De frente al ébola

El galeno villaclareño Rafael Corona Pérez integró la avanzada de tres expertos cubanos que arribó a Sierra Leona para mitigar el dolor humano. Hombres de corazones sin fronteras que, a pesar de los riesgos, cumplen su misión…

Por Ricardo R. González

DSC00863Freetown, la capital de Sierra Leona, resultaba un punto distante e incógnito para el galeno villaclareño Rafael Corona Pérez. Una huelga en los aeropuertos galos hizo que la travesía fuera más larga, por lo que el camino impuso pasar por España, hacer otra escala en Marruecos, hasta llegar al destino africano.

Para él no constituía la primera experiencia riesgosa, mas la situación en torno al ébola aparecía como el gran reto de una nueva experiencia sin antecedentes en la práctica.

Así iniciaba la historia de tres cubanos que integraron la avanzada del grupo: un espirituano radicado en La Habana, un guantanamero y un villaclareño, que partieron el pasado 19 de septiembre y llegaron en la mañana del día 21.

Corona ok«El resto de la brigada —precisa Corona— arribó el 2 de octubre, luego de una preparación previa que recibimos en Cuba, guiada por la dirección de la Unidad Central de Colaboración Médica en estrecha cooperación con el Instituto de Medicina Tropical (IPK), y la Organización Panamericana de la Salud (OPS)».

Como deportistas que van en busca de una medalla de oro en favor de la humanidad inició el entrenamiento intensivo. El uso del traje de protección, la organización del trabajo, la seguridad y la bioseguridad del personal,según el programa trazado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), constituían el ABC inviolable en cada jornada.

Pero el día a día trajo la fotografía real. «Fue muy impresionante ver a los pobladores sin una verdadera percepción de riesgo, a pesar de que llegamos en pleno toque de queda decretado del 19 al 21 de septiembre. Las costumbres y hábitos, totalmente incorrectos, favorecen mucho el contagio y la propagación de la terrible enfermedad», relata el doctor Corona vía correo electrónico.

Ante este panorama no había tiempo que perder. La llamada zona roja, o área directa de enfrentamiento, aguardaba. Una vez cumplido los requisitos de la OMS, se aplicaron las estrategias en los diferentes hospitales de la capital.
«Nuestra brigada está integrada por 165 colaboradores; de ellos, ocho villaclareños. Las rotaciones en el hospital de Kerry Town, donde labora un numeroso grupo de los compañeros, son cada seis horas. Una vez pasados 60 minutos se produce el relevo, y el personal saliente cuenta con dos horas de descanso».

—¿Han podido cuantificar la cantidad de habitantes atendidos por los cubanos?
—Resulta difícil, pues el personal atiende, la mayor parte del tiempo, los casos confirmados en las áreas rojas, y en ocasiones colabora en la clasificación o apoya a otras demarcaciones junto a los expertos del país o los extranjeros. En las zonas rojas se valoran alrededor de 10 a 12 enfermos graves a diario, ya que los hospitales son de nueva creación, al tiempo que se incrementan, progresivamente, los casos de acuerdo con los aseguramientos y la organización interna de las áreas».

Vestir el atuendo requerido para enfrentar la epidemia resulta, quizás, el detalle de mayor complejidad. Demanda de unos 15 minutos como promedio. «El tiempo depende de la habilidad adquirida, y lo más importante es que se cumplan los pasos establecidos bajo supervisión estricta. Lo más peligroso es quitarse el traje ya contaminado, por lo que la tarea se hace mayor al tener que cumplirse las fases de la desinfección, baño y cambio de ropa», afirma quien se desempeña, además de médico, como miembro del Consejo de Dirección de la Brigada y responde por el aseguramiento logístico.

SORPRESAS EN EL CAMINO

Nunca imaginó el doctor Corona Pérez que la vida le propiciara un grato momento en medio de tantas contingencias. Uno de los alumnos formados en la Universidad Médica villaclareña y nativo de Sierra Leona figura como ayudante entre los cubanos.

«Se trata de Patric don Davis. Terminó su carrera en la facultad de Estomatología hace unos 20 años. Un relevante profesional que no ha querido abandonar a su pueblo en este grave contexto.

«Ni imaginé el reencuentro. Lo reconocí enseguida porque en sus tiempos de estudiante mi esposa era la decana de los Becarios Extranjeros del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara. Para mí resultó muy estimulante apreciar los valores humanos y morales de quien se enorgullece de haber estudiado en Cuba, y tiene la conducta de un verdadero internacionalista».

