atracción de los insectos. Los autores del trabajo, publicado en ‘PLoS One’, creen que esta línea de investigación puede ayudar a crear “compuestos que inhiban la producción microbiana de olor humano” o a desarrollar estrategias para “manipular la composición de microbiota de la piel”. Todo ello con el fin de reducir la atracción generada por la piel y ayudar a controlar enfermadedes como la malaria u otras infecciones transmitidas por picaduras de insectos.

Las bacterias de la piel convierten compuestos no volátiles en otros que sí lo son, cuyas emanaciones llegan a los mosquitos y les ponen en alerta. En realidad, tampoco los humanos podríamos oler el sudor humano si no fuera por la acción de estos microbios, cuya proporción y diversidad difieren de unas personas a otras.

El estudio contó con 48 voluntarios varones de entre 20 y 64 años. Se les pidió que no bebieran alcohol ni comieran ajo, cebolla o comidas picantes. Tampoco podían ducharse y debían vestir unos calcetines de nailon bañados en etanol durante 24 horas. Pasado este tiempo, las emanaciones de su piel se recogían en contenedores de Teflon, que se mantenían adheridos a su pie durante 10 minutos.

Recuentos de bacterias en placa y métodos de secuenciación de ARN permitieron evaluar la variedad y cantidad de bacterias de cada uno de los voluntarios, nueve de los cuales resultaron significativamente más atrayentes para los mosquitos que el resto.

(Fuente: El Mundo)

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