¡Gracias, Pinar del Río!

Por Mayli Estévez

Pinar_del_Rio_logo_beisbolNunca antes, una vez concluida la actuación de Villa Clara, había interesado tanto a esta provincia la final de una Serie Nacional.

Los fanáticos del equipo naranja, en su gran mayoría, no dudaron en cambiar su color por el verde. A él le entregaron cada rezo, cada artimaña para congelar contrarios, cada insulto interno para el rival de turno.
A pedazos llegaban las victorias ajenas como propias, y las derrotas dolían, tanto como la ausencia del 15 en el staff de semifinales, tanto como el 4-1 que privó a los villaclareños de defender la corona.

El porqué se puede dividir en muchos. No creo que Pinar sea uno de esos más odiados, como le pasa a Industriales. No creo que Alfonso Urquiola merezca el más leve roce de una ofensa, de un cuestionamiento. No creo que Villa Clara prefiriera el triunfo de su matador en semifinales. No creo que la dualidad de amor-odio hacia Víctor Mesa abriera brechas a otro cierre, a un deseo diferente.

Los fuegos artificiales de la noche del 16 de abril en Santa Clara así lo confirman. Los villaclareños se tomaron muy en serio el título en disputa. Salías a la calle y el tinte verde recorría los toques de béisbol que todavía respiraba la provincia. A los términos de strike, jonrón o doble play se les unieron unos muy sugerentes que hablaban de justicia divina, de revancha, de hilos secretos. Algunos, los más entusiastas, comparaban situaciones, hasta idénticos les resultaron los cuadrangulares de Luis Alberto Valdés y Ariel Pestano. Villa Clara tenía su no favorito de antemano y al elegido de enfrente le puso su fe, su esperanza.

A los matanceros les costará aceptar otro descalabro a las puertas del paraíso, pero los números de su mentor no se equivocan. Mesa no tiene estrella ganadora como director técnico. Otra plata, y hay que llamarlo fracaso, pues pudo ser el año de los Cocodrilos.

A estas horas, no sé si ganó el béisbol, como dijo Urquiola a las cámaras, esta fue una serie de decisiones desastrosas. Pero en este minuto, sucede que Pinar sacó las castañas del fuego, ubicó en su lugar las piezas descarriadas. Al menos por este minuto, algo tiene sentido. Solo dos palabras: ¡Gracias, Pinar!

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