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Pen drive y USB entran en la Academia

diccionario de la raeLa Real Academia Española ha aprobado en sus últimas sesiones la inclusión en el Diccionario Académico de pen drive y de las siglas USB, y tiene ya consensuadas con las Academias americanas las expresiones chiste verde y poner como una moto, y los adjetivos anticelulítico y monoparental. Las dos primeras novedades han de ser remitidas aún a las Academias hispanoamericanas de la Lengua, para ver si las aceptan o proponen cambios, pero en cualquier caso responden al deseo de estas instituciones de «acercar el Diccionario al mundo actual», como afirma en una entrevista el secretario de la Academia, José Manuel Blecua. 

De cara a 2013, año en que está prevista una nueva edición del Diccionario, coincidiendo con el tricentenario de la RAE, se quiere «renovar las definiciones que se hayan quedado anticuadas» y, al mismo tiempo, «innovar, para procurar incluir las palabras que hoy se usan», siempre que cumplan requisitos como los de figurar «en varias obras». 

Desde que se publicó la XXII edición del DRAE en 2001, las veintidós Academias, cuya misión principal es velar por la unidad del español, han aprobado miles de enmiendas. Muchas de ellas están publicadas en la página electrónica del Diccionario (www.rae.es), que recibe «un promedio de 627 631 visitas diarias», prueba palpable de «la gran utilidad» de esta obra esencial de referencia. 

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Preguntas absurdas y expresiones foráneas

Hay tres preguntas que asombran por lo absurdas: Una va dirigida a la persona que se ama: «¿Tú me quieres?»; la otra, al vendedor que nos propone algo: «¿Está bueno?» Por supuesto, la merecedora del primer lugar, es la que escuchamos, en el consultorio médico, a quien espera junto a nosotros y, con su mejor intención, va a recomendarnos un remedio infalible para nuestro padecimiento. Casi siempre comienza diciendo: «¿Usted desea curarse?»

 

Me apena que vayas a tacharme de malagradecida; pero invariablemente me invaden unas ganas locas de contestarle: ¿Puede creer que no tengo el menor empeño en mejorar siquiera? Vine porque me gusta perder la mañana sentada en este banco. Entiéndeme, aprecio muchísimo un consejo guiado por la buena fe; lo que me molesta son las tontas palabras introductorias. Y hablando de eso, ¿te has fijado lo difícil que les resulta ya a muchos, comenzar a hablar sin decir: «A ver». Se oyen a diario diálogos como este: «—¿En cuántos programas de radio has trabajado? —A ver, en tal, tal, y tal». «—¿Qué países has visitado? —A ver, España, México, Canadá». Cada respuesta, cada enumeración, va precedida de ese «a ver», que a alguien, en mala hora, se le ocurrió.


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