“Un festival plural, inclusivo, sin prejuicios”

Por Yuris Nórido

Isabelle Hernández junto al Maestro Leo Brouwer. FOTO: ROBERTO SUÁREZ

Isabelle Hernández junto al Maestro Leo Brouwer. FOTO: ROBERTO SUÁREZ

Hoy comienza el Festival Las Voces Humanas, una cita organizada por la Oficina del maestro Leo Brouwer que acoge a más de 350 intérpretes de más de 16 países. Conversamos, en exclusiva, con su directora, la musicóloga Isabelle Hernández, con una agenda muy cargada por estos días.

En plenos preparativos del Festival Las voces humanas, que organiza la Oficina del Maestro Leo Brouwer, nos recibe para esta entrevista. Además de ser la esposa de Brouwer, Isabelle es la presidenta de la cita, que comienza este viernes en La Habana.

—¿Qué distingue a este Festival? ¿Hasta qué punto es continuidad de los festivales Leo Brouwer?

—Yo diría que es un resultado de los anteriores festivales. El estilo de trabajo de esas citas de alguna manera se ha consolidado en esta convocatoria. Estamos armando un festival diverso, con una marcada pluralidad de géneros. Es un festival inclusivo, sin prejuicios ni sectarismos. Tiene que ver precisamente con el pensamiento del maestro Leo Brouwer, que está abierto a todos los géneros y manifestaciones.

“De hecho, aunque la música es el plato fuerte del festival, hay espacio para otras artes, como el teatro y el cine. Hacemos también una apuesta por la paz, la defensa del medio ambiente, la vida… La esencia es la mezcla creativa, la comunión de expresiones históricas y contemporáneas”.

—Pero es evidente que hay un hilo conductor entre las disímiles manifestaciones y géneros…

—Claro que lo hay: la calidad. Te confieso algo, lo que se ha programado en este Festival coincide, en buena medida, con las preferencias del maestro Leo Brouwer. La mayoría de los artistas invitados son buenos amigos o gente admirada por el maestro. El público podrá disfrutar de las creaciones que el maestro disfruta en su casa. Y si revisamos el programa, se hace evidente que es una propuesta contundente, de altura.

—¿Cuál es el rol de Leo Brouwer en este Festival?

—Primero participará en algunos conciertos y presentaciones, proyectos a los que les ha dedicado mucho tiempo y empeño. Pero en sentido general, él es nuestra guía. Gracias a su prestigio se pueden crear muchos puentes, se pueden lograr conexiones que serían imposibles si no contáramos con su capacidad de convocatoria.

—Una de las propuestas más interesantes es el concurso para contratenores…

—Sí, el Certamen de Contratenores y el Certamen de Voces A Capella integran el programa del Festival. El primero es una apuesta por el reconocimiento a una voz que durante mucho tiempo fue incomprendida en este país y en otros lugares, víctima de prejuicios e interpretaciones reduccionistas. Por suerte, cada vez tiene más presencia en nuestros predios.

“El maestro Leo Brouwer ha escrito algunas obras para esa voz que serán interpretadas en estos días junto a piezas importantes del repertorio. Muchos de los contratenores actuales han asumido creaciones concebidas para los antiguos castrati, pero también hay música pensada especialmente para las tesituras de esos cantantes”.

—¿Cómo logran que se reúnan artistas de tanto prestigio?

—Ya te decía: casi siempre responden a la invitación del maestro Leo Brouwer. Contamos también con la colaboración de algunos amigos e instituciones. Nuestro interés es que esos artistas tengan un encuentro con nuestro público, que es un público muy singular. Puede ser una experiencia única para todos: para el público y los creadores.

“Hemos pensado un festival para un público diverso, con un amplio espectro de intereses. Y también para un público amplio, de disímiles procedencias. Por eso, para algunos conciertos, hemos preferido teatros con precios asequibles”.

—¿Por qué una edición única?

—Porque es una empresa muy costosa y no hay suficientes patrocinios. Los empresarios no se sensibilizan lo suficiente, no tenemos todos los apoyos deseables, necesarios. Está claro: este festival lo concebimos para que fuera una propuesta única. Y lo hicimos porque quedaron muchos proyectos pendientes, sueños por cumplir. Y también porque sentimos un compromiso con un mundo en paz. Ese es, en definitiva, un compromiso que debe ser asumido por el arte.

(Fuente: CubaSí)

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