Maltrato a la vejez: ¿cosa de novelas?

La convivencia intergeneracional en la Cuba que envejece no puede estar marcada por maltratos físicos y psicológicos hacia las personas de la tercera edad…

Por Ana María Domínguez Cruz

Humillaciones, insultos, desvalorizaciones padecen muchos ancianos en sus hogares. (Ariel Fernández Santos / Cubahora)

Humillaciones, insultos, desvalorizaciones padecen muchos ancianos en sus hogares. (Ariel Fernández Santos / Cubahora)

—¡Tómate la leche y no te embarres la ropa!, le gritó ella.

El anciano se sentó a la mesa a desayunar mientras su hija caminaba hacia el cuarto donde él acostumbra a dormir.

Tender la cama no le resultó tarea fácil, pues descubrió que su padre se había orinado en ella, durante la noche, y no aguantó entonces los improperios y las muecas de molestia y obstinación.

—¡Te dije que no te ensuciaras la ropa! Anda, ¡ve, cámbiate la camisa y desaparece de mi vista!, le espetó al anciano al volver del cuarto con las sábanas en los brazos.

Y el primer capítulo de la telenovela cubana La otra esquina continúo transmitiéndose por Cubavisión, pero yo seguí atónita en el sofá, a la espera de otra escena desgarradora que llegó minutos después, cuando el almuerzo se demoraba y la opción de ver las teleclases de Marxismo no pudieron entretener al anciano y, aprovechando un descuido, se escapó a la calle.

Escenas desgarradoras de un programa televisivo que refleja la vida real.

Ese personaje, ese anciano al que la hija maltrató en dos momentos del primer capítulo de una telenovela que hurgará en nuestra cotidianidad, puede ser su padre, su abuelo, su tío, su hermano, incluso usted mismo o yo, cuando el reloj avance un poco más. Y esa hija que no sabe tratarlo con paciencia y dulzura, que no escatimó en ofenderlo y que al parecer se comportará así en el transcurso de la telenovela, puede ser su hija, su sobrina, su nieta, su hermana en la vida real.

Duele ver estas historias en la pequeña pantalla pero claro que hay que verlas. Es el momento en el que la familia se reúne a compartir un espacio, en el que quizás, como sucede en algunos hogares, se deje fuera al que peina canas. Es el momento en el que muchos, aunque pensemos que son pocos, pensarán que se están mirando en un espejo y accederán a reflexionar, tal vez, sobre su conducta.

Es que a pesar de que sabemos que Cuba envejece, que casi el 20 por ciento de la población es de la tercera edad y que los pronósticos advierten que en el 2025, cuando sean 1 200 millones las personas que se encuentren en esa categoría en el mundo, más del 30 por ciento de los cubanos aportará cifras a ese listado con 60 años y más, los maltratos físicos y sobre todo psicológicos aportan tristes números a la lista de la realidad cubana.

Recientes estudios advierten que estas situaciones suceden con frecuencia en nuestro país. La psicóloga y profesora Teresa Orosa, presidenta de la Cátedra del Adulto Mayor de la Universidad de La Habana en la sede de la Asociación Cubana de Naciones Unidas, refiere que el 44 por ciento de los victimarios son sus propios hijos, mayormente varones; el 14,6 por ciento son sus cónyuges y el 17 por ciento son otros familiares, entre ellos yernos, nueras y sobrinos, entre otros.

Es muy difícil detectar e intervenir en este tipo de situaciones violentas pues estas tienen lugar en los domicilios y el temor a confesarlo se apodera de los ancianos, alertó Antonio Martínez, presidente de la Sociedad Cubana de Antropología Biológica.

En un estudio realizado a una muestra de 101 ancianos del municipio capitalino de Playa, refiere el especialista que se detectaron 41 casos de maltrato en sus distintos perfiles, y el abuso más frecuente resultó ser el económico-financiero, seguido del psicológico, la negligencia o la desatención, y por último, el maltrato físico.

“La arista del maltrato económico-financiero también tiene que ver con cómo, cuando en ciertos hogares quienes durante muchos años sostuvieron a la familia desde lo material, llegan al momento de merecer descanso, protección y gratitud y, en cambio, se dan de bruces con la soledad, la sensación de que molestan y hasta el desprecio”.

Humillaciones, insultos, desvalorizaciones, amenazas de muerte, rechazo, irrespeto a la intimidad, administración del dinero, gritos, descuidos intencionales, burlas grotescas y abandono son algunas de las muestras de maltrato que padecen muchos ancianos en sus hogares, a quienes se les limita el ejercicio de sus derechos y la posibilidad de disfrutar de la vida, precisó Orosa.

Los hechos cotidianos de este tipo se invisibilizan, añade, y aparecen casos de gerontofobia, que no es más que ese rechazo a los longevos por quienes olvidan que la vejez es el futuro de todos.

Resulta preocupante el incremento de casos de abuso patrimonial, acota la pedagoga, en los que se hurta el dinero del adulto mayor o se falsifican sus documentos, y las negligencias asociadas al cuidado de su ropa, su higiene y la administración de sus medicamentos, entre otras cuestiones, agrega la especialista.

Algunas iniciativas a nivel social, como puede ser la convocatoria a participar en un concurso sobre Martí, por ejemplo, dejan fuera a los adultos mayores pues limitan el rango de edad, agrega Martínez. “Son maneras excluyentes, de diferenciación, que nada aportan a la convivencia intergeneracional a la que debemos enfrentarnos en la Cuba del futuro”.

¿No cree que eso pueda suceder? ¿Le parece cosa de novelas? Si así sucede, es una muestra de que no será quien me lee una de esas personas, capaz de protagonizar hechos como los narrados, pero tenga siempre presente que las novelas son productos de la imaginación de un escritor en la medida en la que los personajes, con sus nombres y viviendas, no existen, pero las situaciones sociales de las que se nutre quien escribe para inventar su obra, son tomadas de la realidad que tenemos a la mano, de la que formamos parte usted, yo y ese anciano que carga muchos años en sus hombros, y ya no puede sostener con firmeza un vaso de leche y por eso se ensucia la camisa.

(Fuente: CubAhora)

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