Entre tantas tensiones un motivo de pura sensibilidad humana estremeció a los cubanos, cuando fue confirmado el diagnóstico del doctor habanero Félix Báez Sarría para desbordarse el manantial de solidaridad entre todos.
«Precisamente forma parte de nuestra brigada, y puedo decir que nos hemos cohesionado mucho más después de la contaminación del compañero. Ello expresa con fuerza la decisión de cumplir la tarea y regresar sanos a Cuba.

«La información sobre el estado de salud de Félix ha sido permanente por parte de la dirección del colectivo, la Embajada Cubana, y por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP).

—Gerardo Hernández Nordelo, uno de los prisioneros encarcelados injustamente en el Imperio, calificó el trabajo de ustedes como el de verdaderos héroes ¿Cuál es su valoración personal ante este hecho?
—De la carta de Gerardo me impresionó mucho este párrafo: «Ahora, con esa lección extraordinaria de heroísmo que ustedes están dando al mundo, nos sentimos aún más orgullosos, y no alcanzarían las palabras para expresarles cuánto nos fortalecen con su ejemplo. Ustedes son hoy nuestros héroes».

«Qué se puede decir cuando el reconocimiento viene de parte de un gran ejemplo de altruismo y de patriotismo. Él y sus cuatro hermanos son un símbolo de lo inmenso que resulta nuestro pueblo y su capacidad de responder al llamado de la Patria, pero no creo que merezcamos esa condición. Es verdad que se necesita valor, y otras cualidades, pero también es un deber profesional salvar vidas bajo cualquier circunstancia».

—¿De todas las misiones cumplidas esta ha sido la más compleja o cada uno encierra sus particularidades?
—Todas presentan en común un gran peligro para la vida, y también la posibilidad de evitarlo y protegerse. Creo que el éxito está en lograr una organización eficiente con una disciplina consciente.

—Dicen que Ud. es un hombre de contingencias. ¿Realmente se considera así?
—Constituye parte de mi formación revolucionaria, adquirida en un país de contingencias, en el que enfrentar los retos ya es una idiosincrasia del cubano.

DESDE LA DISTANTE VILLA CLARA

Parece que los días se alargan en el hogar del doctor Corona, aunque la comunicación no ha faltado. Se le extraña por el patio, convertido en pequeña arboleda, donde confluyen mameyes, maracuyá, o mangos, entre otras variedades.

Quizás hasta canes y felinos presentes en el lugar experimenten sus morriñas, en tanto la cocina clama por su sazón, mientras se desean los ajiacos o cualquier plato salido de su ingenio.

Que lo diga Bárbara Cabrera Menéndez, la esposa que conoce las complejidades en la vida de Corona desde que la Universidad Médica lo recibe bien temprano para enfrentar sus tareas cotidianas.

«Estudia mucho, investiga, asesora a los demás, y forma parte de tribunales», sustenta quien es, además, profesora de Morfofisiología en el propio centro docente.

«Esta misión fue muy rápida. Recuerdo que él estaba en una reunión del Comité del Partido y recibió una llamada urgente. Era de Colaboración, le explicaron lo que era, y nos dijo: Me voy en cuestión de días».

Para Barbarita la ausencia de su compañero, una vez más, se ha convertido en parte de lo cotidiano. Evoca aquellos días de Surinam, la más larga de todas las misiones, y a la vez la más difícil por todas las situaciones familiares que enfrentaron en aquellos días.

«A veces pienso que ya no va a pasar nada más en el mundo, y que vamos a estar juntos, pero aparece de nuevo otra encomienda. Hay como especie de un subconsciente preparado, y llega a ser para nosotros algo normal. Porque su vida siempre ha sido así, incluyendo su período como militar».

Aunque laboren en la misma institución coinciden en ocasiones, sobre todo a la hora del almuerzo y no siempre, pues cada quien está en función de sus obligaciones.

«Corona me explica que está trabajando fuerte, y me sentí en extremo feliz al saber que uno de los alumnos graduados por nuestra Universidad contribuya a la causa. Son los frutos de la obra, pues resulta el único alumno de Sierra Leona diplomado en nuestra facultad de Estomatología.

Por su parte, Yadira Corona Cabrera, campeona nacional de triatlón en 2006-2007 e hija del matrimonio, piensa en él, mientras enfrenta el rudo entrenamiento que debe vencer para asistir a las competencias iberoamericanas fijadas en 2015.

