La impronta científica de Luis Larragoiti

Por Orfilio Peláez

Nacido en la ciudad de Matanzas el 25 de agosto de 1914, Luis Adolfo Larragoiti Alonso tuvo méritos suficientes para inscribirse dentro de las figuras destacadas en las ciencias naturales y técnicas del siglo XX en Cuba.

Como manifiesta a Granma el profesor Luis Enrique Ramos Guadalupe, reconocido historiador de la meteorología en nuestro país, luego de graduarse con notas sobresalientes de Ingeniero Eléctrico en la Universidad de La Habana en 1940, Larragoiti inició su vida laboral en el Observatorio Nacional.

De inmediato, subraya Ramos Guadalupe, se vinculó al área de las radiocomunicaciones, teniendo la responsabilidad de mantener a punto los equipos de telegrafía inalámbrica que enlazaban a la entidad con las estaciones meteorológicas asentadas en determinados puntos del territorio cubano y los buques en alta mar, además de operar las transmisiones de la estación de radio del propio Observatorio, que salía al aire con las denominaciones CLX y CLT.

Su notable trayectoria profesional incluye haber obtenido una beca para hacer estudios de posgrado en el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts, Estados Unidos, donde terminó una maestría en Termodinámica. Tras su regreso a la Patria, participó activamente en la introducción y entrada en funcionamiento de la técnica de sondeo atmosférico con radiosondas, incorporada al servicio meteorológico cubano en 1944.

Tres años después, Larragoiti es nombrado profesor de la Academia Naval de la Marina de Guerra, en Mariel, y allí permanece hasta el triunfo revolucionario.

Según precisa el profesor Luis Enrique, luego de producirse la jubilación de José Carlos Millás a mediados de 1961, Larragoiti es designado por la jefatura de la Marina de Guerra Revolucionaria para ocupar el cargo de director del Observatorio Nacional.

Entre sus contribuciones más significativas en esta etapa figura la reorganización del servicio de pronósticos del tiempo terminada en 1962, la adquisición e instalación de dos radares modelo Decca-42, los cuales constituyeron la base técnica de nuestra primera red de ese tipo con fines meteorológicos, y el mejoramiento de los equipos de radiofonía.

A su gestión se debió también la revitalización del Boletín del Observatorio Nacional, cuyas ediciones no salían hacía veinte años.

Desde 1964 impartió clases de meteorología y climatología en la Escuela de Geografía de la Universidad de La Habana, contribuyendo a la formación de nuevos especialistas.

Colaboró, además, en la instalación del planetario emplazado en el entonces Museo de Ciencias Naturales Felipe Poey, en el edificio del Capitolio Nacional. Al fundarse el Ins­tituto de Meteorología en 1965, la presidencia de la Comisión Na­cional de la Academia de Ciencias lo designa para dirigir el grupo de Astronomía, elevado más tarde al rango de departamento.

Un lustro más tarde es creado el Instituto de Astronomía, y lo ratifican como director de la nueva institución, labor que compartió con la docencia activa hasta 1984.

Fallecido el 18 de febrero de 1998, Larragoiti fue un entusiasta divulgador de la ciencia, y miembro fundador de la Sociedad Cubana de Historia de la Ciencia y la Tecnología.

(Fuente: Granma)

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