Joyitas del idioma en los medios

Por Argelio Santiesteban

“GUAJIRO” NO ES UN INVENTO YANQUI

91437fa154f49a1be44f3ef5c1bc1f9483fbffe0Hace falta respetar al “respetable”, o sea, al respetable público.

Así, en la radio oí una singularísima explicación sobre el origen del cubanismo “guajiro”.

Aseveraban que el término surge durante la invasión de los yanquis a Cuba, en el 1898. Y decían que las tropas norteñas admiraban a los bravos campesinos mambises, por lo cual, deslumbrados, decían que cada uno de ellos era un war hero, o sea, un “héroe guerrero”. Y que de war hero nacería lo de “guajiro”.

Pero no hay tal, amigas y amigos. Medio siglo antes de que por aquí apareciese el hocico de algún rough rider, ya encontramos el término “guajiro”, en la Condesa de Merlín, en El Cucalambé y en el teatro bufo.

¿Se requiere de más pruebas? Sospecho que no.

ORGANOFOSFORADOS Y PIRÉTRICOS

Como uno a veces no escarmienta, empecinadamente continué junto al radio.

Sí, para encontrarme con los tecnicismos, una verdadera maldición para quien recibe el mensaje.

El abuso de palabras técnicas, en boca de un comunicador, resulta un desastre para el receptor, que se queda en la proverbial luna de Valencia.

Así, escuché a alguien declarar que en la fumigación se utilizan productos “organofosforados” y “pirétricos”.

Después de eso, al oyente hay que reanimarlo con respiración artificial boca a boca.

Sí, porque nadie está obligado a saber que los organofosforados son insecticidas como el paratión y el malatión, y que el piretro es una planta originaria de África, también con propiedades insecticidas.

Algunas pifias que son todo lo desastroso que se pueda pedir…

Ha dicho José Antonio León Rey, colombiano estudioso del idioma: “Maestros, locutores, periodistas, escritores, oradores y todos los que por su posición poseen ascendiente sobre el público, deberían estudiar a conciencia la lengua porque su puesto social les impone la responsabilidad de su ejemplo”.

De tales palabras yo me acordaba hace unos días, cuando en la radio ocurrió un milagro. Tal como lo oyen: ¡han traído hasta nuestros días el portento evangélico de la Resurrección!

Sí, porque oí decir, textualmente: “…el exfallecido presidente Fulano de Tal…”.

Así que “exfallecido”. Como si pudiésemos tranquilamente estar muertos hoy, y vivitos y coleando la semana próxima.

DONDE SE CUENTA CÓMO “DESBASTAN” EN LOS MEDIOS

Uno no quiere parecer el quisquilloso criticón del barrio, el cancerbero que anda cazando gazapos, el inconforme guardián que por doquier halla meteduras de pata.

Pero a cualquiera se le inflaman los epiplones al escuchar referirse, una y otra vez en los medios, durante la temporada ciclónica, a vientos “desvastadores”.

No, estimados colegas, digan “devastadores”, lo cual equivale a “destructores”, “desoladores”.

“Desbastar”, con b y no con uve, es algo muy diferente, como podrán comprobar con una simple visita al “mataburros”: consiste en quitar las partes más bastas de algo que se labra. Es dar a una pieza la forma aproximada que se desea obtener. Y, metafóricamente, desbastar a una persona inculta es pulirla, refinarla.

El disparate no es un invento reciente…

Para aquel redactor —quien será el “héroe” de esta joyita— yo no sabía qué significaba la palabra “postizo”.

Comencemos diciendo que, en la prensa cubana, el disparate no es un invento de ayer, ni una maravilla recién creada. No, el dislate lo cultivaron nuestros medios desde hace muchas, muchísimas décadas. Es más viejo que Matusalén. O que la proverbial Ñaná Seré.

Algunos “virtuosos” en tal especialidad fueron los colegas que atendían la llamada “crónica roja”, o sea, los hechos de sangre, los más tétricos crímenes.

En cierto periódico, con tirada descomunal, un gacetillero describía un hecho de violencia. Y esta es la cita textual: “En aquel cuarto de hotel, al lado de la cama, junto al cadáver, se halló en la mesita de noche un vaso que contenía una dentadura, al parecer postiza”.

YUCA DE TRES REINOS

Me encontraba yo en cierta redacción cuando entró un cable que se refería, textualmente, a “la parte vegetal de la yuca”.

Entonces… entonces me sumí en profunda meditación.

Y, en monólogo interior, me dije: “Yeyo, todos, hasta el momento, sabíamos que la yuca era un vegetal. Pero ahora nos enteramos de que ese producto alimenticio pertenece a los tres reinos”.

Por eso, amigos que me leen, la próxima vez que preparen un banquetazo pantagruélico, cuando estén pelando una yuca, llámense a la reflexión.

Sí, cuando le presenten el filo del cuchillo, puede ser que tintinee. En ese caso, se aproximaron a la parte mineral de la yuca.

Y concluí diciéndoles: Si al clavarle el arma blanca a la yuca chilla desesperadamente, no caben dudas: es que acertaron la parte animal.

Lo cual le zumba el mango. (Por cierto, el mango, ¿pertenecerá también a los tres reinos?).

(Fuente. CubAhora)

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