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La madre de todos los diccionarios

st1\:*{behavior:url(#ieooui) } Decenas de años de trabajo. Miles de documentos consultados. Todo un ejército de personas dedicadas a poner en marcha el proyecto. No, no estamos hablando de la construcción de las pirámides, sino de la elaboración del nuevo Diccionario Histórico que prepara la Real Academia Española.  

“Poner en marcha el diccionario me ha costado tres visitas a la UCI”, explica el académico José Antonio Pascual, director del proyecto.  

La última novedad de este léxico faraónico es que este año empezará a colgarse en la red el primer material, de una obra pensada para internet. “Ya no tiene sentido pretender que se compren diccionarios de decenas de volúmenes”, explica Pascual, vicedirector de la RAE.  

Si en otros países se estima que para desarrollar un proyecto de esta envergadura “se necesitan 45 años y 140 lexicógrafos”, los avances tecnológicos van a permitir a la RAE realizarlo por fases. Para la primera etapa del diccionario, que recibe 1,2 millones de euros al año de financiación estatal, se han calculado unos 15 años de duración. En ese tiempo se reconstruirá el pasado de las 50 000 palabras más usuales del español.  

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Un diccionario sobre los inventos de los periodistas

Contiene 1 300 neologismos surgidos de medios de comunicación argentinos que posteriormente se abrieron espacio en el habla cotidiana.

Un diccionario con 1 300 neologismos surgidos de medios de comunicación argentinos que posteriormente se abrieron espacio en el habla cotidiana de la gente fue elaborado por lingüistas de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) para reflejar las nuevas formas del lenguaje.

El estudio, elaborado sobre la base de publicaciones en medios escritos realizados entre los años 2003 y 2005, permite también trazar un panorama acerca de cómo afectaron a la sociedad argentina los cambios ocurridos desde el punto de vista político, económico y tecnológico en esos años, opinaron los autores del estudio.

“La prensa es una constante generadora de palabras nuevas y, a su vez, toma del lenguaje coloquial algunas palabras y las recicla dándoles otro significado”, dijo a la agencia Télam Andreína Adelstein, investigadora del Conicet y profesora de Ciencias del Lenguaje de la UNGS.

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Los homosexuales piden adaptar la definición de matrimonio a la unión homosexual

La Confederación Española de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales ha exigido a la Real Academia Española que actualice la definición de matrimonio para adaptarse a la realidad de los matrimonios homosexuales.


matrimonio-homosexual.jpgA juicio de esta Confederación (COLEGAS), tras casi tres años de la entrada en vigor de la ley que permite el matrimonio homosexual, el término ha consolidado «su uso habitual».

La RAE «afirmó en el 2005 que aceptarí­a la nueva definición de la palabra matrimonio cuando se consolidara su uso común en el lenguaje, lo que es una realidad desde hace ya mucho tiempo en el habla cotidiana y en los medios de comunicación», añade en una nota.

Defiende asimismo que «ha llegado la hora de que se adapte el diccionario a la realidad social del momento, de igual modo que se han dado prisa en incorporar expresiones como ‘perder aceite’ u otras expresiones cotidianas».

Tras la aprobación por parte de la Academia Catalana de la Lengua (Institut d’Estudis Catalans) de la actualización de la definición de la palabra matrimonio en el diccionario catalán, ahora debe ser la RAE la que adapte a la realidad de los matrimonios homosexuales «sin seguir fomentando la discriminación en sus acepciones», añade.

Según COLEGAS, otros diccionarios de referencia de la lengua como el Marí­a Moliner ya adoptaron definiciones más acordes con la realidad actual.

Por otra parte, pide a la RAE que modifique la definición de bisexual en el diccionario, para no identificarla con hermafrodita, de modo que refleje no solo la dimensión sexual como hasta ahora, sino que incorpore la parte afectiva.

Un bisexual —según COLEGAS— no es una persona que alterna prácticas homosexuales y heterosexuales exclusivamente, sino una persona que se ve atraí­da por personas tanto del mismo como de diferente sexo.

«El uso de la palabra y el significado de las palabras es un arma muy poderosa para luchar contra las discriminaciones, y la actual definición de matrimonio de la RAE fomenta la discriminación y una visión falsa de los avances que se han producido en la sociedad española», según el presidente de COLEGAS, Rafael Salazar. (Efe)

El ídish defiende su nombre

Por Jaime Marín*

La adopción del vocablo yidis como nombre de la lengua de los judíos asquenazíes en el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD), provoca el rechazo de sus hablantes, que reivindican su denominación histórica: ídish. La decisión, ahora en revisión, contradice el principio de que “la norma surge del uso comúnmente aceptado”.


