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Las parrandas remedianas y su Museo

La historia y valores de esta manifestación de la cultura popular pueden ser apreciados en el Museo de las Parrandas.

Por Jesús Risquet Bueno

Una de las festividades tradicionales más conocidas de la Isla son las famosas parrandas de Remedios, que con el tiempo serían acogidas por otras localidades cercanas también.

parrandas de Remedios, Cuba

Su origen se remonta  a casi dos siglos, cuando el párroco Francisco Virgel de Quiñones, conocido popularmente como Padre Francisquito, quien oficiaba en la Iglesia de la Villa de San Juan de los Remedios, comenzó a sentirse preocupado por la creciente ausencia de los feligreses de su iglesia a las misas de aguinaldo, que eran celebradas durante  las madrugadas comprendidas desde el 16 hasta el 24 de diciembre.

Fue entonces cuando se le ocurrió organizar a un grupo de muchachos del pueblo para que salieran por las calles y formaran una gran algarabía con pitos, matracas, fotutos y latas para despertar a los vecinos, de manera que no les quedara otra alternativa u opción que la de levantarse definitivamente de sus camas para acudir al llamado de la iglesia.

Esta peculiar idea terminó siendo acogida con agrado por los pobladores, que comenzaron a disfrutarla. Así nacieron estas festividades, consideradas las más atrayentes del país. De manera que aproximadamente por el año 1820, las parrandas fueron aumentando su intensidad y propósito e involucraban a toda la población de la Villa, y ya en el año 1871 adoptaron la estructura que conocemos y se mantiene en nuestros días.

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¿Supersticioso yo?

El reciente comentario titulado “Truenos y centellas despiertan las supersticiones en Cuba” —publicado en este blog hace unos días—, de Charly Morales Valido, motivó a Héctor R. Castillo Toledo a escribir este trabajo.

 

La lectura reciente del comentario titulado “Truenos y centellas despiertan las supersticiones en Cuba”, de un colega de la agencia Prensa Latina, resultó más que un aliciente, un pinchazo para lanzarme a escribir este trabajo.

superstición

Y es que Charly Morales, que así se nombra el autor, me ha serruchado el piso debajo de mis pies: foto de 40 por 40 y publicada en la prensa, como diría la canción de Van Van, «para que la gente del barrio sepa a quién se enfrenta».

Razones para un estremecimiento tal de mis musas, varias. Tengo experiencias propias que voy a contarles sin sonrojo, y también anécdotas de familiares y amigos a quienes he visto «retratados» de cuerpo entero en el comentario de marras.

Para ser consecuente voy a sacrificarme y dar el ejemplo primero. Así que, ¡cataplum!, de cabeza a la piscina…

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Truenos y centellas despiertan las supersticiones en Cuba

Las súbitas tormentas eléctricas que estremecen las tardes estivales resucitan ciertas costumbres populares.

Las súbitas tormentas eléctricas que estremecen las tardes estivales en Cuba resucitan ciertas costumbres populares, como tapar los espejos y acordarse de Santa Bárbara.

rayosTales supersticiones perduran pese al elevado nivel educacional del pueblo cubano, que las heredó de sus ancestros y las mantiene como una suerte de pintoresco rezago cultural.

La filosofía del «por si acaso» alimenta dichos credos, por eso cuando truena y relampaguea, los cubanos cubren los espejos, hacen cruces de ceniza y ni locos tocan un perro, pues piensan que su pelaje atrae los rayos.

Para colmo, incluso los ateos piensan entonces en Santa Bárbara o Shangó, su par afrocubano, pues a tales deidades se les atribuye el poder de controlar y repartir centellazos a diestra y siniestra.

La probada instrucción de los cubanos hace que este fenómeno sea paradójico en este país, teniendo en cuenta que las supersticiones son, según el diccionario Larousse, creencias sin fundamento racional.

Sin embargo, diversos investigadores las consideran parte medular del proceso de formación y consolidación de la nacionalidad cubana, como demuestran los estudios del folclorista Samuel Feijoo.


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Sobre el origen de algunas frases

«…como el Gallo de Morón»

Entre los cubanos es popular la frase: «Se quedó como el Gallo de Morón, sin plumas y cacareando». Muchos piensan que se trata de un famoso gallo originario de Morón, provincia de Camagüey, Cuba. Pues bien, la historia es que el Gallo de Morón ni era un gallo, ni era de Morón, ni tuvo que ver con Cuba.

gallo de MorónSe trata de una leyenda del siglo XVI, cuando el recaudador de impuestos de Granada se presentó en Morón de la Frontera (Sevilla) a ejercer su oficio. Como el sujeto tenía aspecto de matón y forma de actuar muy grosera, se le bautizó como el Gallo de Morón.

Los moronenses se hartaron de sus desplantes y un buen día le atizaron una tunda de palos tan contundente, que este tuvo que marcharse de Morón sin atreverse a volver por más impuestos. De ese episodio surgió una copla popular que decía: Anda que te vas quedando/ como el Gallo de Morón/ sin plumas y cacareando/ en la mejor ocasión.

«la hora de los mameyes»

En el léxico cubano hay una frase que muchos usamos sin conocer su significado: la hora de los mameyes. Esta frase, según cuentan, se originó durante la toma de La Habana por los ingleses.

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La fiesta del Guatao

“Terminó como la fiesta del Guatao”. Y muy mal debió de haber terminado la tal fiesta del Guatao, cuando este refrán se ha mantenido en el argot popular cubano de generación en generación durante más de un siglo.

GuataoSiempre que alguna reunión festiva, guateque o de otro tipo, termina muy mal o de la manera menos favorable, hay alguien que enseguida exclama: eso “terminó como la fiesta del Guatao”.

Y muy mal debió de haber terminado la tal fiesta del Guatao, cuando este refrán se ha mantenido en el argot popular cubano de generación en generación durante más de un siglo.

El Guatao es un pequeño poblado de la provincia de La Habana, fundado en 1750, situado no lejos de la orilla oeste del arroyo de Bauta que desagua en la costa norte; donde la agricultura era la actividad principal y se celebraban, como en todos, fiestas tradicionales de arraigo popular.

Cuentan algunos que en 1896 una sección de 200 soldados, guardias civiles y voluntarios españoles, al mando de un sargento y siendo jefe de estas fuerzas el capitán Calvo, llevó a término una terrible e incalificable matanza, un día de fiesta, entre los moradores del pueblo, famoso por la cantidad de insurrectos, la cual tuvo un saldo de 18 muertos y 32 heridos graves, quienes más tarde fallecieron. De ahí el dicho popular: “Terminó como la fiesta del Guatao”. Se dice que ese acto criminal fue el aporte del viejo Guatao a la causa de la nueva nacionalidad que estaba en gestación.

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