Todo el mundo tiene una historia oculta que contar

Boccaccerías habaneras deviene una suerte de Decamerón sumamente extrapolado a la realidad cubana….

Por Diana Castaños

Boccaccerías habaneras, última película del guionista y director Arturo Sotto.

Boccaccerías habaneras, última película del guionista y director Arturo Sotto.

Si algo bueno tiene Boccaccerías habaneras es su diáfana estructura narrativa. La película, última producción de Arturo Sotto, a quien no veíamos desde La noche de los inocentes (2007) y Bretón es un bebé (2008), muestra desde un inicio el proceso creativo de su concepción.

El director de Pon tu pensamiento en mí (1995) y Amor vertical (1997) vuelve a estar en el centro de la cinematografía cubana con este filme, que deviene una suerte de Decamerón sumamente extrapolado a la realidad cubana, y que tiene entre sus logros satirizar el erotismo y poner humor sobre la voluptuosidad.

La película trata sobre un escritor (interpretado por el mismo Sotto), que al tener una crisis creativa, paga porque la gente le cuente historias. Como Scheherazade ante su sultán Schahriar, los habitantes de La Habana tratan de hacer entretenidos sus cuentos.

Más allá de la referencia del título y del hecho de que las mujeres demuestran habilidad extrema para el engaño, y por ende, suelen resultar ganadoras, hay muy poco de El Decamerón de Boccaccio en Boccaccerías… Lo que sí destaca en este filme, y mucho, es La Habana.

La Habana como locación perenne y determinante. Tanto es así que el título del filme, que inicialmente era Boccaccerías mías, cambió después que se escogieron las locaciones de la película. Y es que la ciudad deviene un personaje más (se suma a los más de 60 que tiene la cinta: es una obra coral).

Y si bien es cierto que el filme no muestra las imágenes –ampliamente gastadas— clichés de la ciudad ni esa Habana totalmente estereotipada, limitada en sus elementos folclóricos, tampoco manifiesta algo demasiado alejado de estos esquemas: en Boccaccerías… las mulatas siguen revelándose como el elíxir del Caribe —hasta el escritor, que se veía tan tranquilito, perdió la cabeza por una—; los cubanos siguen siendo bebedores, marañeros, y paradójicos hasta la médula, hasta el punto de que no tienen dinero para arreglar un pila de agua, pero sí para celebrar una boda en el 1830.

Todo el mundo tiene una historia oculta que contar, dice el eslogan de la cinta que resultó ganadora de los premios al mejor guion y el de la popularidad en el XXXV Festival de Cine Latinoamericano de La Habana y que —fotografía de Alejandro Pérez mediante— nos regala una vista que rescata la belleza de la ciudad capitalina.

Boccaccerías habaneras, la película que dio trabajo a medio elenco actoral cubano —tomaría dos párrafos escribir los nombres de todos los actores que participan— es una cinta entretenida, que se inserta perfectamente en la tradición de comedias del cine cubano, y que no entrega un filme lleno de sensualidad y desenfado. Mucho desenfado.

(Fuente: CubAhora)

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