¿Quieres saber tu futuro?

Mercedes, la gitana, como le dicen muchos, tira las cartas, lee las manos y le da su bendición a los niños recién nacidos…

Por Dazra Novak

thumbnail-7e1a9041e60539d3f21ee3890953c8f8a1f8a26bMercedes es una cubana que, a sus cincuenta años, cree en la función profética de las barajas españolas. Alegre, dicharachera y pizpireta, cuando esta mujer sale a la calle sonando pulsos, con su larguísimo pelo negro y su pañuelo de gitana enrollado en la cabeza, los hombres, las mujeres, los niños, la gente, se dan la vuelta para mirarla.

“Nací en Esmeralda” -me dice- “en Camagüey. Vine para La Habana con nueve años y desde entonces, quizás por aquello de que los gitanos no nos estamos quietos en un solo lugar, he vivido en Regla, en la Habana Vieja, en el barrio de la Ceiba y hoy me ves aquí, en Marianao”.

Quizás porque es hija legítima de Elegguá, según me dice, toma en broma algunas de mis preguntas, me interrumpe para regalarme un caramelo y después, me regaña: “Dale un besito antes de abrirlo, chica, así es como se agradece la dulzura que te regalan. Aprende… que yo no soy eterna”.

Hace más de veinte años que Mercedes, la gitana, como le dicen muchos, tira las cartas, lee las manos y le da su bendición a los niños recién nacidos. “Sin fe no hay amor –me asegura-, y, para que sepas, la verdadera caridad no pide nada a cambio. Yo vine a este mundo a hacer el bien, lo que yo hago no es trabajo, lo mío es un don y lo uso para ayudar a la gente”.

Entre la amalgama de religiones que desemboca en nuestra Cuba de hoy, el espiritismo y la cartomancia son prácticas muy populares, terreno fértil para todo tipo de esperanzas. “Me llaman hasta de otros países para que yo les dé consejos. Preguntan de todo ¿me caso o no me caso? ¡Hazme un remedio gitano para que él me vuelva a querer! Me llaman por un niño enfermo o para saber si empiezan algún negocio”.

En el año 1989, mientras trabajaba como secretaria en la embajada cubana en la ex Unión Soviética, una gitana de Taskent le regaló esta muñeca que, sobre la vitrina de la sala, es una auténtica bailarina española en pleno taconeo. “A ti no te la vendo –dijo la débochka que le entregó la muñeca en pleno centro comercial- a ti te la regalo, porque viniste a darle la bendición al mundo”.

Michel, uno de los dos hijos que hoy vive en otro país, me mira desde una foto. Jorgito, cocinero de profesión, desde la cocina sugiere que hable de aquella obra inspirada en la vida de Lorca, de la compañía Danza Teatro Retazos, donde Mercedes vistió de gitana: “Aquello fue tremendo, todo el mundo pasaba a verme, querían que les tirara las cartas. Yo creo que hasta se olvidaron de la obra. Isabel Bustos es mi amiga, a cada rato me invita a alguno de sus estrenos”.

¿Y si ahora yo te dijera “leer el destino”, qué palabra te viene a la mente? –le pregunto. “¿Una palabra?” Después de estar un rato pensativa, sonríe. “Esa palabra es… amor”. Ambas quedamos en silencio y pasa algo de tiempo: “¿Qué, se te acabaron las preguntas? –me dice con sus pequeños ojos pícaros-, ya sé… quieres saber tu futuro. ¿Adiviné?”

(Fuente: CubAhora)

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