El caso merece ser analizado, ya que, más allá del equívoco, tomándolo desde un ángulo positivo el tema subraya el papel del DPD como “laboratorio” o “banco de pruebas” para compatibilizar norma y uso del español.

El Instituto Judío de Investigaciones (IWO), con sede en Buenos Aires, solicitó a la Academia Argentina de Letras (AAL) el reemplazo de la denominación yidis del DPD, referida a la lengua popular y literaria de los judíos de Europa central y oriental (asquenazíes)— y sustituirla por ídish, su nombre habitual en el mundo hispanohablante.

El DPD optó por la adaptación gráfica de la voz inglesa yiddish, tomada, a su vez del adjetivo alemán jüdisch (‘judío’). Lo correcto hubiera sido adoptar la voz original sin interferencias de terceras lenguas, es decir, reproducir la pronunciación de la palabra original, no inglesa ni alemana, sino propiamente ídish. O sea, cómo designan dicha lengua sus hablantes y la sociedad en general.

El equívoco quizá derive de haberse decidido en un ámbito con nula presencia del ídish en su historia, como es España, donde hasta su expulsión, en 1492, los judíos hablaban judeoespañol o ladino.

Inicialmente, la RAE sostuvo que la terminación “sh” no responde a las normas fonológicas del castellano. Sin embargo, no había revelado similar prurito en casos como el náhuatl (lengua de la comunidad náhua de México) o el afrikáans (de la República Sudafricana), voces que ingresaron directamente al DRAE tal como las pronuncian sus hablantes.

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Más que palabras

Gerardo Muñoz compara términos latinoamericanos y españoles en Glosario panhispánico del amor y el sexo

Por C. Martínez

Gerardo Muñoz, autor del glosario panhispánico del amor y el sexoAunque parezca chocante, Gerardo Muñoz se ha leído cuatro veces el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Por eso quizá decidió dedicar un libro a recopilar términos recogidos en ese volumen relacionados con el amor y el sexo, además de completarlos con los utilizados en otros países latinoamericanos y compararlos.

Como resultado de este proceso de estudio surgió Glosario panhispánico del amor y el sexo, un libro publicado por Ediciones de la Torre que se acaba de presentar en la Feria de Guadalajara (México) y que el autor define como “un divertimento”.

“No es un diccionario al uso, he recogido más de 2 000 palabras de la RAE relacionadas con esos temas y cerca de 800 de otras publicaciones, casi todas americanismos”. Elegir el amor y el sexo se debe, según Muñoz, a que “entre los diferentes países hispanohablantes hay diferencias lexicográficas grandes, y en estos dos temas pueden dar lugar a malentendidos”.

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El habla del Ecuador

Por Plutarco Naranjo

mapa de EcuadorEl español, según la Real Academia, es “la lengua común de España y de muchas naciones de América, hablada también como propia en otras partes del mundo”. En las tareas que la institución lleva adelante respecto a la lengua española, colaboran más de veinte academias latinoamericanas, y la ecuatoriana es la segunda más antigua aceptada por la Academia española como asociada suya.

Huelga decir que el español es la lengua común en nuestro país, y es además, según la Constitución Política, la lengua “oficial”. La utilizamos en el habla, en la escritura, en la enseñanza escolar y universitaria, en documentos oficiales y ahora en internet. Pero existe un habla que vive y evoluciona libremente en cada país, un habla de la cotidianidad y que posee enorme riqueza y creatividad.

Numerosos objetos, sobre todo, de uso personal o doméstico, tienen nombres diferentes en distintos países: las “invisibles” que aquí usan las mujeres para sostener el pelo, en Colombia se llaman pinzas; los broches o gemelos, mancornas; las computadoras aquí, ordenadores en España; la zanahoria blanca, arracacha en Venezuela. En otros casos, la palabra es la misma, pero puede tener significado distinto y hasta afrentoso. En España, culo es palabra castiza y de uso común, entre nosotros es palabra grosera y puede resultar insultante. Nosotros usamos la palabra nalgas, pero en Argentina ese término resulta rudo y vulgar. En Ecuador, para elogiar a un orador elocuente se le dice: “pico de oro”. Diviértase el lector imaginando qué reacción causaría tal expresión en Chile, donde “pico” designa el órgano masculino.

