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Yo voy a pedir pa’ ti lo mismo que tú pa’ mí

Por Vladia Rubio

Cuba es simplemente un país históricamente religioso. En la integralidad de su tradición cultural late, junto a otros componentes, una espiritualidad religiosa.

: Las creencias suelen ayudar a llenar vacíos espirituales; quienes las profesan, suponen tener mayor control de lo que acontece a su alrededor.

: Las creencias suelen ayudar a llenar vacíos espirituales; quienes las profesan, suponen tener mayor control de lo que acontece a su alrededor.

Cuando faltan segundos para las 12:00, se inclina junto a la ceiba, Iroko, y musitando palabras solo audibles para el árbol sagrado, deposita su ofrenda. Instantes después, Yéssica es solo una breve figura, cuyo manto y saya blanquísimos insinúan apenas una claridad, que cada vez se hace más tenue mientras se aleja en la medianoche de Rancho Boyeros.

Décadas atrás, esta mujer hubiera acudido junto a la ceiba con sigilos u ocultamientos. Pero hoy no es difícil observar escenas como esta y tampoco comprobar cómo han proliferado las cubanas y cubanos de todas las edades que motean las calles de cualquier territorio de esta Isla con sus vestimentas blancas de Iyawwó, es decir, de quienes se inician en la religión yoruba.
Tampoco es inusual escuchar en espacios televisivos o radiales a muy diversos líderes de opinión, sobre todo del mundo artístico, agradeciendo a deidades del panteón yoruba como incidental de su intervención, quizás referida a comentar su próxima presentación.

Expresiones como «estoy iré» o «aché pa’ ti» se han incorporado al habla popular, sobre todo a partir de la cancionística, en tanto atributos como el iddé o mano de Orula pueden verse en las más disímiles muñecas, lo mismo asomando bajo la manga de un elegante traje o guayabera, que junto a los pulsos tintineantes de un brazo desnudo y a veces también tatuado.

Cada comienzo de enero, la Letra del Año se difunde, sobre todo por canales alternativos, con tanta o más eficacia que disposiciones y regulaciones con el sello oficial de la República.

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Tradiciones vivas en la villa de Guanabacoa

Por Maya Quiroga Paneque

Escultura de Ignacio Villa, conocido mundialmente como Bola de Nieve, en el Museo de los Artistas. (Foto: Radio Cadena Habana)

Escultura de Ignacio Villa, conocido mundialmente como Bola de Nieve, en el Museo de los Artistas. (Foto: Radio Cadena Habana)


Para nadie es un secreto que en el imaginario popular cubano cuando mencionamos al habanero municipio de Guanabacoa enseguida viene a la mente la figura del santero.

Guanabacoa es uno de los reservorios de las prácticas de santería propias de la cultura yoruba, los cultos bantú y de la sociedad secreta Abakuá, que se funden en una rica amalgama donde conviven el mito, la verdad, el conjuro y la danza.

Una de las personas más conocidas por cubanos y extranjeros en esa barriada habanera es Enriquito Hernández Armenteros, nonagenario sacerdote de las religiones afrocubanas, conocido como Enriquito el de la Hata, quien fuera inmortalizado por el realizador Roberto Chile en el documental Tata Nganga.

Pero Guanabacoa es importante no solo por la santería sino por el apego al terruño de sus pobladores y la preservación de sus raíces culturales.

Además del Museo Municipal de Guanabacoa —próximo a cumplir cinco décadas, un sitio muy visitado por extranjeros de todo el orbe gracias a la conservación de un rico caudal de tradiciones afrocubanas—, la otrora villa cuenta ya con la Casa de los Artistas de Guanabacoa.

Ahora, en ocasión de un nuevo cumpleaños de Rita Montaner, cantante cubana bautizada como La Única, en el parque de la calle República, frente al Conservatorio Guillermo Tomás, quedaron develadas tres tarjas que Servirán de preámbulo a la inauguración del Parque de los Artistas, un viejo sueño del etnólogo Barnet.

Las tarjas rinden tributo a tres personalidades excepcionales de Guanabacoa. Se trata de Ernesto Lecuona, el compositor cubano más difundido universalmente; Rita Montaner, la intérprete del pregón Mama Inés y, por supuesto que no podía faltar, el Bola de Nieve.

Cuentan que el espíritu de esos ancestros influye en el aura de quienes estudian en el Conservatorio Guillermo Tomás, donde se han formado varias generaciones de excelentes músicos cubanos.

En diciembre de 2011, Barnet presidió además la inauguración en la Casa Quinta Anita, del Museo de los Artistas de Guanabacoa, donde se exhibe a tamaño natural una escultura de Ignacio Villa, conocido mundialmente como Bola de Nieve.

El municipio guanabacoense fue fundado como pueblo de indios el 12 de junio de 1554. Sin embargo, a partir del 14 de agosto de 1743 comenzó a conocerse como la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de Guanabacoa.

