La molesta piedra del descontrol

Por Ángel Freddy Pérez Cabrera

Siempre que escucho en una reunión u otro escenario, hablar de alguna situación de descontrol, recuerdo una frase cubanísima que solía decir mi mamá: “tiraron el machetazo después que pasó el majá”, una idea muy vinculada a la actuación de determinados jefes que se acuerdan del control cuando viene una auditoría y descubren que les han estafado en sus narices miles o millones de pesos.

f0028295Y es que año tras año se repite la misma historia de la falta de vigilancia en administraciones y sus aparatos de supervisión, las que debían detectar a tiempo a los pillos que roban, desvían y sustraen los recursos que el Estado ha puesto en sus manos.

Se ha dicho tantísimas veces que el mejor control es el interno, ese que debe ejercer cada hora, día y semana el máximo responsable de la entidad y su equipo de Economía, sin avisos previos ni el más mínimo de los compadreos.

Sin embargo, continuamos chocando con la piedra del descontrol, como lo evidencia el informe emitido por la Con­traloría de Villa Clara, el cual muestra cifras y datos alarmantes, correspondientes al pasado año, muy parecidos por cierto a los de años anteriores.

Así, por ejemplo, de los 17 controles ejecutados por la Contraloría Provincial, 12 resultaron evaluados de deficiente o mal, es decir el 71 %, a lo que habría que agregar otras 71 entidades que recibieron igual calificación, otorgada por las Unidades de Auditoría.

Y aunque parezca increíble, ni las propias empresas que están en perfeccionamiento escapan del descontrol, pues de las 53 entidades auditadas, 12 fueron evaluadas de deficiente.

Es tal el desacato a lo legislado, que ni aun siendo avisados, algunos organismos se preparan como es debido, como ocurrió en la última comprobación al control interno, en el que, de 11 auditorías efectuadas, cinco resultaron calificadas de deficiente o mal.

Tal parece que no pocos de los que están “por plantilla” para hacer cumplir lo legislado, ni ven ni oyen, única explicación po­sible a ese actuar irresponsable que debió recibir hace mucho tiempo un contundente parón, el remedio más adecuado para cercenar el mal desde su origen.

Como es de suponer, tal situación generó pérdidas millonarias a la economía, además del daño moral y los perjuicios ocasionados a los colectivos donde se produjeron esos hechos.

Es conocido que el fenómeno del descontrol está muy vinculado al incumplimiento de los planes de producción y al irrespeto de los contratos, y tras él se amparan las indisciplinas so­ciales, la corrupción y esos elementos parásitos que viven de las ventas ilegales y de la bolsa negra.

Una vez más cabría preguntarse por qué debe venir un agente externo a detectar lo que resulta evidente y transcurre de manera casi natural ante los ojos y oídos de la mayoría, en especial de los mecanismos establecidos para realizar la función de control.

Cuando eso ocurre, es porque fallan, en primer lugar, el papel del jefe, situado allí para defender los intereses del Estado, y junto a él, el resto de las organizaciones del centro, las que tampoco estuvieron alertas para frenar esa manifestación de indolencia.

Incumplimientos como esos fueron los que provocaron, según detalla el informe, problemas en los inventarios, al no realizarse los conteos periódicos en los almacenes, dificultades en las cuentas por cobrar y pagar, errores en la confección de las nóminas, pagos indebidos, descontrol en el uso del combustible, deficiencias en la contratación económica y dislates en la confección de las facturas, entre otras anomalías.

Como causas y condiciones que favorecen estos hechos figuraron en primer lugar la falta de exigencia de los principales responsables de las entidades, el incumplimiento de los principios básicos del control interno, el escaso asesoramiento y supervisión de los organismos superiores, así como la inobservancia de las disposiciones y regulaciones legales vigentes.

Como resultado de esos desatinos, fueron aplicadas más de 600 medidas disciplinarias, tanto a los directivos como a trabajadores que incurrieron en tales hechos, de las cuales 431 fueron amonestaciones y solo 38 separación definitiva del puesto de trabajo, algo que a nuestro entender no se corresponde con la gravedad de las indisciplinas cometidas ni el monto de las pérdidas ocasionadas a la economía.

No es con paños tibios como se resolverá el problema del descontrol. Tampoco con campañas y consignas vacías. Solo la exigencia y la observancia estricta de lo legislado podrán encarrilar a los incumplidores por el camino del orden y la disciplina. Y quien no pueda cumplir la función asignada por el pueblo, debe dar paso a otro más eficiente. No existe otro camino.

(Fuente: Granma)

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