La lucha de la tercera edad

Una mirada a las preocupaciones de la tercera edad en Cuba…

Por Adán Iglesias

El alto índice de envejecimiento poblacional preocupa y ocupa al país hoy. (Adán Iglesias Toledo / Cubahora)

El alto índice de envejecimiento poblacional preocupa y ocupa al país hoy. (Adán Iglesias Toledo / Cubahora)

Frente a nuestros ojos, en las afuera de centros comerciales en moneda nacional preferiblemente, pero también en divisas, un grupo de ancianos y ancianas revenden productos para aumentar su entrada económica.

Su pensión o retiro no alcanza para suplir todas sus necesidades, y estas los llevan a ofertar desde periódicos a peso, café de la cuota, leche en polvo, cuchillas de afeitar, interruptores eléctricos, papel para forrar libretas, jabas de nailon a peso, caramelos y cigarros al menudeo, pasta de diente, jabón de lavar, etc.

Es otra de las tantas relaciones comerciales ilegales que habitan con nosotros.

De esta se comenta poco, puede ser, para no “echarle a perder” las escasas entradas que tienen nuestros abuelos, o por el cariño y respeto que les tenemos.

Su reloj biológico los hace levantarse bien temprano. Ya las 6 de la mañana para ellos es tarde y desde bien entrada la madrugada están marcando para comprar el periódico o están vendiendo café. Sus años de trabajo son reciprocados con el pago de su chequera, la cual cobran después de una larga cola, lo mismo en el banco que en una casa de cambio (CADECA).

No todos buscan la solución a su escaso retiro con la reventa de productos. Los veo bien mayores barriendo calles o chapeando jardines. Luchan hasta que las fuerzas se lo permiten y son un ejemplo de laboriosidad que va a ser difícil de imitar por otras generaciones.

La alta tasa de ancianidad que se espera vaya apareciendo a medida que nos acercamos al 2020 es preocupante. La inquietud no va solo relacionada con los retiros, sino con algo fundamental: su ocupación.

Muchos de nuestros abuelos se aburren y deprimen por la inactividad. Por eso algunos esperan con emoción la cola de la chequera en el banco, pues es el momento ideal para charlar y recordar ocurrencias de la infancia y juventud, junto a interlocutores que sí les interesa el tema, pues fueron testigos de muchas de las picardías o momentos especiales que ahora se comentan.

Las Casas de Abuelos tendrán que crecer en capacidad y calidad, los Joven Club de Computación tendrán que cambiar sus nombres, pero aprovechar la experiencia de los de la tercera edad será el reto mayor de la realidad que se nos avecina.

Mirar hacia el lado contrario donde nuestros abuelos revenden lo que pueden no es la solución.

(Fuente: CubAhora)

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