La otrora villa fue sede del gobierno colonial durante seis meses, a raíz del ataque del corsario francés Jacques de Sores. En ella se conserva con orgullo el Liceo Artístico Literario, donde José Martí, el Héroe Nacional cubano, pronunciara su primer discurso público en Cuba.

En la comunidad de Peñalver se mantienen vivas las tradiciones campesinas que iniciaran el poeta Jesús Orta Ruiz (el Indio Naborí), otros decimistas como Justo Lamas, Evelio Orta y Frank Upierre, este último creador del himno del territorio.

La tutelar, otra tradición del municipio que data de 1749, volvió a ser retomada en este mes de agosto. En tiempos pretéritos era considerada como la más representativa e importante fiesta patronal de Guanabacoa.

Por iniciativa del director artístico, Cecilio Alí Alfonso Cárdenas, regresaron a los predios del Liceo Artístico, devenido en Casa de Cultura, esos bailables que trajeron de vuelta el festival de la guayabera (prenda de vestir nacional), en torno a la cual se disertó.

También la camisa de color blanco, adornada con manualidades, estuvo presente en una exposición, y un desfile de modas.

A través de una investigación con los pobladores más viejos de la localidad, se pudo conocer que hace muchos años, alrededor del 15 de agosto, todos los habitantes del territorio desfilaban en procesión, vestidos de blanco, cargando en andas a la Virgen de la Asunción hasta depositarla en el altar de la iglesia consagrada a la misma.

Las fiestas en Guanabacoa quedaban divididas entonces según la clase social o el color de la piel. En el Centro Cultural El Progreso, hoy taller del afamado artista de la plástica Arturo Montoto, bailaban los negros vestidos con tejidos de guingas (cuadritos pequeños); en el Liceo, los blancos, y en la Asociación canaria, por supuesto que los descendientes de esa región española.

Hoy, en Guanabacoa, todo el mundo baila al ritmo del tambor y nadie duda en consultarse con un babalawo (sacerdotes de Orunmila u Orula) cuando tiene un problema grave que no lo puede resolver ni el médico chino.

Así somos los cubanos: creemos en todo y no creemos en nada, como dice el estribillo de una canción de Tony Ávila.

“El terruño es donde se encuentra el corazón de uno”. Afirmó el filósofo y psicólogo argentino José Ingenieros(Buenos Aires, 1877-1925). La frase parece resumir el sentido de identidad de quienes habitan en el municipio habanero de Guanabacoa.

(Fuente: CubAhora)

Enriquito, el santero de La Hata

Con motivo del fallecimiento, el miércoles 22 de marzo de 2017, del célebre sacerdote de las religiones afrocubanas Enrique Hernández Armenteros, más conocido como “Enriquito” o “Tata Nganga”, reproducimos este trabajo publicado hace unos años. Tenía 99 años y residía en el barrio La Hata, del municipio habanero de Guanabacoa. El “babalawo” (sacerdote) “Enriquito” era practicante de cuatro cultos de origen africano, principalmente el palo monte (palero), procedente del Congo.

Por M. Enriqueta

Enrique Hernández Armenteros está seguro del poder de los orishas y cree a pie juntillas en ese poder. Como él y sus seguidores hay muchos cubanos, lo cual ha hecho posible el arraigo y, por consiguiente, la conservación del legado africano en nuestra identidad. Con motivo de celebrarse cada 17 de diciembre el día de San Lázaro, reproducimos este trabajo.

Partiendo del hecho de que el diablo es la antítesis de dios, resultaría paradójico sentir devoción por ambos a la vez. En el barrio de La Hata ―de la legendaria Guanabacoa―, existe, sin embargo, un santero que afirma ser devoto de dios y del diablo. Y en tal sentido explica resuelto su filosofía: “Así es, aunque la gente me tilde de loco, yo creo en Dios y en el Diablo. En los dos, porque el Diablo es hijo de Dios, o sea, también fue creado por el Todopoderoso. Por otro lado, si no hubiera sido creado el Diablo, la vida no tendría sensaciones, no tendría sentido. Tiene que existir el genio del bien y del mal para que exista compensación en la Tierra”.

entrada al templo

Enriquito, como le llaman sus vecinos, todo el pueblo de Guanabacoa y más allá de las fronteras del territorio nacional, se encomendó a los orishas cuando todavía era un niño, “mi abuela por parte de madre era conga, es decir, que tengo sangre africana directa y de ello me siento muy orgulloso. Conocí a mi abuela y fue ella quien me acercó a los dioses africanos”. Por ello, “soy practicante de la religión bantú procedente del Congo, más conocida como Palo Monte (los paleros). Mi segundo paso fue el Abakuá. Mi tercer paso la Ocha ―en la cual me consagraron con el orisha Elegguá― y mi cuarto paso fue Ifá. Es decir, que practico cuatro etnias africanas”.

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