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Maltrato a la vejez: ¿cosa de novelas?

La convivencia intergeneracional en la Cuba que envejece no puede estar marcada por maltratos físicos y psicológicos hacia las personas de la tercera edad…

Por Ana María Domínguez Cruz

Humillaciones, insultos, desvalorizaciones padecen muchos ancianos en sus hogares. (Ariel Fernández Santos / Cubahora)

Humillaciones, insultos, desvalorizaciones padecen muchos ancianos en sus hogares. (Ariel Fernández Santos / Cubahora)

—¡Tómate la leche y no te embarres la ropa!, le gritó ella.

El anciano se sentó a la mesa a desayunar mientras su hija caminaba hacia el cuarto donde él acostumbra a dormir.

Tender la cama no le resultó tarea fácil, pues descubrió que su padre se había orinado en ella, durante la noche, y no aguantó entonces los improperios y las muecas de molestia y obstinación.

—¡Te dije que no te ensuciaras la ropa! Anda, ¡ve, cámbiate la camisa y desaparece de mi vista!, le espetó al anciano al volver del cuarto con las sábanas en los brazos.

Y el primer capítulo de la telenovela cubana La otra esquina continúo transmitiéndose por Cubavisión, pero yo seguí atónita en el sofá, a la espera de otra escena desgarradora que llegó minutos después, cuando el almuerzo se demoraba y la opción de ver las teleclases de Marxismo no pudieron entretener al anciano y, aprovechando un descuido, se escapó a la calle.

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De la literatura, el periodismo y el béisbol… según Leonardo Padura

Por Elizabeth López Corzo

Leonardo Padura es el primer escritor cubano al que Casa de las Américas dedica su Semana de Autor, un evento en el que han participado algunos de los más destacados literatos latinoamericanos.

Renombrados intelectuales y estudiosos de la obra del homenajeado debaten junto al público la trascendencia del trabajo del autor invitado. Este año ha sido extraordinario, el auditorio ha colmado en cada sesión la sala Che Guevara. El hecho de que sea un cubano ha sido determinante, por supuesto, pero que se llame Leonardo Padura ha asegurado 100 % el éxito de los encuentros.

Él es actualmente el más popular de los novelistas cubanos. Su escritura diáfana, en constante comunicación con el lector, y su sinceridad para crear imágenes de nuestra realidad o tiempos pasados, lo han situado en la cúspide de la literatura contemporánea. Más allá de nuestras fronteras Padura ha ganado importantísimos premios internacionales, algunos eran inéditos para los autores cubanos.

Como él mismo ha declarado, una herramienta fundamental en su prosa ha sido la experiencia vivida en el periodismo desde hace más de 30 años, cuando aún era estudiante, hasta hoy. Y lo que lo mantiene activo en ese oficio es la voluntad de dejar algo que no sea meramente utilitario o noticioso, sino que permanezca, que no se agote en sí mismo y que muestre —sin tapujos— una imagen cercana a la realidad que vivimos.

“Al hacer periodismo hay que tener la sensibilidad para saber mirar lo que hay a nuestro alrededor y tener la capacidad para escribirlo. Lo demás no es periodismo, sino la aplicación de algunas técnicas que fácilmente pueden aprenderse en un manual de 10 0 12 páginas”.

Sobre el periodismo, sus novelas y otros temas que lo apasionan, Padura conversó con Cubasí.

En su obra hay una casi permanente relación con la Historia. Lo hemos visto en libros publicados y, por la lectura que nos ofreció de su próxima novela “Herejes”, esta sigue estando presente. ¿Es algún tipo de deuda? ¿Cómo elige a estos personajes históricos?

Para mí la Historia es siempre una manera de poder entender el presente. En las novelas la empleo como un recurso que me permite ver cómo lo permanente, lo que ya ha ocurrido, puede ser pertinente en una realidad contemporánea como la cubana.

“Herejes” es un libro en el que trabajo la novela de investigación histórica y la de carácter policial. A la vez “Herejes” es una anti-novela histórico policial.

¿Por qué?
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Presentan en Madrid la obra “perdida” del Nobel portugués José Saramago

Pilar del Río, viuda y traductora de José Saramago, ayer, durante la presentación de Claraboya, en la capital española. La también periodista muestra la máscara que el autor portugués vio cuando escribía ese libro y que 50 años despues adquirió en una subasta.

Por Armando G. Tejeda

Claraboya, segunda novela del escritor José Saramago (1922-2010), fue presentada en la Casa de América en sus versiones en español y catalán.

En el acto la periodista Pilar del Río, viuda y traductora del Nobel portugués, manifestó: “Más que una novela, es una puerta de entrada”.

La novela “perdida” de Saramago, publicada por Alfaguara, se inicia con una advertencia: “En todas las almas, como en todas las casas, además de fachada, hay un interior escondido”. El autor utilizó una figura que le sirvió de soporte para la narración, pues el protagonista, encaramado a tragaluz en el techo de un edificio –la claraboya– era testigo y narrador de las miserias, los devaneos sexuales, la dominación y la mezquindad de unos vecinos atrapados en un universo aún más asfixiante, el de la dictadura de Antonio Salazar en Portugal.

Se trata de un texto que tras un sinfín de vicisitudes se ha convertido en un “libro perdido y hallado en el tiempo”. Claraboya fue en realidad la primera obra narrativa que empezó a escribir un joven Saramago. Era un proyecto complejo, con muchos personajes conviviendo en un espacio cerrado, con mucha ironía y situaciones de enredo, así que la escritura se fue postergando. De hecho, mientras tenía inconclusa la novela empezó y acabó la que se convirtió en su primera obra, Tierra de pecado (1947).

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A propósito del 80 cumpleaños de Carlos Fuentes

Carlos Fuentes Macías, uno de los escritores mexicanos más conocidos de finales del siglo XX, autor de novelas y ensayos, nació el 11 de noviembre de 1928 en Panamá, donde su padre, el diplomático Rafael Fuentes Boettiger, estaba destinado.

Carlos Fuentes

Estudió Derecho en la UNAM, así como Economía en el Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra (Suiza).

En sus responsabilidades políticas, trabajó en la Secretaría de Relaciones Exteriores y fue embajador de su país en Francia durante cuatro años.

La obra de Carlos Fuentes presenta una constante en un análisis de la problemática social y política de su país, especialmente a consecuencia de la revolución mexicana.

En 1954 publica su primer libro de cuentos, Los días enmascarados. Al lado de Emmanuel Carballo, funda y edita la Revista Mexicana de Literatura en 1956, y en 1960 El Espectador con Víctor González Olea y Enrique González Pedrero.

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