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Los nombres de los años en Cuba

calendarioLa iniciativa de darle a cada año un nombre nació en Cuba en el año 1959. Desde entonces los cubanos recibimos el nuevo año no solo con la cifra correspondiente, sino con un nombre que sirve para honrar a los hijos más insignes de la Patria o destacar hechos históricos trascendentales.

Los primeros años posteriores al triunfo revolucionario comenzaron a nombrarse con el objetivo de resaltar las grandes transformaciones que se realizaban en todos los órdenes. Así, por ejemplo, el 1959 se denominó Año de la Liberación en alusión al triunfo revolucionario. El 1960 se llamó de la Reforma Agraria, porque se concretaba la Ley que devolvió la tierra a los campesinos. El 1961 se dedicó a la Educación, por la formidable Campaña de Alfabetización que realizó Cuba en esa época.

El objetivo era que el nombre de cada año respondiera a la tarea más importante que debía afrontar el país en ese lapso de tiempo. Por lo general, el nombre del año devenía consigna para el pueblo y la mayoría de las veces cada vez que culminaba el año, habíamos cumplido con los objetivos a que hacía referencia el nombre asignado.

Una de las pocas veces en que no se logró fue en 1970, bautizado como Año de los Diez Millones, en referencia a la cantidad de toneladas de azúcar que se proponía alcanzar el país en esa zafra. Aunque el reto no se cumplió, aquella contienda azucarera pasó a la historia como una de las más productivas del país en todos los tiempos. La hazaña se recuerda todavía, y con solo mencionar la Zafra de los Diez Millones, muchos rápidamente se remiten al año 1970.

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El perfil del buen humor

Por Rayma Elena Hernández

Es un crimen no poder completar esta semana el perfil de quien lleva cuatro décadas matándonos el tedio, el aburrimiento, el avinagramiento mental… Vivimos el 20 de diciembre de 2008, y Vanguardia no es un diario, como en aquel ya lejano día de 1968, cuando el grito de «A millón hasta los 10» indicó el nacimiento de su hijo más ocurrente y chistoso.

logo de Melaíto¡Qué parto! Entre el plomo y el calor del taller; entre mochas afilándose para la zafra del 70; con padres primerizos, pero atrevidos, que apenas marcaban neófitos pasos con plumilla y tinta china.

También chino sería aquel pequeñito que nombraron Mela-ito, y se disponía a derribar no solo caña, sino, además, incomprensiones. Creyeron en que el humor podría convocar, hacer reflexionar, cortar bajito y de un solo tajo cuando se necesitara. Ese primer chiste a algunos nos les hizo ni cosquillas; a otros, más que risa, les dio pánico; algunos, finalmente, confiaron.

Lo cierto es que después del primer grito, el pequeño no calló: ni cuando los diez millones de 1970 no llegaron a ser. Ya son cuatro décadas escuchando un nombre que se inscribió en los registros del humor gráfico cubano con trozos de caña: Melaíto hasta hoy que, sin mellas en el filo de su mocha, y como dirían los Van Van, sigue chapeando.

Lástima el perfil de este aniversario 40 quede trunco —al menos en el papel— hasta el próximo sábado. El periódico estará en la calle cuando los cumpleañeros anden apagando velitas, inaugurando un salón de lujo, premiando y celebrando.

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Una tarde con Gabo

Por Leonardo Faccio

Seis décadas desde que García Márquez se inició como redactor de noticias.

Con las canas prolijamente despeinadas, Gabriel García Márquez parece hoy, a los 81 años de edad, un emperador romano. Lo veo de cerca en México, entre postres y cafés de sobremesa, cuando empieza a recordar, en voz alta, aquella vez que viajó como periodista a la selva colombiana El Chocó. «Por allá no está pasando nada, por qué no vas para que pase algo», le dijo su jefe. Y Gabo fue. Y se inventó una guerra que el diario El Espectador publicó por capítulos.

gabo

«Todos los días enviaba un informe sobre una guerra que no existía», recuerda Gabo, y se ríe de sus tiroteos de ficción. Ahora se cumplen seis décadas desde que García Márquez se inició como redactor de noticias —porque pensaba que con la literatura no iba a ganar plata—. Y para celebrarlo, la primera semana de septiembre decidió hacer memoria entre periodistas y amigos, en un hotel cinco estrellas de Monterrey.

«Más que inventar las noticias, las promovíamos, porque al final la guerra empezó de verdad», aclara Gabo, mientras se lleva a la boca un postre de crema y nos hace pensar que su hígado sigue funcionando tan bien como su memoria.

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Ana Betancourt: primera correctora cubana

anaNació en Puerto Príncipe, Camagüey, el 14 de diciembre de 1832. Periodista y maestra, fue la primera mujer que desde un foro público, la Asamblea de Guáimaro, en plena Guerra de los Diez Años, proclamara la emancipación y el respeto de los derechos civiles de los esclavos y las mujeres, por lo que se le considera una pionera en el feminismo del continente americano.

Respondiendo al clamor de la patria, siguió las huellas de su esposo Ignacio Mora y se incorporó activamente a las luchas por la independencia de Cuba.

Fue significativa su colaboración como apoyo de suministros, información militar, y como correo durante la guerra, y se le considera la primera correctora de pruebas del periodismo cubano, gracias a su labor como tal en El Mambí, publicado en la manigua.

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