Quintillizas secuestradas

Hace 80 años las primeras cinco niñas de la historia que nacieron juntas, lograron salvar sus vidas, pero no su felicidad.

Por Luis Hernández Serrano

Las hermanas Dionne en su etapa de adolescentes. Tras ellas, sus padres Oliva Eduardo y Elzire Dionne. Al centro, en segunda fila, un sacerdote amigo de la familia. Foto: Internet

Las hermanas Dionne en su etapa de adolescentes. Tras ellas, sus padres Oliva Eduardo y Elzire Dionne. Al centro, en segunda fila, un sacerdote amigo de la familia. Foto: Internet

El lunes 28 de mayo de 1934, una noticia recorrió el mundo: el nacimiento de las primeras quintillizas de la historia que lograron sobrevivir: las canadienses Ivonne, Annette, Emilie, Cecile y Marie.
No era cualquier suceso. De los 33 quintetos humanos nacidos vivos hasta esa fecha, pocos sobrepasaron las dos semanas de vida, y solo un caso sobrevivió 50 días.

Sietemesinas, vinieron al mundo en un parto normal, sin necesidad de intervención quirúrgica. Juntas no pesaban más de diez libras. La última en nacer, Marie, pesaba solo una libra y diez onzas, y cada una podía ser sostenida fácilmente en la palma de una mano.

Tan pequeñas y delgadas estaban las cinco criaturas, que cuando el médico rural Allan Roy Dafoe atendió el parto de Elzire Dionne con la ayuda de las parteras Legros y Lebel, llamó a un sacerdote para que las bautizara antes de su muerte.

Dafoe les dio calor junto a una estufa de leña, auxiliado por las dos mujeres. Y algunas vecinas recién paridas les dieron leche materna para ayudar a salvarlas.

Hace 80 años, en el poblado de Corbeil, del distrito Callender, al noroeste de Ontario, Canadá, donde nacieron, no existían los recursos de atención al recién nacido disponibles actualmente.

Entonces ni se soñaba tener una incubadora con cámara cerrada, de material transparente, acolchado estéril para acostar al bebé, calefacción, ventilación asistida (filtro de aire exterior, soportes mecánicos de la respiración), ventanas para manipular a la criatura, la alimentación parenteral o intravenosa, ni los sistemas actuales de administración de fármacos, en fin, los sofisticados métodos de monitoreo y control del peso, así como las actividades pulmonares, cardíacas y cerebrales que existen hoy. (En 1961, 27 años después,

John F. Kennedy vio morir a una hijita que nació en la misma Casa Blanca con membrana hialina, por carecer de esos adelantos médicos).

Diferencias y semejanzas

No obstante su enorme parecido, «las Dionne», como siempre fueron llamadas las lindas criaturas, tenían lógicas diferencias. Las tres primeras en nacer, Ivonne Edouilda Marie, Annette Lillianne Marie y Cecile Marie Emilda, constituían un trío algo diferente al dúo restante, integrado por Emilie Marie Jeanne y Marie Reina Alma.

Estas, por ejemplo, eran más hipermétropes, de cara más estrecha, de paladar más ojival y a los tres años ya tenían 17 dientes, mientras que aquellas solo 16.

La más revoltosa, la más hermosa, la jefa del grupo, la que iniciaba los juegos, la más fuerte y sana, era Ivonne. Y Emilie era la única zurda. La más débil, pequeña, delgada, callada, melancólica y triste —aunque paradójicamente la más corajuda—, era Marie.

Oliva Eduardo, el padre, y Elzire Dionne, la madre, estaban tan asombrados como el mismo doctor Dafoe, pues ya el matrimonio tenía cinco varones: Ernesto, Daniel, Víctor, Oliva y Claudio, este último solo 11 meses mayor que las hermanitas.

Para identificarlas mejor, a las niñas les fueron otorgados colores y objetos representativos. A Ivonne le adjudicaron el rosado y el símbolo de un ave. A Annette el rojo y una hoja de arce, como el escudo de la bandera canadiense. A Cecile el verde y un pavo. A Emilie el blanco y un tulipán, mientras que a Marie el azul y un oso de peluche.

Secuestradas

Cuando los padres de las quintillizas firmaron un contrato para darlas a conocer en la Exposición Universal de Chicago, concluida el 31 de octubre de 1934, el primer ministro de Ontario, Mitchell Frederick Hepburn, ordenó despojarlos de la patria potestad de las niñas, al cumplir seis meses de nacidas.

Estuvieron bajo el cuidado ajeno, como pupilas de la provincia de Ontario y bajo la guía directa del doctor Allan Roy Dafoe y de otros tres guardianes, hasta que Elzire y Oliva lograron jurídicamente rescatarlas a los nueve años, tras muchos trámites legales.
Se estima que solo de 1934 a 1943, un total de tres millones de personas fueron a la institución Quintland, donde residían. Tanto el Gobierno como los negociantes de los alrededores de ese lugar, obtuvieron ganancias de más de 500 millones de dólares ante las diarias y masivas visitas de turistas de diferentes parajes de Canadá y del mundo.

