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¡Vayámonos en esa!

Por José Luis Estrada Betancourt

solidaridadTenía un oído afinadísimo. Algunos dirían que de tuberculoso. Lo cierto es que el ruido monótono y ensordecedor que producía la afilada cuchilla de la vieja batidora al desintegrar el hielo y mezclarlo con la fruta de estación, la leche y el azúcar, le hacía gritar invariable a la finada Malvina: «¡Voy en esa!». Entonces mi madre, que como parte de sus preparativos siempre colocaba cerca el vaso que portaría aquella bebida irresistible, con una sonrisa radiante lo llenaba para que yo se lo entregara a la vecina de toda una vida, todavía sudoroso.

No recuerdo que alguna vez haya ocurrido de otra manera el «ritual». Y así viajaban con frecuencia hacia la casa de Malvina ajiacos, pudines, mermeladas, los platillos de arroz con leche… Sobre todo después que la pérdida de una pierna terminó hasta con sus deseos de ver el sol. A veces yo miraba a mi madre extrañado por aquel desprendimiento casi suicida. No abundaban muchas cosas entonces en Las Tunas, pero la «vieja» me fulminaba con su mirada y me regalaba una lección de vida: «No tiene gracia ser bondadoso cuando nada te falta, sino compartir cuando escasea».
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Recomiendan rodearse de personas felices

Por Doris Hernández

Cómo son las personas que nos rodean tiene más importancia de lo que parece. Un equipo de investigadores llegó a la conclusión de que rodearse de seres felices influye positivamente en la felicidad personal.

personas felices

Este sentimiento está relacionado con factores tan diversos como la calidad de vida, la satisfacción en el trabajo, las buenas relaciones sociales y familiares, de acuerdo con un estudio desarrollado por las universidades de California y San Diego, que combina la epidemiología y la sociología.

De acuerdo con esa conclusión, la felicidad es contagiosa, y las personas con amigos dichosos tienden más a sentirla en sus propios seres.

Los autores seleccionaron a cinco mil 124 individuos (a los que se denominó «egos») y a varios de sus conocidos («alter»): padres, hermanos, pareja, hijos, vecinos, compañeros de trabajo, amigos (y también amigos de amigos).

Para definir la felicidad, James Fowler y Nicholas Christakis, autores del estudio, emplearon una escala de valores en la que los participantes tenían que responder a varias cuestiones sobre sus sentimientos.

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¿Por qué los tiburones nadan tan rápido?

Debajo del agua, los predadores más temidos y con peor fama son los tiburones (aunque frecuentemente corren riesgos de ser destronados por las orcas). Estos animales poseen espeluznantes mandíbulas y son capaces de nadar a velocidades descomunales que pueden alcanzar hasta 80 kilómetros por hora. ¿Cuál es su secreto?

tiburones

La científica Amy Lang de la Universidad de Alabama y su equipo de colaboradores han investigado con profundidad a los tiburones, y han estudiado a fondo los mecanismos y estrategias que utilizan para alcanzar semejantes velocidades. Aparentemente el secreto fundamental se esconde en su piel.

Los tiburones poseen una piel que se compone de finísimas y pequeñas escamas, las cuales son completamente imperceptibles para nuestro ojo humano, pues miden tan sólo 200 micrómetros. Lo que hacen los tiburones es erizar sus escamas para así crear pequeños pozos en su piel que les permiten reducir la fuerza de rozamiento con el agua.

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Locuras

Por Marianela Martín González

Él estaba en el entronque de una línea ferroviaria del municipio de Boyeros, por donde no sé si pasa tren alguno. Parecía esperar por alguien que lo llevara a algún sitio, pero al reparar en sus gestos comprendí que permanecía en total encantamiento: «Pasen, pasen, que todo está limpio. No viene nada», dijo con afán de guardabarreras aquel hombre menudo que sonreía.

Sus ojos cansados por la espera de un tren que no podía atropellar a nadie, calaban con delicadeza a los automovilistas. Su oficio imaginario le daba una satisfacción que ojalá nos contagiara masivamente.

Confieso que me pareció que aquella locura tenía un toque angélico, y elucubré tantas cosas mientras buscaba el porqué se le «secó» el cerebro a aquel Quijote nuestro. ¿Tal vez, como el Caballero Andante, se llenó de la fantasía que leía, o sus desafíos y requiebros le apagaron el tino para volverlo un celador de vidas?

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Todo sirve para una mujer adicta al piropo

Por Leila Macor

piroposEl primer piropo del que se tiene noticia se lo dijo el Arcángel San Gabriel a la Virgen cuando le anunció su divino estado: “Dios te salve María, llena eres de Gracia”. Gracia que al parecer no tengo, porque el último piropo del que yo tengo noticia es uno de dudosa belleza que me dijo hace poco un hombre con acento español: “Guapa, que meas colonia”. 

Es lógico que el estilo cambie después de 2 000 años. Pero el piropo no. La costumbre de enviarles ese regalo anónimo a las mujeres que pasan sigue intacta. Las señales de luces que hacen taxistas y camioneros, o los gritos que salen de las ventanas de los autos (¡Divinaaaa!), también sirven. 

