Archivo de la categoría: Mi ciudad

La Verbena de la calle Gloria

st1\:*{behavior:url(#ieooui) } Por Francisnet Díaz Rondón

 En agosto la magia de las tradiciones de Santa Clara se adueña de las arterias citadinas. Sobre todo, de una muy conocida y estimada por los pilongos desde tiempos inmemoriales, transformada en una de las costumbres más arraigadas desde hace más tres siglos: la Verbena de la Calle Gloria.

Verbena de la calle Gloria en honor de Santa Clara de Asís

Este año la Verbena cumple 315 años de instaurada por los primeros pobladores de la naciente ciudad de Santa Clara.

 

Cuentan que el 16 de agosto de 1695 se acordó, en reunión del cabildo bajo el mandato del alcalde ordinario, capitán Juan Sarduy, y el resto de las autoridades, celebrar cada 12 del octavo mes la fiesta en honor de la Gloriosa Virgen de Santa Clara de Asís.

 

Al inicio se festejaba según los escasos recursos de los pobladores y el gobierno de la nueva villa. Con el objetivo de garantizar la asistencia de los habitantes a las solemnidades, el cabildo las anunciaba con antelación mediante bandos. De este modo las familias asentadas en los campos se incorporaban sin contratiempos a tan importante acontecimiento.

 

Estas fiestas se sucedieron durante todo el período colonial y neocolonial, aunque no sistemáticas, e incluso, en ocasiones, no llegaron a ser grandes fiestas. Del período republicano existen fotografías sobre la celebración en el Cuerpo de Bomberos de la ciudad, pues Santa Clara de Asís es la protectora de los bomberos.

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Santa Clara, la otra ciudad de Samuel

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Por Pedro de la Hoz

Obra pictórica de Samuel Feijóo Asociado a sus andanzas por los campos de la región central de la isla, a su nacimiento en San Juan de los Yeras y a la casa cienfueguera que habitó hasta el fin de sus días, no puede olvidarse ahora, en medio del júbilo de sus habitantes ante la bien conquistada sede de la conmemoración central del Día de la Rebeldía Nacional, que Santa Clara, entre tantos y notables símbolos de su cultura, es también la ciudad de Samuel Feijóo.

Lo digo porque este hombre renacentista, que entendía la cultura como un espejo de totalidades para nada fragmentadas, dejó huellas imperecederas en esta urbe hacia la medianía del siglo pasado y contribuyó como pocos, en momentos difíciles, a echar al rastro la maldición del fatalismo geográfico que condenaba a toda actividad intelectual al margen de la capital a cargar con el irremediable fardo de la chatura provinciana.

Desde Santa Clara, exactamente desde la Universidad Central de Las Villas, Feijóo (1914-1992) desarrolló una labor editorial sumamente destacada. Suele tomarse como referencia a la revista Islas (1958-1968), prolongada en Signos, a partir de diciembre de 1969 y desde la Biblioteca Provincial José Martí. Pero junto a esas publicaciones periódicas originales e insólitas por un contenido que anudó los hallazgos de la cultura popular con los más vastos saberes, es bueno señalar cómo en su calidad de director del Departamento de Estudios Folclóricos y de Publicaciones de la UCLV, dio a conocer textos fundamentales de la literatura cubana, como Lo cubano en la poesía, de Cintio Vitier; e Idea de la estilística, de Roberto Fernández Retamar.

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Santa Clara celebra su 321 aniversario

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Por Narciso Fernández Ramírez

 

Parque Vidal de santa ClaraPocas ciudades de Cuba tienen tan rica historia como la Gloriosa Santa Clara, nombre dado a la villa por sus fundadores remedianos.

Nacida bajo un frondoso tamarindo el 15 de julio de 1689, resulta la única urbe del país que fuera atacada durante las tres guerras de independencia.

La primera vez, casi estrenaba su condición de ciudad, otorgada por la corona española en los inicios de la década del 60 del siglo xix. Sucedió en 1876, cuando en medio de la Guerra de los Diez Años el general mambí Manuel de Jesús Calvar la acometió para ocuparla.

Luego, el 23 de marzo de 1896, por órdenes del Generalísimo Máximo Gómez, fue asediada por segunda ocasión. Esta vez, por fuerzas insurrectas al mando del teniente coronel mambí Leoncio Vidal Caro, quien, junto a su ayudante, el cabo Ramón Brito, resultó muerto en medio de la Plaza de Armas.

Según afirmó años después el propio Gómez, entonces la ciudad pudo caer en sus manos. Pues su primera intención, al conocer la muerte del valiente subalterno, fue la de arrasarla. Idea que finalmente desechó por el profundo amor que les profesaba a los hijos de esta ciudad.

Ya en 1958, en los días finales de diciembre, la batalla por tomar la ciudad de Santa Clara tuvo visos de leyenda. La genial estrategia diseñada por el Comandante Ernesto Che Guevara hizo que en solo cinco días cayera en sus manos.

De nuevo, la otrora Plaza de Armas, convertida en Parque Leoncio Vidal en memoria del mambí caído, sirvió de escenario de la cruenta lucha. Todavía hoy, pasado medio siglo, las huellas de la intensa lucha son visibles en los muros de concreto del hotel Santa Clara Libre, antiguo Cloris.

