El lenguaje es el mejor termómetro del medio en que se vive

Por Yoelvis Lázaro Moreno

presentacion-del-boletin-SmallPara el lingüista y académico cubano Sergio Valdés Bernal, todo proceso por el que pasa una sociedad se refleja en la lengua que habla…

No hubo dilaciones ni reparos. Ni preguntas más allá de las necesariamente identificativas. No hubo bullas ni melindres ni catarsis. Apenas un saludo de cortesía, una intención manifiesta, y una voz atenta del otro lado del auricular con respuesta enfática, más que sorprendida: “Ah, sobre la lengua, hablar, entre otros asuntos, sobre la lengua como expresión de identidad. Qué bien, cómo no. Qué bueno que hay personas interesadas en aproximarse a este tema”.

El Doctor Sergio Valdés Bernal es tan humilde y gentil como el propio idioma, que tiene caminos y recursos para todo el mundo. Y, es que no me había presentado, medio escéptico aún, y ya sabía que entablaba diálogo con un intelectual cuya sapiencia brota cómoda, desentumecida, como rasgo que perfila a un hombre de letras, vehemente defensor de las singularidades léxicas, estudioso incansable de nuestro español y sus urdimbres con la cultura nacional. Profesor, miembro de la Academia Cubana de la Lengua. Y, así por el estilo, un amplio currículo con el que nos pone en deuda la síntesis periodística a la hora de presentar a los entrevistados.

Hablamos y acordamos vernos luego, pero llegamos al consenso también de darles a aquellas palabras primeras un sentido más amplio que no nos cansara por teléfono ni tampoco detuviera el interés por no poder planificar un encuentro personal inmediato. Me pidió entonces que pusiera en su buzón electrónico algunas preguntas. “No te demores mucho, que desde que tenga la posibilidad reviso y te escribo. Y sin darme mucho tiempo —aunque esto ocurrió hace ya algunos meses—, lancé por correo un cuarteto de interrogaciones, quizás no todas las que hubiese querido, en cuyas respuestas el especialista resultó, por encima de todo, preciso:

—Profesor, a sabiendas de que los cambios tecnológicos han modificado los escenarios productivos y reproductivos de la cultura, y que la lengua guarda una estrecha relación con esta, ¿se pudiera hablar hoy de nuevos conceptos o cambios en la manera de entender ese vínculo?

“No. No hay nuevos conceptos o cambios en el sentido de que la lengua española, en su modalidad cubana, es un importante elemento de la identidad cultural del cubano y soporte idiomático de nuestra cultura. Una lengua común es la que nos une como nación”.

—¿Considera que el español cubano actual, si se compara con otras variedades entre los hispanohablantes, así como con las posturas de las instancias normativas del idioma, vive un buen o mal momento, o simplemente vive su momento?

“No hay un “buen” español o “mal” español, como ninguna variedad nacional: cubana, mexicana, venezolana, etc., es mejor que otra. El español cubano no está viviendo ningún mal momento. El uso de un idioma atañe a la sociedad y a los individuos que la componen. Mientras más nivel cultural tengan sus miembros, más se esforzarán por preservar ese medio de comunicación en su función nacional, forjadora y perpetuadora de la nación, y en su función cultural, como soporte idiomático de la cultura.

“En toda sociedad, lamentablemente, hay individuos cuyo nivel cultural no les permite percibir, tener noción y conciencia de la importancia que tiene su lengua. Si por los motivos que fueren, la familia, la escuela y la sociedad no obligan a la preservación y transmisión de generación en generación de los correctos patrones o modelos lingüístico-culturales, esto se refleja en el empobrecimiento y vulgarización del lenguaje. El lenguaje es parte de la cultura, de la vida cotidiana de las personas. Si algún fenómeno está afectando a la sociedad, este se manifiesta también mediante el comportamiento verbal”.

—Como organismo vivo en constante evolución y ajuste a las exigencias del contexto, ¿de qué modo nuestra lengua acompaña, o pudiera acompañar mejor las transformaciones que vive el país? ¿Pudiera hablarse de algún punto de convergencia decisoria entre la lengua, la economía y todos los virajes actuales en la sociedad?

“Un lingüista dijo que la lengua es el espejo de la sociedad. Si cambia la sociedad, eso se refleja en el lenguaje. Por ejemplo, después del triunfo revolucionario de 1959 nuestra realidad económica cambió. Surgieron nuevas instituciones con sus denominaciones propias, nuevas realidades y formas de nombrarlas, hasta las formas de tratamiento cambiaron. Así, pues, todo proceso por el que pasa una sociedad se refleja en la lengua que habla.

“Hoy, algo similar está ocurriendo, pero en detrimento del buen uso del lenguaje, del lenguaje como forma de expresar la educación de la persona, ya que se ha impuesto en nuestra sociedad, a grandes rasgos, la vulgarización, la violencia verbal, el excesivo uso de palabras soeces, incluso entre las niñas. Y eso se debe a un grave problema socioeconómico que venimos arrastrando desde el eufemísticamente llamado “período especial”, del que no hemos salido todavía. Las dificultades económicas que afectan a nuestro pueblo ya hace mucho que han venido resquebrajando la moral, la sensibilidad, las actitudes y el comportamiento, incluido el comportamiento verbal, pues en cualquier sociedad todo está estrechamente entrelazado. Desconocer o ignorar conscientemente esto es como tapar el sol con un dedo”.

—Tratándose de un asunto que concierne a todos, al pasar por la adopción de una conciencia lingüística desde las estructuras gubernamentales del país a todos los niveles, investigadores, académicos, la familia, el sistema de educación, los medios de comunicación, hasta llegar a la ciudadanía en general, ¿qué puede hacerse hoy, cada cual por su parte o de conjunto, para contribuir a una mejor salud de nuestra lengua?

“En efecto, este es un tema que concierne a todos, por lo que la única forma de lograr una conciencia lingüística coherente y responsable es exigir el correcto uso del lenguaje, y en eso la familia, la escuela y los medios masivos de comunicación son importantísimos, sin pasar por alto los centros de trabajo.

“Una telefonista, una secretaria, un jefe de departamento, quien sea, en cada puesto de trabajo que desempeñe, el lenguaje es su mejor carta de presentación. Pero, si no existe la motivación para ello, el porqué hay que hablar correctamente o por qué hay que ser educado incluso en el uso del lenguaje, no se resuelve nada.

”No se trata, por ejemplo, de que un guagüero, o un albañil o un arquitecto, hable como un locutor de radio o televisión. Se trata de que la persona tome conciencia de respetar su propio idioma, pues su forma de hablar indica su grado de educación, de cultura. Si el medio en el que se desenvuelve no le exige el respeto a una serie de patrones culturales, entre ellos el correcto uso del lenguaje, no puede tomar conciencia de ello. Y esa conciencia la tiene que imponer la propia sociedad con sus reglas de comportamiento.

”Recuerdo que antes había mucho más respeto que ahora, incluido el uso del lenguaje. Por muy humilde que fuese una persona, tenía una educación formal que se la imponía la propia familia y el medio en que vivía. Y eso le daba dignidad a la persona, por lo que se le respetaba. Siempre había modelos que seguir, en la escuela, en el trabajo, en cualquier lugar la persona educada era el modelo a seguir. Lamentablemente, hoy se ha generalizado la grosería, el maltrato, la irreverencia cotidiana. Repito, el lenguaje es el mejor termómetro del medio en que se vive, y me preocupa que el nivel del mercurio continúe ascendiendo”.

(Fuente: Juventud Rebelde)

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