Todo sirve para una mujer adicta al piropo. 

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El delfín rosado del Amazonas: el delfín más romántico

El delfín rosado amazónico es el animal acuático más romántico que podamos imaginar. Incluso, podemos llegar a decir que su comportamiento sexual puede asemejarse en cierta manera al de los simios y seres humanos.

delfín rosado

Al igual que algunos hombres utilizan ramos de flores para atraer a las mujeres, el macho de esta especie sudamericana recoge pedazos de madera, rocas o montones de lodo para captar la atención de las hembras.

El ritual es ofrecer a la hembra sus ofrendas, llevándolas en el pico y  acercándose en posición vertical, muy cerca de la superficie, para después sumergirse rotando sobre su propio eje.

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No moleste

Por Enriquito Núñez

No recuerdo si el profesor Calviño trató este tema alguna vez en su programa, aunque es casi seguro que sí, tomando en cuenta los años que lleva hablándonos de lo humano y lo divino. De cualquier manera, si lo tocó, vale la pena que reflexionemos una vez más acerca de una de esas cosas que incomodan tanto y que son tan fáciles de evitar. Porque estoy seguro que más de una vez usted se ha encontrado ante esa frase descortés y agria, el incordio que da título a esta crónica, y cuyo uso se ha extendido como una plaga. Veamos algunos ejemplos, desde los más comunes, tanto que ya casi no incomodan, hasta los más absurdos y agresivos.

Usted necesita realizar un trámite y consigue, después de tremenda coba, que su jefe lo deje salir 45 minutos antes. La oficina está a ocho cuadras de donde tiene que hacer la gestión, y usted piensa que a esa hora ya no debe haber tanto público. Efectivamente: llega a las 4 y 20 y se alegra de encontrar el vestíbulo vacío, sinónimo de que tiene el uno, piensa usted. Disciplinadamente se sienta a esperar que lo llamen, y pasan dos, cinco, nueve minutos, al cabo de los cuales usted comienza a ponerse incómodo. Solo entonces es que advierte, pegado por detrás del cristal de la puerta, un papelito primorosamente escrito en Word e impreso a tres colores: ESTAMOS REUNIDOS. NO MOLESTE.

Usted instintivamente siente la tentación de tocar a la puerta, pero su yo racional le dice que eso es normal, que pasa siempre, y al final va a tener que volver el sábado por la mañana…

Ese es tal vez el ejemplo más conocido ¿no? Luego hay otros tan cotidianos como en la shopping cerrada en horario de atender al público y el cartelito en la puerta: ESTAMOS HACIENDO INVENTARIO. NO MOLESTE

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¿Optimista? ¿Pesimista? Eso lo decide usted

Por Alfonso Cadalzo Ruiz

 

Tantas veces como me encuentro con las personas, lo mismo en la calle, el trabajo, un comercio, cualquier actividad social y hasta la propia casa, tarde o temprano aparecen los temas optimistas o pesimistas. Me parece que todos, sin excepción, hemos pertenecido a ambos bandos; unos por más y otros por menos tiempo. De la prolongación temporal en uno u otro bando, se puede dilucidar si se pertenece, definitivamente, al bando de los optimistas o al de los pesimistas. Está bien reflexionar sobre esto y decir sin tapujos que la definición al respecto puede proveer información de muchos aspectos relacionados con nuestra personalidad.

 

pesimismo optimismo

Hay a quienes las circunstancias les han jugado más de una mala pasada; a otras les ha ido siempre —o casi siempre— de maravillas. Es de imaginar que los del primer grupo sean gente decididamente pesimistas; los otros, en cambio, serían los optimistas. Curiosamente no siempre es así. Son numerosos los casos de individuos que han atravesado los mil y un infortunios, y, maravillosamente, son del grupo de los más felices y realizados. En el otro grupo sucede lo contrario; personas nacidas con todas las comodidades habidas y por haber, mimos, complacencias, y, como se dice, “nacidos de pie”, atraviesan este bosque de la existencia bajo un permanente lamento, clásicamente insatisfechos. ¿No es de preguntarse por qué?

 

En primer lugar, partamos de que la felicidad, que es fruto del optimismo, es un estado natural. El pesimismo, las tristezas, la desesperanza y la insatisfacción salimos a buscarlos; mejor dicho: son invenciones de nuestra mente. Como estado mental, el pesimismo o el optimismo que pueden inundarnos son, en última instancia, imágenes de la realidad creadas por nosotros, pero no la realidad misma. Debido a nuestra educación familiar, la formación de valores, los prejuicios, el “qué es bueno” o “qué es malo”, más la manera como los demás se relacionan con nosotros, se va creando en nuestra psique una especie de “programa mental”, un condicionamiento. Son los filtros a través de los cuales percibimos la realidad que nos circunda y, en última instancia, nos llevan al consciente la idea de “eso no está bien” o “aquello sí es correcto”.

 


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