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El luctuoso y sentido entierro del burro Perico

Por Jorge Oller Oller

El 26 de febrero de 1947 murió Perico, un noble burrito liberto, bonachón y tranquilo que había adquirido cariño y notoriedad en Santa Clara por su diario andar por la ciudad rebuznando en casas amigas donde lo alimentaban o jugueteando en los parques o calles con los niños, que le acariciaban sus enormes orejas. Era un animalito emblemático de la ciudad. Si algunos burros han alcanzado fama en la literatura universal como Rucio, el pollino del escudero de Don Quijote de la Mancha en la obra de Cervantes, o el de Platero y yo, escrita por  Juan Ramón Jiménez, ninguno ha tenido un cariño popular real y manifiesto como el de este pollino villaclareño.

El burro Perico visitando a unas niñas en la puerta de su casa

Las crónicas de aquel día describen el luto multitudinario y oficial que reinaba y cómo los comercios y las escuelas cerraron sus puertas para que miles de niños, hombres y mujeres acudieran a darle el postrer adiós al querido borrico. Cuando la última palada de tierra cubrió su ataúd, y las coronas y flores vistieron de colores su tumba, el destacado senador de la República, doctor Elio Fileno de Cárdenas, en representación del pueblo y del gobierno, despidió el duelo con palabras llenas de tristeza y dolor. Los periódicos y la radio cubanas describieron aquel impresionante sepelio, y hasta el influyente diario The New York Times publicó la noticia bajo el titulo de «Perico has died« (Perico ha muerto) para informar al mundo de su muerte y su leyenda.

La historia de este burrito comienza en las postrimerías de la década de los veinte del pasado siglo en “Los Pacheco”, una finca cercana a la ciudad de Santa Clara. Allí nació este borriquillo bueno, obediente  y hermoso. Cuando llegó a la edad útil fue vendido a Bienvenido Pérez Lea, un modesto comerciante dedicado a la compra y venta de botellas, quien lo llevó a la loma del Cerro Calvo, donde tenía su vivienda y un pequeño almacén con un letrero que decía “Botellería de Lea”. Hasta entonces Bienvenido había tirado de un pequeño cajón con cuatro ruedas para trasladar su mercancía. Con dedicación y mucho  sacrificio su negocio había mejorado, y con sus ahorros compró un carretón y el burrito, al que llamó Perico. Allí, al lado del almacén, le construyó un pequeño establo y comenzaron, amo y borrico, lo que sería una vida unida y rutinaria acarreando botellas.  

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Santa Clara en su 320 cumpleaños

Por Narciso Fernández Ramírez

teatro La Caridad, de Santa ClaraEl miércoles 15 de julio la ciudad de Santa Clara arribará al aniversario 320 de su fundación.

Tres siglos y dos décadas de intensa historia de una urbe que ha tenido la particularidad de ser la única ciudad capital de provincia atacada durante las tres guerras de liberación de nuestro país: en 1876, 1896 y 1958.

Conocida también como la Ciudad de Marta y del Che —por su Benefactora e hija más ilustre, Marta Abreu de Estévez, y por la impronta dejada acá por el legendario Comandante argentino-cubano Ernesto Guevara de la Serna— llega la capital de Villa Clara a su onomástico con la alegría adicional de haber ganado la sede del acto provincial por la efeméride del Moncada.

Desde el domingo 12 de julio comenzaron los agasajos con una fiesta infantil en el Parque Vidal, organizada, en horas de la mañana, por miembros de la Brigada Artística José Martí.

Mientras la denominada Caravana 320 —integrada por artistas de diversas manifestaciones— actuará en el Consejo Popular Camilo Cienfuegos, uno de los 19 con que cuenta el municipio.

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Marta Abreu, la dama de Santa Clara

Por Minoska Cadalso Marta Abreu de Estévez, la Benefactora de Santa Clara

Cada ciudad posee su historia propia, su leyenda de personajes inmortales que marcan los pasos a través del tiempo. En nuestra Santa Clara, esa dama imperecedera es Doña Marta Abreu de Estévez.

Diariamente la saludamos en el Parque Vidal, donde la benefactora de los desposeídos disfruta de las tradicionales retretas, los primeros pasos de los niños y algún que otro beso nervioso de los principiantes.

Santa Clara le agradece los tres colegios para niños pobres que fundó, los lavaderos públicos, los asilos para ancianos y, por supuesto, su gran obra: el teatro La Caridad, construido en 1885.  Fue entonces uno de los más importantes en el llamado interior del país, y a diferencia de sus similares —el Sauto de Matanzas y el Terry de Cienfuegos, construidos con un criterio utilitario—, tenía como fin garantizar con la recaudación el mantenimiento y sustento de los colegios y asilos, además de propiciar con su programación el desarrollo del mejor arte que existía o estaba de tránsito por el país.

