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Para ser leído antes de la medianoche

Por Mercedes Rodríguez García

relojHoy, cuando la luna asome apenas un cuarto de su rostro y el reloj junte instantáneamente sus manecillas en el número 12, habremos dado un salto que agrega —en este caso— 366 días más a nuestras vidas. A esa hora, en muchos hogares de Cuba y del mundo, familiares y amigos alzaremos copas para recibir el Año Nuevo. Besos, abrazos, promesas, peticiones…

Las costumbres imponen sus reglas y muy pocos las violan desde el año 336 antes de Cristo, cuando los romanos decoraban sus casas con luces y hojas de vegetales, y daban regalos a los niños y los pobres en un clima que hoy llamaríamos «navideño» , a pesar de que el año romano comenzaba en marzo.

No obstante, conviene adentrarnos en el sentido de los hechos más que en los hechos mismos. Razones sobran si decidimos echarnos un vistazo hacia adentro para que hoy, pasada la medianoche, empecemos a transformarnos en mejores seres humanos, independientemente de credos y filiaciones de cualquier índole. Y ello equivale —sin miedos ni titubeos— a mudar la falsa piel con que algunos cubren su camaleónico caparazón en uno y otro sentido.

Y puede que griten los más estruendosos ¡viva! atomizados en sidra, champaña barata o licores de exportación. ¿Cuánto del corazón les va en la euforia del último día de 2008? ¿Dejarán de existir por un acto increíble de concientización, por voluntad propia o porque les cortemos la retirada en el 2009?

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El 2008 llegando a su fin…

La alegría de vivir, obra de Picasso

En estos tiempos, cuando el año está por concluir, acostumbramos mirar hacia atrás y hacer un recuento de los hechos más significativos en nuestra vida durante este lapso.

Si el 2007 fue un año decisivo para mí en cuanto a salud —pues buena parte de él estuve sometida a un fuerte tratamiento contra el cáncer—, ya en el 2008 me he sentido recuperada, he trabajado ininterrumpidamente y comienzo cada día con ganas de luchar y vivir de la manera más intensa posible.

Puedo decir categóricamente que en este año que pronto llegará a su fin le he ganado la batalla al pesimismo y al desaliento, y en ello ha tenido un papel decisivo el apoyo y cariño recibido de familiares y amigos, no todos tan cerca como quisiera.

También mi trabajo como correctora en el periódico ha contribuido a mi realización profesional y mi satisfacción personal.

El 2008 marcó, además, el surgimiento de este blog, que constituye un reto cada día y me ha permitido la comunicación con personas de los lugares más diversos.

Otro hecho muy esperado llegó el 13 de julio, fecha en que mi madre arribó a sus 80 años, con una memoria prodigiosa y mucha energía positiva. Fue una ocasión propicia para que se reuniera prácticamente toda la familia a celebrar.

En agosto tuve la gran suerte de conocer personalmente a mis amigos Ana y César, y a su pequeño hijo, y en su compañía disfruté de un verano inolvidable. Ellos saben cuánto representan para mí, pues cada día me alientan para seguir adelante.

Y ya en el último mes del año, exactamente el día 3, Felipe, mi único hijo, cumplió 18 años y próximamente cumplirá su Servicio Militar. Sé que será una etapa decisiva para ambos y confío en que le haga madurar y comprender cuán importante es superarse en la vida.

Así va llegando a su fin este 2008. Y lo logrado hasta ahora es motivo para iniciar el 2009 con nuevos bríos y continuar el camino.

La alegría de vivir es el título de la obra de Picasso que aparece al inicio de este post. Y precisamente con alegría debemos andar en estos días que marcan el fin y el principio de un tiempo vivido y por vivir.

A todos los que lean estas líneas les deseo un feliz fin de año y que el próximo sea mucho mejor que el presente. ¡Felicidades!