Las mil curiosidades del universo de los superhéroes, reunidas en un libro

2014_8_17_tdojLYQsH3S8b8QqcFSsP3Barcelona, 17 ago (EFE).— El universo de los superhéroes está lleno de anécdotas, y así la “S” de Supermán es uno de los símbolos más populares del mundo, existe un elemento químico dedicado al dios Thor y artefactos de ciencia ficción usados por ellos se han hecho realidad, revela el libro 1001 curiosidades de los superhéroe.

Escrito por los especialistas en cómic Tomás Pardo y Pedro Monje y publicado por Robinbook, el volumen se centra en 80 superhéroes o grupos de estos enmascarados ordenados, por distintos vínculos entre ellos, en una veintena de capítulos, como “Héroes callejeros”, “Superhéroes con problemas”, “Las chicas son guerreras” o el imprescindible apartado dedicado a los supervillanos.

Pardo y Monje recuerdan que, antes de la aparición de Supermán en 1938, algunos populares personajes de los cómics presentaban ya rasgos de superhombres, bien fuera por su valor, habilidad en la lucha o uso de tecnología avanzada a su época, como en los casos de Dick Tracy, Flash Gordon, The Phantom o El Príncipe Valiente.

En una entrevista con Efe, Tomás Pardo explica que estos primeros héroes “dieron pie al universo de personajes en mallas multicolores que han ido apareciendo desde finales de los años treinta hasta la actualidad”, y así Batman bebe “de las novelas ‘pulp’ de La Sombra o Doc Savage”.

El policía Dick Tracy es, además, uno de los casos en los que utilizaba tecnología avanzada a su época, como un reloj teléfono primero y un reloj televisor después, que han acabado siendo realidad y han llegado al gran público muchos años más tarde.

“No hay duda de que los guionistas de cómics se han anticipado en multitud de ocasiones a la ciencia y la tecnología”, añade Pardo, que recuerda que Flash Gordon o Los 4 Fantásticos fueron pioneros en los viajes espaciales, o que Iron Man aplicó la nanotecnología a su armadura antes de la era de los microchips.

Los superhéroes y la ciencia han ido casi siempre de la mano y, entre las anécdotas que refleja el libro, figura que el físico sueco Jakob Berzelius bautizó un nuevo elemento químico aislado en 1829 como torio, de símbolo Th, en honor del dios de la mitología nórdica Thor, aunque eso fue mucho antes de la aparición del rubio personaje de la factoría Marvel.

En contrapartida, en el mundo del cómic han aparecido extraordinarios materiales aún no descubiertos por la humanidad, como el “vibranium”, con el que está hecho el indestructible escudo del Capitán América, o el “adamantium”, utilizado para crear las garras de Lobezno.

La era atómica significó un “boom” en la aparición de héroes y villanos afectados por las radiaciones y accidentes de laboratorio —Los 4 Fantásticos, Spiderman, Hulk, Doctor Muerte, El Duende Verde— que alcanzaron una popularidad utilizada hábilmente por los gobiernos de EEUU para aumentar las vocaciones científicas.

Tomás Pardo recuerda que en los años sesenta “el cómic era un medio muy popular que vendía millones de ejemplares todos los meses” y, por ello “el perfecto caballo de Troya para influir en el público”.

“En aquella época, la Unión Soviética superaba a los Estados Unidos y necesitaban aumentar las vocaciones en determinados campos”, una necesidad que coincide con la aparición de personajes como Peter Parker (Spiderman), Reed Richards (Los 4 Fantásticos), Tony Stark (Iron Man), Bruce Banner (Hulk) y “muchos más que de una forma u otra estaban relacionados con la ciencia y la tecnología”.

“De la misma manera —agrega Pardo— a principios de los setenta el gobierno de EEUU pidió al guionista Stan Lee que escribiera contra las drogas en Spiderman, el superhéroe más influyente de la época”.

El mundo de los superhéroes ha recuperado el esplendor de épocas pasadas por las superproducciones de Hollywood, que “ahora tiene la tecnología para llevar los cómics a la gran pantalla de forma creíble, sin que el resultado sea ridículo”, como ocurrió con los primeros intentos de adaptar estas aventuras al cine.

La adaptación a la gran pantalla ha tenido también sus vencedores y perdedores, y así sagas como los X-Men, Iron Man, Los Vengadores o la trilogía de Batman de Christopher Nolan han sido bien recibidas por el público y la crítica, mientras otras como Los 4 Fantásticos, Catwoman o Daredevil han debutado con más pena que gloria.

“Lo principal es contar una buena historia y tener el equipo necesario para hacerla creíble”, afirma Tomás Pardo, quien señala que “el público mayoritario que va a ver estas superproducciones no es el lector habitual de cómics, así que no van a verlas sólo porque salgan sus personajes favoritos, sino porque la historia lo vale”.

Pese a la proliferación de justicieros superpoderosos, los autores consideran que Supermán sigue siendo el icono de los superhéroes y, en este sentido, una encuesta aparecida a principios del siglo XXI aseguraba que su emblema era el más reconocido en el mundo tras los de Cruz Roja y Coca Cola.

Lo que seguirá siendo un eterno misterio es por qué nadie en Metrópolis reconoce a Supermán cuando adopta la identidad de Clark Kent sólo poniéndose un traje y unas gafas.

(Agencia EFE)

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