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Los muchos nombres del poncho

poncho calamacoUna prenda muy práctica ideada por los antiguos habitantes de Latinoamérica y parte del Caribe, y cuyo uso sigue sin trazas de desaparecer precisamente por lo cómodo, abrigador y elegante, es el poncho.

Básicamente es una pieza rectangular hecha con lana de oveja, llama, alpaca o vicuña, con una abertura en el centro, por donde se introduce la cabeza.

Hay diversidad de diseños y colores, que varían con la región y los gustos personales, por lo que pueden ser lisos, con franjas, trabajados, más o menos largos, pero todos, eso sí (exceptuando los industriales) deben ser tejidos a telar para no romper su autenticidad.


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«A medida que» y «en la medida en que»

La Fundación del Español Urgente llama la atención sobre la confusión habitual en los informativos de radio y televisión entre las expresiones a medida que y en la medida en que.

La expresión a medida que significa ‘al paso que’, ‘según’, ‘al mismo tiempo que’, ‘a la vez que’, y expresa una progresión paralela de dos acciones: «A medida que pase el tiempo irá remitiendo la crisis financiera».

La expresión en la medida en que significa ‘en el grado en que’, ‘en la intensidad en que’, y tiene un sentido condicional que nos muestra una relación de dependencia o condicionamiento entre dos oraciones: «El Gobierno ayudará a las empresas de transporte en la medida en que se cotice el barril de petróleo»; «Las ayudas serán eficaces en la medida en que las cuantías sean las adecuadas».

No son correctos los siguientes usos de en la medida en que: «Cualquier información que tenga relación con los hechos se conocerá en la medida en que avance la labor investigativa»; «Solo un tres por ciento del electorado británico pertenece a uno u otro partido político. Este volumen se reduce lógicamente en la medida en que se asciende hasta la cúpula del poder». En esos ejemplos debió emplearse la expresión a medida que.

Ante esa situación, la Fundéu BBVA recomienda que se preste atención a la utilización correcta de esas dos expresiones. (Tomado de http://www.fundeu.es)

De nuevo el gerundio

Por Celima Bernal

Salíamos de una clase de Español, allá por los años del bachillerato, Berta, una querida amiga de entonces, de siempre, me dijo: «¿Puedes creer que al oír la palabra gerundio, se me acalambra la cara?» Se refería a la dificultad que encerraba para nosotros el entender cuándo sí, y cuándo no, debíamos usarlo. En aquella oportunidad me reí muchísimo; pensé que no era para tanto, pero he de confesarte que ahora se me acalambra, no la cara, sino el cuerpo entero, cada vez que leo, o escucho, el empleo absolutamente disparatado de esa forma impersonal del verbo, que ocupa páginas y páginas de los libros de gramática.

Hay quien decide prescindir de él; pero no resulta aconsejable tal determinación; es elegante, y lo necesitamos en muchas ocasiones.

Bueno, bueno, un momento, casi pongo la carreta delante de los bueyes. Ante todo, ¿qué es el gerundio? Pues, vamos a un diccionario —no tiene que ser gramatical, uno cualquiera—: «Forma verbal invariable del modo infinitivo, cuya terminación regular es -ando, en los verbos de la primera conjugación, -iendo, en los de la segunda y tercera: amando, temiendo, partiendo. Comunica a la acción verbal carácter durativo; puede referirse a cualquier tiempo, así como a cualquier género y número, según el sentido de la frase de que forme parte: Estuve (estoy, estaré) leyendo».

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