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Leyendas y tradiciones del Parque Leoncio Vidal

Por Lídice Valenzuela

El parque Leoncio Vidal, en Santa Clara, capital de la central provincia de Villa Clara, es uno de los Monumentos Nacionales de Cuba. Historia, tradiciones, leyendas, rodean este enorme espacio, donde los santaclareños antes de 1959 debían pasear divididos en bandos: los blancos, por dentro, en el lugar en el cual se oía mejor la música de la banda situada en la glorieta, y los negros, por fuera. Unir a amigos de dos razas para pasear juntos era simplemente impensable hace 50 años.

Parque Vidal, Santa Clara

Tanto era el disgusto por la discriminación de la época, que grupos de blancos y negros terminaban peleando por un sitio en el paseo central. El altercado llegó hasta La Habana y sobre el tema escribió una crónica el líder estudiantil Julio Antonio Mella titulada “¿Cazadores de negros en Santa Clara?”, debido a la represión de la Guardia Rural, que acababa las discusiones a machetazos contra el público.

Vista aérea del Parque Vidal

Los santaclareños viven orgullosos de su parque, que a pesar de los años mantiene su esplendor, belleza, pulcritud.

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El Niño de la Bota Infortunada: mitos y realidades

Por Ariel Lemes Batista

¿Cómo es posible que una escultura perteneciente a una civilización tan opuesta y distante a la cubana haya llegado a convertirse, junto al Complejo Monumentario Ernesto Che Guevara y al teatro La Caridad, en símbolo de la ciudad de Santa Clara, en el centro de la Isla de Cuba?

Niño de la Bota

La obra es conocida como El Niño de la Bota Infortunada, hermosa efigie que en 1925 fuera colocada en la fuente existente en el parque Leoncio Vidal, y que con el paso de los años devino una representación de los santaclareños, apreciada y admirada por sus visitantes, tanto nacionales como extranjeros.

Mas… ¿cuál es la verdadera historia que envuelve a dicha obra de arte? ¿Por qué a su alrededor se han tejido tantas leyendas?

Este episodio comienza con el proyecto de construcción de la plaza, presentado al ayuntamiento local en 1904 por el escritor y licenciado villaclareño José Berenguer Sed y que, después de varios proyectos, fuera aprobado el 18 de abril de 1921, tras petición del gobernador Juan Jiménez. La figura del Niño de la Bota Infortunada apareció en un catálogo de sugerencias de una famosa casa de venta de objetos de artes, la J.L. Mott Company, de New York.

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Santa Clara de fiesta por la Verbena de la Calle Gloria y el nuevo cumpleaños de Fidel

La tradicional Verbena de la calle Gloria vuelve a ser noticia en Santa Clara este martes 12 de agosto desde las diez de la mañana hasta las doce de la noche. Al cierre de esta información se levantaban los kioscos a propósito de los festejos. 

José González, director de la Gastronomía en la ciudad y funcionario del gobierno local al frente de la actual temporada de verano, afirma que están asegurados los comestibles y la bebida para desarrollar sin contratiempos esta actividad popular.

La directora del Sectorial de Cultura en Santa Clara, Marta Meneses, confirma que artistas y agrupaciones musicales de la provincia animarán la nueva versión de la Verbena de la Calle Gloria.

Informa Meneses que un día después, otra vez el céntrico Parque Vidal se convertirá en escenario de diversas opciones infantiles y para adultos en homenaje al cumpleaños 82 de Fidel Castro, una jornada que concluirá el propio 13 de agosto en horas de la noche con el concierto del popular dúo cubano Buena Fe. 

(Tomado de http://www.cmhw.co.cu) 

El primer carretón de Santa Clara

Hoy, cuando el carretón tirado por caballos se ha convertido en el más socorrido medio de transporte de los santaclareños, conviene recordar en estas páginas el primero de su tipo que recorrió nuestras calles, allá por la medianía del pasado siglo XX. tom penton

Y si la historia del primer carretón resulta curiosa para los pilongos de ahora, mucho más, quizás, lo sea la vida del ingenioso hombre que lo introdujo en Santa Clara en 1945: el fabuloso Tom Pentón, nombre de cowboy y alma de aventurero.  

Tom, cuyo nombre verdadero era Ramón Pentón Brito, tenía piernas, pero no pies; brazos, pero no manos. Sin embargo, eso no fue nunca obstáculo para que montara a caballo, enlazara reses, disparara con precisión, jugara pelota, boxeara y hasta fuera artista del circo Razzone, con el cual hizo temporadas nacionales e internacionales.  

Y claro, también manejó el primer carretón tirado por caballos, que en servicio de pasaje —valga la aclaración— recorriera la ciudad en la ruta comprendida entre el céntrico Parque Vidal, específicamente desde donde hoy radica Video Centro, antaño Casa Raúl, hasta La Bombilla, especie de estación tipo oeste norteamericano, donde lo mismo comían los “guajiros” llegados desde La Movida y Manajanabo, que dejaban sus bestias amarradas, que se vendía gasolina; al tiempo que también funcionaba como posada para quienes necesitaban cobija y descanso. 

El precio ascendía a cinco centavos y un comprobante para que sirviera de medio pasaje en los próximos viajes, o sea, que por diez centavos se podían dar tres paseos en carretón. 


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