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Esteban Bellán, el primogénito

Por Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Bellán-EstebanLa pelota del siglo XIX tuvo figuras que engrandecen su historia. La mayoría de ellos eran hijos de aristócratas o de la pequeña y mediana burguesía. Solo así podían sus padres darse el lujo de enviarlos a estudiar a renombrados colegios norteamericanos, a la metrópoli española, u otros países de avanzada como Inglaterra o Francia, nación esta última donde estudió el gran espadista cubano Ramón Fonst, nuestro primer y mayor conquistador de títulos en Juegos de las Olimpiadas.

Para la segunda mitad de aquella centuria, había crecido de manera formidable la influencia del poderoso vecino del norte en la economía, la cultura y la vida social cubana. Además, la cercanía ahorraba recursos en los estudios de sus muchachos, a las familias menos pudientes.

Más del setenta por ciento de los jóvenes que jugaron en los primeros desafíos cubanos, habían cursado estudios en aquellos lares. Fue el caso de los hermanos Ernesto y Nemesio Guilló. Este último, según declaraciones propias, introdujo los primeros implementos beisboleros en la Isla.

Uno de los tres mozalbetes (sic) traía en su baúl de colegial un bate y una pelota, objetos completamente desconocidos en Cuba, y bien poco conocidos aún en los Estados Unidos donde el ball town, que después había de llamarse base ball, estaba en sus rudimentos. El que traía los preciosos adminículos era Nemesio, el de menor edad de los dos hermanos Guilló. Al siguiente día de haber pasado por la machina el bate y la pelota, ya estaban los tres muchachos jugando en el Vedado frente a los baños de mar de don Ramón Miguel. Lo único que hacían era fonguear; tres pelotas cogidas de aire, o al primer bote eran tres outs y daban derecho a su vez para hacer uso del bate.

Algunos sobresalieron en los primeros torneos amateurs, que se convertirían en semiprofesionales alrededor de la campaña de 1886-1887 y definitivamente profesionales a inicios de los noventa. Por los campeonatos que se iniciaron el 29 de diciembre de 1878, desfilaron peloteros insignes como Antonio María García, conocido por el Inglés, un joven de la Acera del Louvre, Alfredo Arcaño, entre los mejores de siempre, cuya piel un tanto tostada le permitió pasar inadvertido por la férrea discriminación racial, padre de Antonio, el creador de la orquesta de danzones Arcaño y sus maravillas; el lanzador Adolfo Guzmán, patriotas como Emilio Sabourín y José María Pastoriza…

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