Sexo y violencia, otra vez

Por Rolando Pérez Betancourt

Sin remedio: el tema del sexo y la violencia en las películas que se exhiben por la televisión sale a relucir con la periodicidad de una maldición gitana.

“Están cortando”, se dice en la calle, entre otras cosas porque el que corta lo hace mal y no pocas veces sin justificación.

Escena de Secreto en la montaña

Escena de Secreto en la montaña

El asunto se discutió en el último Congreso de la UNEAC: “Se cercenan escenas de sexo y de violencia plenamente justificadas en películas de alta calidad que se exhiben en horarios nocturnos”.

A lo que habría que agregar que se cercena por épocas, cuando con mayor o menor razón se alerta del exceso de violencia fílmica (en específico del cine comercial) que a ratos parece devorarnos.

Al comentar en la página web de Granma una información apare­ci­da sobre lo que traerá este verano la televisión, un lector que se firma Armando escribe que “se cortan las escenas eróticas en filmes de calidad, o simplemente no los pasan si el sexo es un tema importante de la película (solo un ejemplo: nunca se han visto en la TV cubana las películas de Pasolini que conforman su Trilogía de la vida: Las mil y una no­ches, Los cuentos de Can­ter­bury y El Decamerón, porque contienen abundantes desnudos), sin embargo, hay que asistir todos los sábados y días entre semana a un festival de filmes americanos en los que sin pu­dor se muestran cuerpos destripados, masacrados, quemados, estrangulados, etc…, en nombre de estar a la moda con las televisoras extranjeras, al igual que las series, casi todas son policíacas o de crímenes y si­guen el mismo esquema…”.

No le faltan razones a Armando, aunque habría que recordarle que la televisión ha exhibido, sin que se le altere un solo cuadro, filmes como El último tango en París, Secreto en la montaña y la muy violenta Perros de pajas, en la que el maestro Sam Peckinpah trata la violencia extrema con la maestría de los clásicos griegos.

¿Habría que pensar entonces que de ser exhibidos esos mismos filmes en la hora actual no escaparían de las voraces tijeras?

No es lo mismo recrear en pantalla los crímenes ya clásicos de Medea, que exhibir una película donde una Lola tres puñales, en una producción de cuarta categoría, asesina por el mero hecho de ver correr la sangre.

Pero si con toda lógica los direc­tivos de la televisión alertan: “Ojo con el exceso de violencia gratuita” —¡que sí la hay!— y el que tiene que to­mar la medida in situ ignora la diferencia entre una Medea y una Lola tres puñales, entonces la solución de ese censor (para ir al seguro) pudiera ser tratar a las dos del mismo modo. O lo que es igual: des­conociendo por incultura la necesidad de la violencia, o de un desnudo como catarsis decisiva en una construcción dramática, cumple la orientación general y se lleva en la golilla todo lo que le huela a problemático.

Y pagan, por supuesto, el arte y el espectador.

No es un secreto que desde hace tiempo la televisión cubana suple, con su amplia y masiva programación, buena parte de lo que en otros tiempos correspondió al cine, hoy ca­da vez menos frecuentado.

Pero una mala aplicación de los conceptos de decencia y moral prevalecientes en todas las televisoras del mundo, el olvidar que existen programas y horarios idóneos para dar cabida a lo que no debe ver un niño a las seis de la tarde, puede privarnos de entrar en contacto con ex­celentes filmes y directores, o peor aún, verlos después de las tijeras.

(Fuente: Granma)

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