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El lenguaje y sus curiosidades

Por Ana María Bertolini

La lengua española tiene tantas palabras extrañas e inusuales, que leer de corrido el diccionario resulta divertido: de pronto, se cae en cuenta que acecinar un jabalí no es matarlo, y que tampoco se es ignorante por escribir esa palabra con ce.


También se aprende que sólita no significa andar un poco sola por la vida pero con acento; que aunque suene horrible, es válido decir tripudo por obeso y que estar lurio es ‘estar loco’.

«¡Diablos!», podría exclamar algún desprevenido tras leer esto, pero más le valdrá refrenarse y gritar «¡mengues!», que para el diccionario es lo mismo que Satanás.

Los cocineros la saben correcta, pero evitan usarla en sus libros de recetas, hartos de discutir con los editores que acecinar se escribe tal cual, con ce, y que no se trata de acuchillar a nadie, a menos que se lo escriba con ‘ese’.

Resulta que acecinar o cecinar, es salar y ahumar la carne para su conservación; asesinar, en cambio, es matar con alevosía.

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Todo el cine de Iberoamérica en un diccionario

Resultado inicial se presentará durante el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, la cita fílmica continental habanera, el próximo diciembre.

Por Cecilia Crespo

La Fundación Autor de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), en coordinación con la Casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, comenzó en el 2002 a gestar el primer Diccionario de Cine Iberoamericano, cuyo resultado inicial se presentará durante la cita fílmica continental habanera el próximo diciembre. 

El diccionario funciona como una radiografía completa del séptimo arte de la región. Su edición definitiva estará lista en el verano de 2009. Tendrá más de 16 000 entradas y 5 000 fotografías recogidas en ocho volúmenes de voces biográficas y temáticas, y otros dos con todas las películas estrenadas hasta el 1ro. de enero del 2008. Habrá una versión digital que tendrá actualizaciones periódicas con los correspondientes hipervínculos y referencias cruzadas. 

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Pen drive y USB entran en la Academia

diccionario de la raeLa Real Academia Española ha aprobado en sus últimas sesiones la inclusión en el Diccionario Académico de pen drive y de las siglas USB, y tiene ya consensuadas con las Academias americanas las expresiones chiste verde y poner como una moto, y los adjetivos anticelulítico y monoparental. Las dos primeras novedades han de ser remitidas aún a las Academias hispanoamericanas de la Lengua, para ver si las aceptan o proponen cambios, pero en cualquier caso responden al deseo de estas instituciones de “acercar el Diccionario al mundo actual”, como afirma en una entrevista el secretario de la Academia, José Manuel Blecua. 

De cara a 2013, año en que está prevista una nueva edición del Diccionario, coincidiendo con el tricentenario de la RAE, se quiere “renovar las definiciones que se hayan quedado anticuadas” y, al mismo tiempo, “innovar, para procurar incluir las palabras que hoy se usan”, siempre que cumplan requisitos como los de figurar “en varias obras”. 

Desde que se publicó la XXII edición del DRAE en 2001, las veintidós Academias, cuya misión principal es velar por la unidad del español, han aprobado miles de enmiendas. Muchas de ellas están publicadas en la página electrónica del Diccionario (www.rae.es), que recibe “un promedio de 627 631 visitas diarias”, prueba palpable de “la gran utilidad” de esta obra esencial de referencia. 

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El hombre que lee diccionarios

Por Tom Geoghegan

Ammon Shea se pasó un año leyendo el diccionario de inglés Oxford —20 volúmenes, 21 370 páginas y 59 millones de palabras—, y considera que leer un diccionario es tan enriquecedor como leer una novela. ¿Por qué?

diccionariosPrepararse para hablar con un hombre que lee diccionarios para divertirse despierta un complejo de inseguridad por el propio vocabulario y temores de que cualquier palabra que él pronuncie sonará como una dolorosa condición médica.

Pero gracias al hecho de que Ammon Shea cree que las palabras largas no hacen más que obstaculizar las conversaciones, no hay necesidad de consultar ningún diccionario cuando explica su excéntrico hobby.

“No estoy en contra del uso de palabras largas, elaboradas o crípticas per se. Obviamente, las amo, pero me resisto a usarlas solo por usarlas”.

“Uno usa las palabras como herramientas para comunicarse con personas y por eso no tiene sentido emplear, intencionalmente, una palabra que nadie más conoce”, afirma Shea.

Shea, un ex empleado de una empresa de mudanzas de Nueva York, pasó 12 meses conquistando lo que él describe como el Everest de los diccionarios, el Oxford English Dictionary (OED), abriéndose camino entre los 20 volúmenes que pesan un total de 62,14 kilogramos.

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