Ir a ver a las quintillizas pasó a ser la atracción turística más importante de la provincia y una de las más relevantes del país.
Alrededor de 6 000 personas se contentaban diariamente con pagar la entrada y mirarlas a través de un cristal.

Pero Elzire y Oliva protestaban porque el doctor Dafoe ponía a las niñas a hablar solo en inglés, cuando ellas eran de Corbeil, territorio de habla francesa.

La prensa de la época llegó a decir que las Dionne se convirtieron en un destino turístico más visitado que las célebres Cataratas del Niágara.

Todo ello parecía un secuestro, y luego de construirles una residencia de 20 habitaciones para tenerlas y exhibirlas, estaba absolutamente prohibido por el premier Hepburn el regalo de golosinas, y que fueran cargadas, peinadas, acariciadas, abrazadas, besadas, entrevistadas, tomarse fotos junto a ellas, y ¡ni siquiera sus padres y hermanos!

El doctor Dafoe, quien falleció el 2 de junio de 1942 por una neumonía complicada y mal atendida, había participado con cierta relevancia en la salvación de las niñas en la etapa de recién nacidas; después asumió su custodia durante aquella especie de secuestro y estuvo de acuerdo con quitárselas a los verdaderos padres.

En realidad las quintillizas jamás superaron el trauma constante de sus vidas de la infancia, la adolescencia y la juventud. Siempre en contra de sus deseos, las llevaron a participar en obras de teatro, en entrevistas con periodistas, dramaturgos, escritores, cineastas, pintores, escultores y empresarios de publicidad comercial de distintos lugares.

El 15 de agosto de 1940, con seis años, bajo el control de Hepburn, las llevaron a hacer la primera comunión. En ese momento medían 45,5 pulgadas de estatura y pesaban como promedio 51 libras.

Al cumplir los llamados «dulces 16» —ya en el hogar de sus padres— salieron por primera vez de territorio canadiense, rumbo a Nueva York, donde les hicieron el peinado de moda (la permanente), las vistieron como señoritas, con los labios pintados, y fueron asediadas constantemente por las cámaras de los fotorreporteros de numerosos órganos de prensa.

Tres años más tarde, en 1953, Emilie decidió hacerse monja y la internaron en el Convento de la congregación del Sagrado Corazón de Jesús. Como extrañaba mucho a sus hermanas y hermanos, abandonó muy pronto la institución.

Sin querer, artistas y actrices

Las niñas, desde que nacieron, se convirtieron, sin saberlo, en máquinas de hacer dinero y fueron explotadas sin escrúpulo alguno por todos aquellos que estuvieron alrededor de ellas con ese fin, incluidos sus propios padres. Fueron a parar, sin obtener ganancias monetarias de ningún tipo, a las manos de los estudios de Hollywood, donde empezaron a protagonizar películas taquilleras que recaudaron millones de dólares, la primera con dos años de edad.

Tal fama adquirieron las hermanas Dionne que fueron recibidas por la ilustrísima Isabel Bowes Lyon, la Reina Consorte británica, esposa del Rey Jorge VI y madre de la actual Reina Isabel II y de la princesa Margarita Windsor, interesada en conocerlas durante una visita que hiciera a Canadá.

Durante más de 20 años las muchachas resultaron los personajes más populares de ese país y no había marca comercial que no quisiera utilizar la imagen de estas simpáticas quintillizas para algún cartel o anuncio publicitario.

Una temprana referencia a ellas apareció en la película Una noche en la ópera. Participaron en la obra teatral Siempre seremos inglesas, con lo que irritaron (sin querer) a la comunidad francófona canadiense. En 1994 su historia fue retomada en la película Million Dollar Babies (Los bebés del millón de dólares).

Solo en el celuloide de Hollywood, se filmaron en 1936 las películas El doctor rural, Reunión y en 1938 Cinco de la misma clase y Tierra de quintillizas.

En 1965 se publicó el libro Nosotras fuimos cinco, biografía hecha por Pierre Breton. Y en 1997 las tres que aún vivían escribieron una carta abierta sobre los septillizos McCaughey advirtiéndoles a los padres que no permitieran demasiada publicidad.

Annette, Cecile y Marie se casaron, tuvieron hijos y se divorciaron más tarde. Emilie no pudo hacerlo, pues murió muy temprano, e Ivonne nunca contrajo matrimonio ni tuvo descendencia. Así se esfumó el mito de las Dionne.

Fuentes: Colaboración por correo electrónico de Déborah Ojeda Valedón, ministra-consejera y segunda jefa de la misión de la Embajada de Cuba en Ontario, Canadá, y archivo del autor.

Muerte de las Dionea

El 6 de agosto de 1954, por asfixia en un ataque de epilepsia, murió Emilie, con 20 años de edad, en el Convento de St. Agathe. Fue velada en su casa y sepultada en el Lonely Cementery, en ceremonia presidida por el sacerdote amigo de la familia, W. H. Le France. Marie falleció de un accidente cerebrovascular, el 27 de febrero de 1970, a los 35 años. Ivonne, de cáncer, a los 67 años, en 2001, y en febrero de 2012 murieron, a los 77 años, Annette y Cecile, los últimos vestigios físicos de las famosas quintillizas que asombraron al mundo.

(Fuente: Juventud Rebelde)

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