Entre las dobles sesiones de natación, ciclismo y carrera, de manera alterna, hay momentos en que le parece que corre, nada o pedalea junto a él.

«Lo que más extraño de mi padre es su apoyo. Siempre dispuesto y embullándome para las confrontaciones deportivas. En sus correos no falta el estímulo para que busque la preparación óptima, por lo que tengo un reto encaminado a satisfacer sus deseos».

Mientras tanto, cada sentimiento es también compartido por Carlos Javier Obregón Rodríguez, el joven que conoció a Yadira hace más de una década gracias a los deportes practicados en común, y hoy alimentan el noviazgo.

Y si hay un punto convergente entre ellos es que reafirman a Corona como un hombre de contingencias «porque enfrenta el peligro y tenemos la impresión de que sabe cómo dominarlo».

Ecuador, Surinam, Haití, Sierra Leona…. Puntos distantes pero que acumulan gran parte de la vida de Rafael Corona. Por eso desde la convulsa África también hay un mensaje para sus seres queridos.

«Pienso mucho en mi familia, que es parte de la misión, por su valentía, por su sacrificio, porque saben estimularme y comprenden el alcance de de esta. Pienso en la vida en Cuba, y en regresar con la misión cumplida para educar a nuestros estudiantes con nuevos elementos. Es admirable constatar cómo se respeta el ejemplo, y nunca estaremos viejos si mantenemos joven aquella luz iniciada, hace más de cinco décadas, en aquel enero».

Así son los cubanos. Esos que, desafiando peligros, se mantienen de pie, de frente al ébola.

¿QUIÉN ES RAFAEL CORONA?

Tiene 66 años. Un día se decidió a estudiar Medicina y optó por la especialidad de Higiene y Epidemiología. Quizás imaginó, alguna vez, constatar realidades muy crudas en un mundo con tan diversos matices, pero sentía, según él, la necesidad de brindarle un nuevo enfoque a la medicina cubana con un pensamiento nuevo.

Así se sumó a la corriente del desarrollo del método epidemiológico para el estudio y control de las enfermedades crónicas no transmisibles, mas una preocupación personal le fue creciendo en la medida en que constataba el desarrollo de medios biológicos con fines militares, económicos o políticos. Tampoco le restó importancia al efecto de la contaminación química y radiológica manipulada por las grandes transnacionales que ponen en peligro la vida en el Planeta.

No se considera un superhombre ni un héroe, pero suma cuatro misiones bajo situaciones de catástrofes u otras contingencias.

Una en Ecuador ante la erupción del volcán Tungurahua, en la que solo cuatro cubanos resultaron seleccionados para cumplirla, otra en Haití luego del devastador terremoto y la epidemia desatada de cólera, y la actual en Sierra Leona, todas como integrante de la Brigada Henry Reeve.

Sin embargo, la más prolongada resultó la cumplida en Surinam, que le ocupó dos años de su vida, ante los azotes del dengue, y en la que participó como parte del Programa Integral de Salud (PIS).

En la Universidad Médica de Villa Clara se desempeña como profesor consultante del departamento de Salud, en la especialidad de Higiene y Epidemiología, y también asume la jefatura de la cátedra de Medicina de Desastres.
Sin duda, un reparador de sueños que ha dejado sus huellas benéficas en una parte del Orbe.

MEMORÁNDUM

— Sierra Leona cuenta con una población de poco más de 6 millones (según estimados de 2005), y la tasa de mortalidad materna resulta la más alta del mundo, con una esperanza de vida de 57,39 años,
aproximadamente.
— En marzo de 2014 sanitarios de Guinea anunciaron el estallido de una misteriosa fiebre hemorrágica. Fue identificada como el ébola, y se extendió a SL en mayo del actual año. El virus no es endémico de este país, y también se reporta en Liberia.
— El mismo día (2 de octubre) en que arribó el grueso de la brigada cubana ya se estimaba que unas cinco personas infestaban cada hora solamente en Sierra Leona.La cifra de contagiados se ha ido duplicando cada 20 días.
— Respecto a la transmisión se consideran de interés los fluidos corporales infecciosos como la sangre, el sudor, el semen, la saliva, las heces fecales, las secreciones vaginales, los vómitos y las diarreas, entre otros.
— De acuerdo con las investigaciones el periodo de incubación de este virus es de dos a 21 días, y en caso de haber mantenido relaciones sexuales con infectados puede extenderse a siete semanas.

(Fuente: Vanguardia)

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